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Sin la cruz no hay aunténticos discípulos de Cristo

Iniciar la Semana Santa es centrarnos en Cristo, es reconocer la bondad de su amor oferente por todos, que inicia con su ingreso a Jerusalén como camino al calvario, que es la entrega total de sí que se nos da como alimento en la Eucaristía, alianza de resurrección

GUADALAJARA, JALISCO (24/MAR/2013)

PRIMERA LECTURA:

Isaías 50, 4-7


"El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás"

SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a los filipenses 2, 6-11


"Cristo Jesús, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres"

EVANGELIO:

San Lucas 19, 28-40


"¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!"

REFLEXIONANDO LA FE

Domingo de ramos


La celebración de este día, conocida como el día de palmas o ramos, da inicio a la Semana Santa, celebración que a la vez sintetiza todo lo que sucederá en esta semana mayor.

Los ramos tienen un sentido festivo, Jesús entra triunfante a Jerusalén montado en un burro y entre cantos de la gente que extiende sus mantos por el camino. Cristo llega a Jerusalén como hombre de dolores, destinado a la muerte, para ofrecerse voluntariamente como víctima de amor y así salvar al hombre.

El domingo de ramos es una síntesis de nuestra vida cristiana, caminemos como Él hacia la cruz sin miedo, pues ésta no es el fin de todo. Triunfo y cruz se unen, morir es nuestro destino, pero morir con Cristo y como Él, resucitar. Ya que nos ha dicho: "El que quiera venir en pos de mí niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame".

La mejor condición para vivir la liturgia de estos días santos y sentirnos comprometidos con Cristo es seguir el consejo de san Pablo: "Tener los mismos sentimientos de Cristo".

Pasión

El texto evangélico que abre la Semana Santa, es el conocido como el de la pasión, en donde se nos presenta lo acontecido desde un ingreso a Jerusalén, hasta el momento de su muerte en cruz, en este año es el evangelio de san Lucas el que nos acompaña. El escritor sagrado pone gran hincapié en la inocencia del Mesías y en el valor y convencimiento que se requiere de parte de los que se hacen llamar discípulos, para tomar este camino con Jesús.

San Lucas enumera una gran cantidad de personajes en este itinerario de donación, que de una u otra manera logramos identificarnos con alguno de los presentes, y nuestra reacción ante el paso y palabras de Cristo.

En el proceso que se le realiza a Jesús de parte de las autoridades, más que una aprensión nos remarca su donación libre y amorosa en pos de nuestra salvación, razón y significado de su pasión, no es Jesús que ha sido capturado porque no ha podido escapar, es el Hijo del Hombre, el Cristo, que se ha hecho ofrenda por nuestra salvación en obediencia al Padre.

Misericordia


Cristo, Jesús, personaje central de esta Semana Mayor, es presentado por san Lucas como el hombre cercano, compasivo y misericordioso, por eso hace constantes referencias a que es pronto para escuchar, consolar, perdonar, aun cuando Él es el que debiera ser atendido, particularmente en su camino al Calvario y en la cruz, es la vivencia de la misericordia de Dios para con los hombres, es el cumplimiento y plenitud del pasaje: "No he venido a ser servido, sino a servir".

En esta semana, y especialmente para el creyente en Cristo, es indispensable la cruz, no es algo optativo, no hay camino auténtico para un fiel cristiano sin la cruz, es el paso obligado para una auténtica redención, y la plenitud de la resurrección. En relación a la cruz decía el recién electo Papa Francisco en su primer Eucaristía, celebrada en la capilla Sixtina con todos los cardenales electores: "Te sigo, pero no hablemos de cruz. Esto no tiene nada que ver. Te sigo de otra manera, sin la cruz. Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor".

Amor


"No hay mayor amor que aquel que da la vida por sus amigos", en la celebración del jueves santo, recibiremos con gozo el gran misterio del amor, el amor auténtico del Dios que se ha hecho hombre para salvarnos y que se nos da como alimento.

La pasión de nuestro Señor Jesucristo es una pasión de amor, es el ejemplo de derrotero trazado por Cristo para todo aquel que quiera y se precie de ser su discípulo, no hay otro sendero que no sea el del amor oferente que pasa por la cruz, este es el amor que hemos de imitar todos sus discípulos. San Pablo en su carta a los filipenses, nos reitera: "Cristo Jesús, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres".
Sólo el amor nos puede hacer comprender los grandes misterios de nuestra fe que celebraremos esta semana, solo el amor, nos hará capaces de vivir nuestra fe desde los criterios de Cristo, porque Dios es amor, y tanto ha amado al mundo que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca sino que tenga vida eterna.

DESDE LAS LETRAS

Jesús es condenado a muerte


-Te condenaron a muerte
tu silencio y mi silencio.
Las gargantas en tumulto
ante el Pretor somnoliento,
lapidaron con sus gritos
el mármol de tu silencio.

Tu mutismo era una estatua
de blancura y de misterio...
"¡Habla, Jesús, que te matan!
Arropada en tu silencio
la muerte viene volando
entre graznidos de cuervos.

¡Habla, Señor, tu palabra,
como un huracán de fuego,
salga de tu boca
y queme lo falso de los denuestos!
¿Por qué te quedas callado
si eres el Divino Verbo...?"

La boca de Dios
quedó baldía como el desierto.
Lo condenaron a muerte
su silencio y mi silencio.
Escupieron las gargantas
alaridos a mi miedo.

Fray Asinello

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