¿Cómo sería una ciudad pensada por mujeres? Esta exposición en el MUSA reúne sus respuestas
El Museo de las Artes Universidad de Guadalajara presenta una exposición donde mujeres imaginan una ciudad desde sus propias necesidades y experiencias
¿Qué pedirían las mujeres si pudieran construir una ciudad a partir de sus propias necesidades? Una niña de cuatro años podría comenzar por algo tan concreto como tener uniformes escolares cómodos. Una joven pediría transporte público donde pueda viajar sin ser acosada. Una mujer mayor pensaría en áreas verdes. Otras levantarían hospitales, escuelas, viviendas, espacios iluminados o sitios donde recibir atención para su salud física y mental.
Durante casi tres semanas, esas ideas tomaron forma con cartón, pintura y otros materiales dentro del Museo de las Artes Universidad de Guadalajara (MUSA) de la Universidad de Guadalajara (UdeG).
El resultado es “La ciudad de las damas”, exposición de la artista visual Alejandra Ruiz Rincón construida con la participación de las visitantes del recinto y acompañada por una pieza sonora que conserva sus voces. La muestra fue desarrollada dentro del Programa Artista en residencia, realizado del 11 al 30 de agosto, y permanecerá abierta al público hasta el próximo 4 de octubre en la Sala 6 del museo.
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Ruiz partió de una pregunta sobre la ciudad que las mujeres habitan diariamente, pero decidió que las respuestas no podían proceder únicamente de ella. Durante su residencia abrió el proceso creativo a las visitantes del MUSA, quienes construyeron estructuras de cartón para formar colectivamente una urbe imaginada desde sus experiencias, deseos y carencias.
El proyecto está inspirado en un libro de Christine de Pizan terminado en 1405 y recupera la posibilidad de pensar un espacio concebido desde las mujeres que lo habitan.
“Los artistas normalmente trabajamos solos en nuestros estudios y la oportunidad de poder trabajar con las visitantes del museo, muchas de las cuales normalmente no tienen este acercamiento con el arte, con la creación del arte, hace que veas el proceso de producción de otra manera”, explica Ruiz en entrevista con EL INFORMADOR.
El contacto directo con las participantes modificó también su relación con quienes habitualmente ocupan el lugar de espectadores. “Emocionalmente uno conecta más con la gente que normalmente es espectadora en el museo. Creo que ayuda mucho a expandir la práctica artística; por lo menos en mi caso así fue. Estar en contacto con todas estas ideas de estas mujeres sobre qué es lo que debería cambiar en la ciudad también genera esta empatía: salir un poco del yo y convertirlo en un nosotros”.
Del espectador a la construcción
La decisión de trabajar colectivamente tiene antecedentes en la trayectoria de Ruiz. Años atrás participó con Colectiva Hilos, donde encontró una forma de producción artística que incorporaba a personas que transitaban por los lugares en los que se instalaba el proyecto, entre ellas familiares de víctimas de desaparición forzada.
Esa experiencia encontró una nueva posibilidad en su residencia en el MUSA. La pregunta dejó entonces de ser únicamente qué ciudad podía imaginar la artista y pasó a concentrarse en qué construirían sus propias habitantes si pudieran decidir qué espacios necesitan.
“Me di cuenta de cómo activar el arte a partir de gente que es ajena a este mundo nutre mucho los proyectos y les da una fuerza diferente. Desde ese tiempo quería hacer algo colaborativo”, recuerda. “Pensé en cómo se podría construir esta ciudad a partir de los deseos de sus mismas habitantes. Por eso conecté estas dos partes: el arte y la colaboración”.
Las participantes fueron levantando pequeñas construcciones hasta formar una ciudad de cartón en la que aparecen casas, parques, escuelas, hospitales y centros de investigación. Entre las preocupaciones que se repitieron estuvieron la seguridad en el transporte público, la iluminación de los espacios urbanos y el acceso a servicios relacionados con la salud física y mental.
Para Ruiz, una de las experiencias más significativas estuvo en observar cómo las necesidades cambiaban dependiendo de la edad de cada participante. En el mismo espacio trabajaron niñas de cuatro años, jóvenes, mujeres adultas, abuelas y nietas. “Fue muy conmovedor. Sobre todo, hubo muchas cosas que no esperaba en la dinámica de cómo se junta la gente para hacer las piezas y en el ambiente que se crea. Había desde niñas muy pequeñas, de cuatro años, hasta señoras mayores con sus nietas”.
Las peticiones podían parecer sencillas cuando se observaban individualmente, pero reunidas comenzaron a mostrar coincidencias entre generaciones. “Ver cuál es la necesidad de cada una: las niñas pidiendo uniformes escolares cómodos; las señoras mayores, áreas verdes; muchachas pidiendo transporte público digno, libre de acoso. Te conmueve mucho”.
Aquellas respuestas llevaron a la artista a reconocer hasta qué punto la inseguridad atravesaba la ciudad imaginada por las participantes. “Ver que de verdad necesitan un cambio en la sociedad, que estas necesidades son urgentes, latentes y que es necesario visibilizarlas”.
Vivienda, instituciones y espacios para vivir
Para organizar esa acumulación de deseos, Ruiz dividió conceptualmente la ciudad en tres grandes áreas: vivienda, instituciones y espacios recreativos. La clasificación permitió encontrar preocupaciones comunes detrás de construcciones aparentemente distintas. “Veo estos tres ejes como los principales para las necesidades de las mujeres: la necesidad de vivienda digna, la necesidad de instituciones que respondan a sus problemáticas y la necesidad de espacios de recreación que también estén, sobre todo, libres de acoso”.
La ciudad resultante conserva una dimensión lúdica por los materiales con los que fue construida, pero las demandas que contiene proceden de experiencias concretas. Para la artista, muchas terminaban conduciendo hacia el mismo problema. “Tristemente, todo esto tenía mucho que ver con seguridad social y con una falta de respuesta de las autoridades ante la inseguridad que se vive en la ciudad”.
La construcción física ocupa solamente una parte de “La ciudad de las damas”. Ruiz quiso impedir que las estructuras terminaran separándose de las personas que las habían imaginado y, por ello, decidió registrar las voces de las participantes. La exposición incorpora una pieza sonora formada por frases breves en las que las mujeres explican aquello que quisieran encontrar en las ciudades: escuchar las voces permite devolver cada construcción a una experiencia individual.
“Quería que el espectador tuviera en mente que las piezas no son solamente piezas abstractas, que hay personas detrás de cada una y que hay una historia que generó esta necesidad que se convirtió en algo material”, señala. “Necesitaba generar esa conexión: que se entendiera que es una persona real la que está ahí presentando una pieza. Por eso se me ocurrió grabar audios con frases cortas acerca de qué es lo que las mujeres quisieran que hubiera en las ciudades”.
Una ciudad dentro del museo
Para Alejandra Ruiz, llevar el resultado al MUSA significa colocar esas peticiones frente a personas que no participaron directamente en la residencia. La artista espera que el encuentro con las piezas permita reconocer situaciones que forman parte de la vida cotidiana de muchas mujeres cuando utilizan el transporte público, caminan por una calle o buscan un espacio donde permanecer sin miedo.
“Siempre existe esta necesidad de darle visibilidad a todas estas problemáticas que vivimos día con día las mujeres cuando salimos de casa. Que se pueda presentar en un museo, que la gente lo pueda ver, pueda llegar a empatizar y quizá esto genere la semilla de un cambio social, me emociona mucho y me llena de esperanza, más allá de mi quehacer artístico. Como persona, como mujer que tiene que transitar la ciudad todos los días”.
La llegada al MUSA posee además un significado personal para Ruiz. La artista es licenciada en Artes Visuales para la Expresión Plástica por la Universidad de Guadalajara y su obra ha pasado por espacios como el Museo Cabañas, el Museo de Arte Carrillo Gil, el Museo de Arte de Sonora y el Museo de Arte de Zapopan, además de certámenes como la Bienal Nacional de Paisaje, la Bienal de Pintura “José Atanasio Monroy” y la Bienal UNAM.
“Me siento nerviosa porque para mí el museo es una institución muy importante. Siempre sentí la responsabilidad de responderle al museo y a todas las personas que trabajan en él”, reconoce. A esa sensación se suma la relación con la institución donde se formó: “También estoy orgullosa de poder llevar mi trabajo a este lugar. La Universidad de Guadalajara es mi alma mater y es un logro muy grande en mi carrera”.
“La ciudad de las damas” abre al público este 4 de septiembre y podrá visitarse hasta el 4 de octubre en la Sala 6, ubicada en la planta alta del MUSA. La ciudad que ocupa ese espacio nació de cajas de cartón y de las manos de mujeres de distintas edades, pero también de una serie de peticiones que remiten directamente a Guadalajara: poder trasladarse sin acoso, encontrar instituciones que respondan, contar con vivienda digna y disponer de lugares públicos donde permanecer con seguridad.
¿En dónde se encuentra el MUSA?
El Museo de las Artes Universidad de Guadalajara se ubica en la avenida Juárez 975, colonia Americana, CP 44100, en Guadalajara, Jalisco.
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