Tecnología

Poder de las redes sociales en la mira en EU tras flashmobs y disturbios

Un rapero conocido como The Game supuestamente dijo en Twitter que telefonearan a determinada estación de policía de Los Angeles para hacer prácticas de rap

LOS ÁNGELES, ESTADOS UNIDOS (17/AGO/2011).- La policía de Los Angeles acusa a un  rapero por un tweet que generó un inmanejable aluvión de llamadas a sus números  de emergencia y el metro de San Francisco corta la señal de los celulares: las  autoridades en EU intentan lidiar con el amorfo poder de las redes sociales.

Un rapero conocido como "The Game" supuestamente dijo el sábado a sus  582 mil seguidores en Twitter que telefonearan a determinada estación de  policía de Los Angeles para hacer prácticas de rap, lo que provocó cientos de  llamadas a los números de emergencia durante tres horas.

La policía realiza una investigación y anunció que pedirá a la fiscalía que  impute al músico de 31 años por obstruir el trabajo de los oficiales.

"No sabemos cuánta gente necesitaba ayuda y no pudo comunicarse porque las  líneas estaban saturadas" por culpa de este "flashmob telefónico", dijo el  capitán Mike Parker, de la comisaría del condado de Los Angeles.

Un caso similar ocurrió a fines de julio, cuando un tweet de un popular DJ  conocido como Kaskade propuso a sus 100.000 seguidores asistir a la premiere de  un filme en Hollywood sobre una fiesta de música electrónica. Cientos de  personas respondieron al llamado y los disturbios derivaron en dos arrestos.

Y en San Francisco, las autoridades decidieron la semana pasada cortar la  señal de los celulares en uno de sus sistema de metro, conocido como BART, para  evitar que se propagara una protesta que estaba organizándose a través de las  redes sociales.

El metro reconoció en un comunicado que había "interrumpido temporalmente  el servicio (telefónico) en algunas estaciones, como una de las varias tácticas  para garantizar la seguridad" del público.

Esta medida causó la ira de Anonymous, un conocido grupo de piratas  informáticos que militan por la libertad de expresión en internet, y el metro  vio su página web "hackeada" durante varias horas el domingo como represalia al  corte de la señal.

La frontera en estos casos entre la libertad de expresión y el control de  las autoridades podrá parecer difusa pero es "navegable", según La Fundación  Frontera Electrónica (EFF), un organismo de defensa de las libertades en  internet.

"Una página de Twitter es visible al público y la policía lógicamente tiene  la autoridad para vigilarla a fin de detectar crímenes", dijo a AFP Hanni  Fakhoury, abogado de EFF, citando el caso del rapero y la condena el miércoles  de dos jóvenes en Gran Bretaña por incitar a actos de violencia en Facebook.

Pero "que la policía pueda 'controlar' las redes sociales es diferente",  aclaró. El apagón telefónico del metro de San Francisco es ejemplo de ello: "No  creemos que la policía tenga derecho de limitar cómo se comunica la gente o  cuándo y dónde puede hacerlo", dijo Fakhoury.

No obstante, para la criminóloga Casey Jordan esto está más allá de lo que  podía haber previsto la Constitución. "Las cosas son diferentes hoy en día y el  hecho de que las redes sociales pueden derivar en acciones criminales está  quedando en evidencia en los últimos meses", dijo el miércoles a CNN.

De acuerdo con Shelly Palmer, columnista especializado en tecnología, el  problema que plantean estos casos a las autoridades es que las masas de  internet no tienen un líder, por lo que no hay manera de descabezar sus  iniciativas.

Las redes sociales "son grupos amorfos, que existen en torno a una idea,  para luego desmantelarse y volver a tomar alguna otra forma", escribe Palmer,  columnista de un programa sobre tecnología en NBC Universal, en una nota en su  blog.

La manera de controlar estas masas, según la criminóloga Jordan, sería a  través de una serie de demandas y acusaciones criminales que desalienten tal  tipo de comentarios en las redes sociales, pero el columnista se pregunta cómo  harán las autoridades para controlar un problema del siglo XXI tomando medidas  del siglo XX.

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