Una ruta de pan dulce y churros por el Centro Histórico
Entre templos, plazas y panaderías centenarias, Guadalajara susurra su historia a través del dulce sabor de su tradición
El aroma del pan recién horneado, el azúcar de los churros y una taza de chocolate caliente son buenos motivos para caminar por las calles antiguas de Guadalajara. Entre templos, plazas y panaderías que han sobrevivido durante generaciones, el Centro Histórico conserva algunos de los antojos más queridos por los tapatíos.
El paseo puede comenzar en la Panificadora La Luz, sobre Herrera y Cairo 480. Fundada en 1917, es una de las panaderías más antiguas de la ciudad. Sus vitrinas reúnen empanadas, polvorones, muéganos y chorreadas de piloncillo, elaborados con recetas tradicionales.
Desde ahí, una caminata hacia el sur conduce a Cialet Panadería, en Pedro Moreno 629, reconocida por sus conchas, picones, roles y empanadas. Unas cuadras más adelante, sobre Madero 451, aparece Danés, otra parada para comprar pan dulce y acompañarlo con café.
Al caer la tarde, el recorrido continúa hacia el Templo Expiatorio, cuya plaza reúne puestos de antojitos. Entre las opciones habituales aparecen churros recién fritos, cubiertos de azúcar y canela, ideales para acompañar con atole, café o chocolate caliente. El crujido del primer bocado se mezcla con las conversaciones de quienes descansan frente a la fachada neogótica.
Para cerrar, vale la pena caminar hasta Churros La Bombilla, establecimiento fundado en 1952 que recientemente dejó su histórica ubicación frente al Parque Rojo para trasladarse a López Cotilla 1244. Sus churros calientes y sus distintas preparaciones de chocolate conservan una tradición compartida por varias generaciones de tapatíos.
Entre bolsas de papel, tazas humeantes y pan recién salido del horno, Guadalajara también cuenta su historia a través de sus panaderías.
CT