Antiguo convento vuelve a ser un espacio de culto para honrar a Richard Moszka en México
El montaje expone la obsesión del autor por la serigrafía, los marcos de mallas que nunca recicló y los esquemas de autodestrucción visual
Entre muros centenarios, imágenes religiosas y antiguos nichos de piedra, las obras de Richard Moszka irrumpen en el antiguo convento de las Carmelitas Descalzas para transformar su atmósfera espiritual en un espacio dedicado al arte contemporáneo.
La exposición "Basura de artista… no sé si llorar o ensayar mi risa frívola y banal" convierte al museo Ex Teresa Arte Actual, en Ciudad de México, en un punto de encuentro entre la tradición religiosa y la estética punk de uno de los creadores que marcaron la escena alternativa mexicana.
La muestra, que abrirá al público del 16 de octubre al 31 de diciembre de 2026, recupera parte del archivo y de la producción artística de Moszka, fallecido en 2025. El proyecto también tiene un valor documental: numerosos materiales del artista se consideraban perdidos después de que su vivienda, ubicada en la colonia Roma, fuera invadida, hasta que sus allegados y diversas instituciones colaboraron para recuperarlos.
Un convento convertido en espacio de culto artístico
El antiguo convento, que hoy alberga Ex Teresa Arte Actual, ofrece un escenario singular para las piezas de Moszka. Su arquitectura del siglo XVI conserva elementos religiosos, murales y placas de alabastro que conviven ahora con serigrafías, impresos y objetos vinculados con la cultura alternativa.
Para Luis Orozco, director del museo y uno de los curadores, esta convivencia permite que el edificio recupere su condición de espacio de culto, aunque desde una perspectiva distinta. La propuesta no pretende borrar la historia religiosa del recinto, sino establecer un diálogo entre sus significados originales y las expresiones artísticas contemporáneas.
El montaje parte de esa premisa: en lugar de imponer las obras sobre el edificio, busca integrarlas a su arquitectura. Para conseguirlo, se abrieron ventanas y nichos que permanecían cerrados, lo que permitió establecer nuevas relaciones visuales entre las piezas y los elementos históricos.
Orozco reconoce que trabajar con un espacio de estas características supone un desafío. La solución, explicó, consiste en dialogar con el inmueble en lugar de competir con él. Así, la arquitectura deja de funcionar como un simple contenedor y se convierte en parte activa de la experiencia artística.
Richard Moszka: serigrafía, irreverencia y cultura alternativa
Nacido en Montreal, Canadá, en 1968, Richard Moszka se estableció en Ciudad de México en 1993. Con el tiempo se convirtió en una figura relevante del arte contemporáneo y de la traducción cultural, con una trayectoria alejada de las dinámicas tradicionales del mercado comercial.
Su producción incluyó serigrafías, colaboraciones de performance y proyectos de investigación gráfica. En estas prácticas encontró una manera de cuestionar los límites entre obra artística, documento y material cotidiano, además de explorar formas de circulación que no dependieran exclusivamente de las galerías o de los circuitos comerciales.
Uno de los ejes de la exposición es precisamente su relación con la serigrafía, una técnica de impresión que permite reproducir imágenes mediante una malla y transferir tinta a diferentes superficies. Aunque su relativa accesibilidad puede hacer que se considere un procedimiento menor frente a otras disciplinas, Moszka exploró sus posibilidades hasta convertirla en una herramienta central de su lenguaje visual.
El recorrido también recupera marcos de malla que el artista nunca recicló y esquemas de autodestrucción visual, elementos que permiten observar su interés por los procesos, la repetición y la transformación de las imágenes. A ello se suman stickers que, trasladados al espacio expositivo, aparecen convertidos en láminas y cuadros enmarcados sobre los muros de piedra.
Recuperar un archivo y cuestionar las etiquetas
La recuperación de las piezas constituye otro de los aspectos centrales del proyecto. Parte del trabajo de Moszka no estaba concebido necesariamente para exhibirse de la manera tradicional, por lo que mostrar sus documentos y materiales implica reconsiderar qué puede convertirse en una obra de arte.
Orozco plantea que el objetivo fue visibilizar ese archivo y desacralizarlo: observar materiales que normalmente quedarían relegados a la documentación para reconocer en ellos una dimensión artística. La exposición no solo reúne objetos, sino que propone otra forma de aproximarse a una trayectoria que podría haberse perdido parcialmente.
El proyecto también busca evitar que la producción de Moszka quede reducida a una sola temática. Su obra ha sido relacionada con el VIH, pero el montaje apuesta por mostrar una práctica más amplia, atravesada por la gráfica, la experimentación y su postura frente a las convenciones artísticas.
La curaduría, a cargo de Luis Orozco, Jo Ana Morfin y Juan Pablo García Tamés, arquitecto y expareja del artista, combina la recuperación documental con una lectura espacial de su legado. García Tamés destacó que Moszka le enseñó a mirar de otra manera los espacios y la ciudad, una influencia que adquiere especial relevancia dentro de un edificio cuya historia también modifica la percepción de las obras.
La exposición Basura de artista… no sé si llorar o ensayar mi risa frívola y banal podrá visitarse en Ex Teresa Arte Actual, en Ciudad de México, del 16 de octubre al 31 de diciembre de 2026.
Más que enfrentar dos mundos opuestos, el montaje propone observar cómo una práctica artística irreverente puede encontrar nuevas posibilidades de lectura en un espacio histórico. Entre el culto religioso, la gráfica alternativa y la memoria recuperada, la obra de Richard Moszka vuelve a circular y encuentra en el antiguo convento un escenario para replantear qué merece conservarse, exhibirse y reconocerse como arte.
Con información de EFE.
TG