Suplementos
Emociones bajo control
Manuel Álvarez ofrece pistas para manejarlas, a fin de lograr un mejor desarrollo personal
GUADALAJARA, JALISCO (26/AGO/2011).- La educación emocional es todo aquello que no se contempla en la vida profesional, y que sin embargo, permite desarrollar una serie de competencias que logran potenciar el talento y desempeño tanto personal como educativo y laboral.
“Para tener una buena educación emocional es necesario contar con capacitación para profesionales académicos que puedan transmitirlo a sus alumnos”, detalla Manuel Álvarez, autor de Diseño y evaluación de programas de educación emocional.
En la obra, Álvarez explica que para alcanzar un buen nivel emocional es importante tomar en cuenta cinco competencias fundamentales: la conciencia emocional, regulación, autonomía personal, competencia social y habilidades de vida.
Los jóvenes, adultos y niños deben tomar conciencia de sus emociones, es prioritario definirlas y darles un nombre, ya que con esto resultará más sencillo regularlas, es decir, controlarlas, especialmente las negativas como son el miedo, frustración, estrés, pánico y enojo, entre otras.
“En cualquier momento de la vida las emociones intervienen y cuando una persona las conoce bien, puede controlarlas para que éstas no afecten sus decisiones, para que cualquier cosa que elija sea con raciocinio, no con impulsos”.
La autonomía personal se puede lograr la autorregulación, cuando alguien se encuentra en esta etapa “no sólo sabe regular, sino que sabe gestionar adecuadamente este proceso para aplicarlo a su vida de manera positiva”.
Mejorar la comunicación con las personas que rodean a un individuo, es lo que se logra gracias a la competencia social, en la que se aprende a escuchar, interpretar los mensajes, discutir con fundamentos, emitir una opinión y mostrar coherencia en la conversación. Con las habilidades de vida se hace referencia a la capacidad para relacionarse con otros, para solucionar conflictos personales y de grupo y para enfrentar los retos que se presenten día a día.
“La finalidad de todo esto es lograr que una persona sea capaz de conocer, controlar y expresar sus emociones. Es lo que otros conocen como inteligencia emocional y que, sin embargo, en este libro hemos decidido denominar ‘educación’, porque al igual que otras asignaturas es también una disciplina que aporta al desarrollo individual y que esperamos, con el tiempo, se incorpore a diversos planes académicos”, como se ha hecho en países como España, de donde es originario el académico y autor de la obra.
Más allá de los sentimientos
Aunque pareciera que todo lo relativo a la educación emocional influye en aspectos personales, Álvarez advierte que adquirir esta capacidad puede hacer una importante diferencia en el desarrollo profesional de un individuo.
“Una persona que no sabe cómo controlar sus emociones, toma decisiones equívocas en todos los aspectos de su vida. En el caso contrario, es capaz de potenciar cada una de sus habilidades mediante diversas estrategias. Esto además ayuda a que la autoestima esté bien, lo que resulta prioritario para el rendimiento académico y laboral”.
Aunque el libro está dirigido a docentes y especialistas de la educación, Álvarez asegura que cualquier persona interesada en el tema logrará conocer y aplicar las herramientas sugeridas.
“El proceso completo es un ‘ganar-ganar’, porque cuando un docente imparte la educación emocional al mismo tiempo la aprende y pone en práctica”.
El objetivo es que con los instrumentos detallados en el libro, cada vez más personas asuman la responsabilidad de compartir la educación emocional para mejorar en todos los aspectos.
“Para tener una buena educación emocional es necesario contar con capacitación para profesionales académicos que puedan transmitirlo a sus alumnos”, detalla Manuel Álvarez, autor de Diseño y evaluación de programas de educación emocional.
En la obra, Álvarez explica que para alcanzar un buen nivel emocional es importante tomar en cuenta cinco competencias fundamentales: la conciencia emocional, regulación, autonomía personal, competencia social y habilidades de vida.
Los jóvenes, adultos y niños deben tomar conciencia de sus emociones, es prioritario definirlas y darles un nombre, ya que con esto resultará más sencillo regularlas, es decir, controlarlas, especialmente las negativas como son el miedo, frustración, estrés, pánico y enojo, entre otras.
“En cualquier momento de la vida las emociones intervienen y cuando una persona las conoce bien, puede controlarlas para que éstas no afecten sus decisiones, para que cualquier cosa que elija sea con raciocinio, no con impulsos”.
La autonomía personal se puede lograr la autorregulación, cuando alguien se encuentra en esta etapa “no sólo sabe regular, sino que sabe gestionar adecuadamente este proceso para aplicarlo a su vida de manera positiva”.
Mejorar la comunicación con las personas que rodean a un individuo, es lo que se logra gracias a la competencia social, en la que se aprende a escuchar, interpretar los mensajes, discutir con fundamentos, emitir una opinión y mostrar coherencia en la conversación. Con las habilidades de vida se hace referencia a la capacidad para relacionarse con otros, para solucionar conflictos personales y de grupo y para enfrentar los retos que se presenten día a día.
“La finalidad de todo esto es lograr que una persona sea capaz de conocer, controlar y expresar sus emociones. Es lo que otros conocen como inteligencia emocional y que, sin embargo, en este libro hemos decidido denominar ‘educación’, porque al igual que otras asignaturas es también una disciplina que aporta al desarrollo individual y que esperamos, con el tiempo, se incorpore a diversos planes académicos”, como se ha hecho en países como España, de donde es originario el académico y autor de la obra.
Más allá de los sentimientos
Aunque pareciera que todo lo relativo a la educación emocional influye en aspectos personales, Álvarez advierte que adquirir esta capacidad puede hacer una importante diferencia en el desarrollo profesional de un individuo.
“Una persona que no sabe cómo controlar sus emociones, toma decisiones equívocas en todos los aspectos de su vida. En el caso contrario, es capaz de potenciar cada una de sus habilidades mediante diversas estrategias. Esto además ayuda a que la autoestima esté bien, lo que resulta prioritario para el rendimiento académico y laboral”.
Aunque el libro está dirigido a docentes y especialistas de la educación, Álvarez asegura que cualquier persona interesada en el tema logrará conocer y aplicar las herramientas sugeridas.
“El proceso completo es un ‘ganar-ganar’, porque cuando un docente imparte la educación emocional al mismo tiempo la aprende y pone en práctica”.
El objetivo es que con los instrumentos detallados en el libro, cada vez más personas asuman la responsabilidad de compartir la educación emocional para mejorar en todos los aspectos.