Cultura

“Somos parte de algo más grande”: Damien Jalet

A ocho años de su creación en México, “Omphalos” regresa a Guadalajara para confrontar al ser humano con aquello que lo supera: el tiempo, la gravedad, los astros y las fuerzas de la naturaleza

Ocho años han pasado desde que Damien Jalet creó “Omphalos”, pero el mundo al que regresa la pieza ya no es el mismo. Tampoco lo son los cuerpos que la interpretan ni el coreógrafo que la concibió. Para Jalet, esa distancia no exige actualizar la obra: permite comprobar qué permanece cuando una creación comienza a atravesar el tiempo. 

“Omphalos” regresa esta semana a Guadalajara para presentarse en el Conjunto Santander de Artes Escénicas. Creada originalmente en México en 2018, la pieza coloca al cuerpo humano frente a escalas que lo exceden: el movimiento de los astros, la gravedad, los ciclos del tiempo y las fuerzas que organizan un universo dentro del cual nuestra existencia ocupa apenas una fracción.

En entrevista con EL INFORMADOR, el afamado coreógrafo belga reconoce que esa inquietud adquiere otra dimensión ocho años después, en un mundo donde hay más tecnología, pero más desconexión humana con lo esencial, con el mito, con el origen. Jalet se detiene incluso en el número: el ocho recuerda la forma del analema, la figura que traza la posición del Sol en el cielo a lo largo de un año. Nuestra vida cotidiana, señala, puede hacernos olvidar que pertenecemos a ese movimiento. Hasta que un acontecimiento lo vuelve visible.

“Es fascinante cuando hay un eclipse solar y todo el mundo se detiene y comprende que somos parte de un sistema”, explica. “Me encanta hacer eso. Me gusta recordarnos que somos parte de algo más grande que nosotros”, asegura.

Esa necesidad atraviesa “Omphalos”. El nombre proviene de la palabra griega para “ombligo” y remite también al omphalos, el centro del mundo dentro de la tradición griega. Sobre el escenario, los bailarines se enfrentan a movimientos circulares, aceleraciones y fuerzas que alteran constantemente su relación con el espacio.

Pero la pequeñez del cuerpo frente al universo no significa, para Jalet, que los seres humanos carezcan de poder. Al contrario: una de las paradojas que más le interesan actualmente es que la humanidad haya adquirido suficiente capacidad para modificar las condiciones del planeta y que, al mismo tiempo, sea vulnerable ante las consecuencias de esas transformaciones.

“Creo que la humanidad está en un lugar muy vulnerable actualmente”, señala Jalet. “Hemos conseguido cambiar la atmósfera del mundo. Es una locura. El ser humano posee una enorme capacidad para intervenir su entorno, pero continúa dependiendo de condiciones que están fuera de su control. Somos ambas cosas, porque también somos muy vulnerables a esos cambios. Creo que los humanos tenemos una tendencia a la arrogancia, quizá, o a dar las cosas por sentado”, dice.

Su respuesta frente a esa arrogancia aparece en la escala de sus coreografías. Jalet suele colocar al cuerpo dentro de sistemas físicos que lo obligan a negociar con aquello que no puede dominar. En “Omphalos”, la gravedad deja de ser una condición invisible para transformarse en parte de la dramaturgia. La idea también alcanza la construcción formal de la pieza: Jalet recurre a las matemáticas para organizar el movimiento y establecer relaciones entre cuerpos, espacio y duración.

“Me gusta volver a colocar a la humanidad dentro de algo que es más grande que ella misma”, explica. “He estado fascinado por las matemáticas. Básicamente utilizo las matemáticas para organizar el espacio y el tiempo”, señala. “El resultado, sin embargo, escapa a la frialdad que podría sugerir una estructura matemática. Los patrones repetidos, las órbitas y los movimientos colectivos adquieren sobre el escenario una cualidad cercana al ritual”.

Ocho años después

El regreso de “Omphalos” plantea además una pregunta particular para una disciplina cuyo material son cuerpos vivos: ¿qué sucede con una coreografía cuando pasan los años? La mayor parte del elenco original continúa en la pieza, explica Jalet, aunque uno de los bailarines ya no forma parte del montaje. Quienes permanecen tampoco son exactamente aquellos que estrenaron la obra. Jalet reconoce incluso que, si comenzara hoy desde cero, “Omphalos” sería diferente.

“Ellos cambiaron. Tenemos a la mayor parte del elenco original, aunque perdimos a un bailarín en el camino. El mundo ha cambiado, nosotros hemos cambiado. La obra está viva. Realmente, hoy no haría la misma pieza”.

Precisamente por eso ha decidido no intervenirla para adaptarla a la persona en la que se ha convertido. Existe, considera, una lógica creativa correspondiente al momento específico en que una obra fue concebida, y regresar a ella implica también aceptar la distancia respecto de quien la creó. 

“Quiero ser respetuoso con el hecho de que la creé en aquel momento, que ese era el lugar donde yo estaba y donde estaba el mundo. Es interesante seguir interpretando obras después de ocho años”, afirma. “El paso del tiempo adquiere así otra función. Ya no es únicamente uno de los temas que “Omphalos” intenta representar mediante cuerpos, círculos y repeticiones; también comienza a actuar sobre la propia coreografía”, agrega.

La obra explora mitos antiguos de Europa y de las culturas originarias de México vinculados con la creación del cosmos y el tiempo. CORTESÍA

Recuperar la experiencia compartida

Hay otra transformación ocurrida durante esos ocho años que preocupa al coreógrafo belga: nuestra relación con la tecnología y con la atención. Damien Jalet evita reducir ese cambio a una condena. 

El desarrollo tecnológico, reconoce, ha proporcionado herramientas extraordinarias, descubrimientos y nuevas posibilidades para comprender y comunicarnos con otras personas. Pero esa expansión también ha producido formas de distracción y desconexión.

En ese contexto, Jalet encuentra un valor particular en aquello que todavía sucede cuando varias personas ocupan un teatro al mismo tiempo.

“La función en vivo puede ser uno de los pocos espacios que quedan para compartir una experiencia sin desplazarse constantemente hacia otra pantalla”, explica. “Durante una pieza escénica, el espectador acepta entregar una fracción de su tiempo a algo que no puede adelantar, detener ni recorrer a la velocidad habitual de internet. Allí existe todavía la posibilidad de “estirar el tiempo”.

La imagen vuelve al punto de partida de “Omphalos”. Frente a la velocidad tecnológica permanece un cuerpo inevitablemente sometido al tiempo; frente a la sensación humana de control permanece un planeta cuyas condiciones pueden alterarse; y frente al individuo permanece un sistema de dimensiones difíciles de comprender. 

Quizá por ello Jalet continúa interesado, ocho años después, en colocar al ser humano dentro de círculos que lo superan.

El cuerpo frente al universo

“Omphalos”, de Damien Jalet, se presenta en la Sala Plácido Domingo del Conjunto Santander de Artes Escénicas los días 10 de septiembre a las 19:30 horas, el 11 de septiembre a las 20:30 horas y el 12 de septiembre a las 19:30 horas.

CT

Temas

Sigue navegando