Suplementos
Su tarea es servir
Somos huéspedes y peregrinos en la Tierra, y el gran asunto es disponerse para llegar a la ciudad celestial
GUADALAJARA, JALISCO (17/NOV/2013).- El cristiano se ha de formar con una visión exacta de las realidades temporales, mas todo se ha de poner para fomentar un progreso integral. Mientras sea un ciudadano en la Tierra, se ha de entregar a la tarea de construir un mundo más humano como exigencia de su fe.
No ha de inspirarse en criterios materialistas: ambición, dominio de los demás, acumulación innecesaria de riquezas. Su tarea es servir.
En este penúltimo domingo del año, Jesús el hijo de Dios —según lo narra San Lucas— invita a la multitud a que miren y admiren todos “la solidez de la construcción del templo y las bellezas de las ofrendas votivas”. Luego les dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Es un anuncio triste, nada en el tiempo es para siempre. Pero nadie sabe ni el día ni la hora. El tema no es el fin del mundo, sino el final de cada uno en particular.
Somos huéspedes y peregrinos en la Tierra, y el gran asunto es disponerse para llegar a la ciudad celestial. Toda la acción de Dios sobre el mundo, su revelación, la providencia, la redención, el gobierno del universo, todo va en orden a un solo fin: la salvación del hombre.
Mas, para salvarse, es indispensable la decisión personal. Nadie puede resolverlo, ni Dios, si el hombre —creado libre— no se determina y actúa personalmente.
“No el que dice ‘Señor, Señor’ se salva, sino el que cumple la voluntad de mi padre que está en el cielo”.
El cristiano es ciudadano de dos ciudades, mientras va, trabajará para el reino terreno, la ciudad temporal, pero sin perder de vista que está hecho para poseer la ciudad eterna.
Pbro. José R. Ramírez M.
LA PALABRA DE DIOS
• PRIMERA LECTURA
Malaquías 3, 19-20
“Para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia”.
• SEGUNDA LECTURA
Segunda carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses 3, 7-12
“Les suplicamos de parte del Señor Jesús, que se pongan a trabajar en paz para ganarse con sus propias manos la comida”.
• EVANGELIO
San Lucas 21, 5-19
“Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias”.
El único tiempo cierto
Dalí, en una de sus obras maestras, La persistencia de la memoria, ofrece una visión simple y austera de la naturaleza, un paisaje con un punto estático que transmite cierta esterilidad. La sensación de inmortalidad queda reflejada por la inexistencia del mismo tiempo y por una cierta congelación del instante.
Ante esta constante en la vida del hombre, que representa el tiempo, y sus múltiples interpretaciones que ha tenido en todos los sentidos, científicos y artísticos, Jesús nos pone alertas diciendo: “Cuidado con que nadie les engañe”. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: “Yo soy” o bien “El momento está cerca”. Y nos advierte: no se dejen engañar. El engaño del tiempo es el engaño del siglo.
Salvador Dalí, en su obra, nos permite descubrir la inutilidad del tiempo que se evidencia en el mismo momento en que el símbolo, el reloj, queda destruido. Hay más interés en conservar la memoria y a encallarse en el pasado que en avanzar hacia un presente y un futuro. Dalí reivindica la ausencia de tiempo, sin el cual saboreamos mucho más su presencia eterna. Y sin decirlo, y sin saberlo, nos lleva a la trascendencia de Dios.
El único tiempo cierto que nos presenta Jesús es el de la conversión. El cristiano encuentra su punto de equilibrio en lo concreto del compromiso cotidiano serio y sereno, evitando los extremos opuestos del fanatismo y de la inercia, que se pueden dar por la sobrevaloración del tiempo o su desperdicio total.
IDEALISMO Y JUVENTUD
En nuestro recuerdo de los mártires de la Cristiada, hoy nos toca recordar a un muchacho, bastante joven, inquieto pero de gran calidad espiritual : Luis Padilla Gómez.
Su juventud sincera y basat6ante4 idealista, creyó, como tantos otros que con medios pacíficos podrían lograrse ciertos elementos de presión que redundarían en la libertad religiosa que el pueblo anhelaba, pero sucedió lo contrario. Uno de sus biógrafos el Lic. Juan Manuel Robles Gil relata con detalle muchos girones de la vida de este prócer de la fe.
Si bien, no sabemos sus sueños, sus más ignotas aspiraciones, su deseo de encontrar la plenitud en una vocación lograda y llevada a la máxima expresión.
Pero los conflictos le fueron haciendo percibir que si su amor a Jesucristo era sincero y grande, el camino difícil se abría ante él y que el desenlace no se haría esperar.
"Siento que algo solemne va a ocurrir en mi vida, ¿Qué será de mí? ¿Debo de ofrecer el sacrificio de mi vida, sin más realidad que la sanación de un pasado inútil? ¿Destrozaré el corazón de mi madre, o escucharé una vez más la voz de mi egoísmo? ¿Cuál es mi deber? Pregunta de vida o muerte, de gloria o de ignominia, de redención o de estúpida resignación". "No le he de escatimar mi sangre a Dios"
La voz de los biógrafos Uno de sus biógrafos el Lic. Juan Manuel Robles Gil relata con detalle muchos girones de la vida de este prócer de la fe:
Luis Padilla Gómez nació en la ciudad de Guadalajara el 9 de diciembre de 1899 hijo de su familia acaudalada.
Estudió primaria en el colegio particular del señor Tomás Fregoso. Una fecha que Luis siempre recordó fue la de su primera comunión: el 24 de septiembre de 1908.
Pasó a cursar los estudios superiores en el Instituto San José de los padres jesuitas, en donde recibió una educación vigorosa y profunda.
Le gustaba mucho el teatro al que asistía con relativa frecuencia, lo que constituyó para Luis un recuerdo amargo y negativo de su vida porque le había impedido desde joven remontar el vuelo hacia las cumbres.
Entró al seminario conciliar de Guadalajara y en el que permaneció cinco años, hasta el 1° de noviembre de 1921, fecha en que abandonó la carrera sacerdotal por no estar seguro de su vocación.
Se inscribió en la Unión Popular de Jalisco donde pronto lo nombraron secretario.
Él se empeñó en difundir la U. P. en giras de propaganda por los pueblos de Jalisco y aceptaba con gran paciencia tanto las críticas de los católicos como las acusaciones de los adversarios.
Con celo incansable intentaba formar a los muchachos y a los jóvenes deseosos de ingresar en ella, recibiéndolos en su hogar y enseñándoles, con la palabra y el ejemplo, lo mejor de la doctrina religiosa y social de la Iglesia.
El desenlace
La tarde del 31 de marzo de 1927, Luis, como de costumbre, se había retirado temprano a su cuarto. A las dos de la mañana su casa fue rodeada por agentes de la policía encabezados por el mismo general Jesús María Ferreira.
Entraron a su casa y se lo llevaron junto con su madre, la señora Mercedes y su hermana, María de la Luz. Las mujeres, después de un interrogatorio en la inspección general de la policía, quedaron libres, mientras que a Luis lo llevaron primero a la zona de operaciones militares y después al Cuartel Colorado, donde estaban Anacleto González Flores y los hermanos Jorge y Ramón Vargas González.
Los cuatro, en voz alta y arrodillados con los brazos en cruz, rezaron el acto de contrición, interrumpidos por los disparos.
Por la noche el cuerpo de Luis fue velado en su casa, que resultó pequeña para tanta gente que fue a despedir y a dar el homenaje al mártir de Cristo.
En 1952 los restos mortales del Siervo de Dios Luis Padilla Gómez fueron trasladados a la cripta del templo de San Agustín y finalmente en 1981 se llevaron a la iglesia de San José de Analco, en Guadalajara.
“Pidamos al Señor Jesús
que nos de la valentía de mirar a lo más alto
y conservar en el corazón
el fuego de una juventud limpia y libre
para cultivar los más altos ideales”.
María Belén Sánchez, fsp
No ha de inspirarse en criterios materialistas: ambición, dominio de los demás, acumulación innecesaria de riquezas. Su tarea es servir.
En este penúltimo domingo del año, Jesús el hijo de Dios —según lo narra San Lucas— invita a la multitud a que miren y admiren todos “la solidez de la construcción del templo y las bellezas de las ofrendas votivas”. Luego les dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Es un anuncio triste, nada en el tiempo es para siempre. Pero nadie sabe ni el día ni la hora. El tema no es el fin del mundo, sino el final de cada uno en particular.
Somos huéspedes y peregrinos en la Tierra, y el gran asunto es disponerse para llegar a la ciudad celestial. Toda la acción de Dios sobre el mundo, su revelación, la providencia, la redención, el gobierno del universo, todo va en orden a un solo fin: la salvación del hombre.
Mas, para salvarse, es indispensable la decisión personal. Nadie puede resolverlo, ni Dios, si el hombre —creado libre— no se determina y actúa personalmente.
“No el que dice ‘Señor, Señor’ se salva, sino el que cumple la voluntad de mi padre que está en el cielo”.
El cristiano es ciudadano de dos ciudades, mientras va, trabajará para el reino terreno, la ciudad temporal, pero sin perder de vista que está hecho para poseer la ciudad eterna.
Pbro. José R. Ramírez M.
LA PALABRA DE DIOS
• PRIMERA LECTURA
Malaquías 3, 19-20
“Para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia”.
• SEGUNDA LECTURA
Segunda carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses 3, 7-12
“Les suplicamos de parte del Señor Jesús, que se pongan a trabajar en paz para ganarse con sus propias manos la comida”.
• EVANGELIO
San Lucas 21, 5-19
“Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias”.
El único tiempo cierto
Dalí, en una de sus obras maestras, La persistencia de la memoria, ofrece una visión simple y austera de la naturaleza, un paisaje con un punto estático que transmite cierta esterilidad. La sensación de inmortalidad queda reflejada por la inexistencia del mismo tiempo y por una cierta congelación del instante.
Ante esta constante en la vida del hombre, que representa el tiempo, y sus múltiples interpretaciones que ha tenido en todos los sentidos, científicos y artísticos, Jesús nos pone alertas diciendo: “Cuidado con que nadie les engañe”. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: “Yo soy” o bien “El momento está cerca”. Y nos advierte: no se dejen engañar. El engaño del tiempo es el engaño del siglo.
Salvador Dalí, en su obra, nos permite descubrir la inutilidad del tiempo que se evidencia en el mismo momento en que el símbolo, el reloj, queda destruido. Hay más interés en conservar la memoria y a encallarse en el pasado que en avanzar hacia un presente y un futuro. Dalí reivindica la ausencia de tiempo, sin el cual saboreamos mucho más su presencia eterna. Y sin decirlo, y sin saberlo, nos lleva a la trascendencia de Dios.
El único tiempo cierto que nos presenta Jesús es el de la conversión. El cristiano encuentra su punto de equilibrio en lo concreto del compromiso cotidiano serio y sereno, evitando los extremos opuestos del fanatismo y de la inercia, que se pueden dar por la sobrevaloración del tiempo o su desperdicio total.
IDEALISMO Y JUVENTUD
En nuestro recuerdo de los mártires de la Cristiada, hoy nos toca recordar a un muchacho, bastante joven, inquieto pero de gran calidad espiritual : Luis Padilla Gómez.
Su juventud sincera y basat6ante4 idealista, creyó, como tantos otros que con medios pacíficos podrían lograrse ciertos elementos de presión que redundarían en la libertad religiosa que el pueblo anhelaba, pero sucedió lo contrario. Uno de sus biógrafos el Lic. Juan Manuel Robles Gil relata con detalle muchos girones de la vida de este prócer de la fe.
Si bien, no sabemos sus sueños, sus más ignotas aspiraciones, su deseo de encontrar la plenitud en una vocación lograda y llevada a la máxima expresión.
Pero los conflictos le fueron haciendo percibir que si su amor a Jesucristo era sincero y grande, el camino difícil se abría ante él y que el desenlace no se haría esperar.
"Siento que algo solemne va a ocurrir en mi vida, ¿Qué será de mí? ¿Debo de ofrecer el sacrificio de mi vida, sin más realidad que la sanación de un pasado inútil? ¿Destrozaré el corazón de mi madre, o escucharé una vez más la voz de mi egoísmo? ¿Cuál es mi deber? Pregunta de vida o muerte, de gloria o de ignominia, de redención o de estúpida resignación". "No le he de escatimar mi sangre a Dios"
La voz de los biógrafos Uno de sus biógrafos el Lic. Juan Manuel Robles Gil relata con detalle muchos girones de la vida de este prócer de la fe:
Luis Padilla Gómez nació en la ciudad de Guadalajara el 9 de diciembre de 1899 hijo de su familia acaudalada.
Estudió primaria en el colegio particular del señor Tomás Fregoso. Una fecha que Luis siempre recordó fue la de su primera comunión: el 24 de septiembre de 1908.
Pasó a cursar los estudios superiores en el Instituto San José de los padres jesuitas, en donde recibió una educación vigorosa y profunda.
Le gustaba mucho el teatro al que asistía con relativa frecuencia, lo que constituyó para Luis un recuerdo amargo y negativo de su vida porque le había impedido desde joven remontar el vuelo hacia las cumbres.
Entró al seminario conciliar de Guadalajara y en el que permaneció cinco años, hasta el 1° de noviembre de 1921, fecha en que abandonó la carrera sacerdotal por no estar seguro de su vocación.
Se inscribió en la Unión Popular de Jalisco donde pronto lo nombraron secretario.
Él se empeñó en difundir la U. P. en giras de propaganda por los pueblos de Jalisco y aceptaba con gran paciencia tanto las críticas de los católicos como las acusaciones de los adversarios.
Con celo incansable intentaba formar a los muchachos y a los jóvenes deseosos de ingresar en ella, recibiéndolos en su hogar y enseñándoles, con la palabra y el ejemplo, lo mejor de la doctrina religiosa y social de la Iglesia.
El desenlace
La tarde del 31 de marzo de 1927, Luis, como de costumbre, se había retirado temprano a su cuarto. A las dos de la mañana su casa fue rodeada por agentes de la policía encabezados por el mismo general Jesús María Ferreira.
Entraron a su casa y se lo llevaron junto con su madre, la señora Mercedes y su hermana, María de la Luz. Las mujeres, después de un interrogatorio en la inspección general de la policía, quedaron libres, mientras que a Luis lo llevaron primero a la zona de operaciones militares y después al Cuartel Colorado, donde estaban Anacleto González Flores y los hermanos Jorge y Ramón Vargas González.
Los cuatro, en voz alta y arrodillados con los brazos en cruz, rezaron el acto de contrición, interrumpidos por los disparos.
Por la noche el cuerpo de Luis fue velado en su casa, que resultó pequeña para tanta gente que fue a despedir y a dar el homenaje al mártir de Cristo.
En 1952 los restos mortales del Siervo de Dios Luis Padilla Gómez fueron trasladados a la cripta del templo de San Agustín y finalmente en 1981 se llevaron a la iglesia de San José de Analco, en Guadalajara.
“Pidamos al Señor Jesús
que nos de la valentía de mirar a lo más alto
y conservar en el corazón
el fuego de una juventud limpia y libre
para cultivar los más altos ideales”.
María Belén Sánchez, fsp