Suplementos

Verdadero pan y verdadera vida

Siempre se ha dicho que Jesús es la respuesta a las necesidades de las personas

Todas las frases de Jesucristo son memorables, y afortunadamente muchas de ellas han quedado registradas en la Biblia. Otros grandes hombres en la humanidad han dejado su sabiduría a través de expresiones o consejos, pero ninguno logra alcanzar la estatura de Jesús, porque el Maestro no sólo habla sabiduría, sino que Él mismo es la fuente de esa sabiduría; en otras palabras, sólo Jesús habla de sí mismo con tanta gracia y propiedad como cuando habla de cualquier otro tema sapiencial.
    
En el evangelio de hoy, San Juan relata las palabras de Jesús cuando éste dijo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed”. Con esta expresión, Jesús estaba dando la respuesta a las dos necesidades más básicas del ser humano: comer y beber.

Siempre se ha dicho que Jesús es la respuesta a las necesidades de las personas, pero en este caso, Jesús afirma que Él es la única posibilidad de mantenernos con vida, porque el alimento y la bebida son absolutamente necesarios para vivir. Podemos ver que cuando Jesús afirmó que Él es el pan de vida, estaba diciendo una verdad grande y profunda.

Jesús descendió del cielo. El referente anterior a comer pan que da verdadera vida se remonta al tiempo en el que el pueblo de Israel vagó por el desierto por cuarenta años, viviendo de la comida que diariamente Dios le proveía. Esto sucedía cada mañana, cuando al levantarse el pueblo, encontraba sobre la faz de la tierra una especie de escarcha menuda y blanquecina, con sabor a miel, al cual llamaron “maná”. Durante cuarenta años, el maná fue el alimento básico que les nutrió adecuadamente, y el cual recibieron puntualmente cada mañana (excepto el día de reposo); este alimento literalmente les “caía del cielo”, por lo que la expresión “Yo soy el pan de vida, que descendió del cielo” es entendible, y es correcta, cuando se refiere a Jesús. El Señor descendió del cielo, dejando su trono en aquel lugar, para poder dar vida eterna a los hombres que creyeran en Él.
    
Jesús fue enterrado. Al igual que el grano de trigo que necesita ser enterrado para poder dar más fruto, Jesús fue sepultado para que la vida se manifestara en más personas. Un agricultor que tiene un grano de trigo en sus manos puede usarlo para su propio alimento, pero si decide sembrarlo en la tierra, no obtendrá a cambio otro grano de trigo, sino que cosechará un puñado de ellos. Esto es lo mismo que Dios el Padre decidió hacer: “sembró” a través de la sepultura la vida de su único Hijo, para así obtener una mayor cantidad de hijos a través de la fe.

Jesús resucitó. El grano de trigo es sepultado en la tierra, pero tiempo después vuelve a surgir, pero ahora en forma de espiga, y acompañado de muchos granos más. La resurrección de Jesús no sólo demostró el poder del Señor sobre la muerte, el pecado y el diablo, sino que proveyó la victoria final para que todos los creyentes en Él no tengamos el sepulcro como nuestro destino final, sino que tengamos la certeza de que nos levantaremos de ese lugar, para pasar la eternidad en el cielo con Dios.

Jesús nutre la vida de las personas. La función principal del grano de trigo es alimentar a quien lo come; el alimento se traduce en energía y en vida. La obra de Jesús dentro de la vida de las personas es producir en ellas una relación vital con Dios, algo que de ninguna otra manera se puede lograr, y que constituye la verdadera vida espiritual.

  Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

Temas

Sigue navegando