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Padre nuestro que estás en los cielos...

Orar es algo que sólo puede hacer el que tiene fe, porque es ponerse en comunicación con un ser infinito e invisible

Una oración

Señor Jesús, que nos amas y nos conoces por el nombre que recibimos en el día del Bautismo, hoy te pedimos por nuestra Patria, para que haya paz.

Ya fue regada mucha sangre por este suelo, ahora te pedimos que cese la violencia, siempre injusta, y que se acaben en México rencores, odios, intereses y rencillas, para que ya no tengamos que escuchar más noticias de muerte. Te lo pedimos por el sufrimiento de tus santos mártires, y por tu madre santísima, la Virgen María.

María Belén Sánchez, fsp

Padre nuestro que estás en los cielos...


El mundo actual es un llamamiento continuo hacia fuera, hacia lo exterior: hacer, ver, moverse, ir y volver en un vértigo continuo, en una danza que no terminará. La prensa, el cine, la radio, la televisión, los deportes, las salas de fiestas, los viajes, atraen continuamente al hombre de hoy y lo llevan siempre por lo externo, por la superficie.

En ese ambiente son difíciles la reflexión, el recogimiento, la contemplación; la verdadera, la auténtica oración, no la hecha sólo de sonidos sino la que brota desde lo hondo del ser.

En este domingo décimo séptimo ordinario, en el evangelio está la súplica de los 12 discípulos del Señor que, con humildad, le ruegan al Maestro: “Señor, enséñanos a orar”.

Jesús, el hijo de Dios, atendió a su petición y para ellos, para todos, dejó una oración breve que comienza así: “Padre nuestro, que estás en los cielos…”

Esta ha sido la oración universal del pueblo cristiano. Pero se viene a la mente la pregunta fundamental: ¿Qué es orar?

Orar es algo que sólo puede hacer el que cree, porque es ponerse en comunicación con un ser infinito, omnipotente, eterno, creador de todo lo visible y lo invisible.

Un ser único a quien se le da el nombre de Dios.

Por la oración el hombre se eleva, pues de pone en comunicación con Dios, que es infinito y atrae a la omnipotencia y la bondad de Dios sobre sus problemas, sus carencias y sus angustias.

Cuando el cristiano ora, es porque Cristo le ha enseñado con el ejemplo primero, y luego con palabras, no sólo la conveniencia de orar, sino la necesidad —la urgencia, se podría decir— de buscar, de pedir, de llamar, mediante la oración.

Atendiendo, pues, la súplica de sus discípulos, Cristo dejó para ellos y los de todos los tiempos, la oración llamada “Padre nuestro”.

Dentro del breve espacio de esa oración hay fe, amor, sumisión, confianza, abandono, humildad y esperanza.Quien sabe rezar el Padre nuestro, jamás se sentirá huérfano en su paso por el tiempo. Ya no carece de sentido de la vida del que ora, porque en las interrogantes y los misterios de su caminar, siente la cercanía del Padre.

José R. Ramírez M.

Una nueva manera de escribir


Tengo el privilegio de compartir este espacio desde hace más de 14 años. Dios me ha dado su ayuda para poder escribir en todo tipo de situaciones y circunstancias; en ocasiones he escrito bajo una profunda tristeza, o una desbordante alegría, y Dios siempre ha estado ahí para ayudarme a aportar algo para entender mejor su Palabra. Durante estos más de 14 años, han sido pocas las ocasiones en que no podido asistir a esta cita semanal con ustedes queridos lectores. En ocasiones parecía que no podría aportar mi colaboración semanal, pero Dios siempre encontraba la forma de ayudarme a salir adelante y poder entregar mi compromiso con este periódico y con los amables lectores.

La semana pasada tuve un accidente que me afectó ambas manos, y ha limitado mucho mi capacidad de llevar a cabo mis tareas diarias. Tratar de escribir ha sido una odisea, ya que la mano que mejor puedo usar es la izquierda, pero resulta que soy diestro. Cuando  llegó  el momento de escribir mi colaboración, pensé en algunas opciones para hacerlo, como dictarlo a alguna persona, o escribir con un dedo en el teclado... fue entonces cuando descubrí una maravillosa función que me permite dictar los documentos, y es así que esta es la primera vez que estoy escribiendo esta colaboración a través de la función de dictado.

Ofrezco una disculpa anticipada a todos aquellos que se dan cuenta de mi ignorancia con los aparatos electrónicos, pero para mi ha sido un maravilloso hallazgo, una función que me está facilitando una tarea que tengo por delante. Estoy muy agradecido con Dios y con la tecnología. Al final, no puedo dejar de pensar que cada vez que lleguemos a algo que nos límite,  Dios será fiel para abrir una puerta que estaba cerrada, o mostrarnos un camino donde parecía que no lo había.

Ángel Flores Rivero iglefamiliar@hotmail.com

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