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Nadie es profeta en su tierra

Clara es la doctrina de San Pablo. Vale lo que inspira el amor; nada vale cuando no está presente el amor

Se le da el nombre de profeta al hombre elegido no por voluntad propia, si no por iniciativa divina, para transmitir al pueblo los designios de Dios, todos los libros del Antiguo Testamento son una revelacion profética que conduce a Cristo, el Mesias esperado.

Cristo, el enviado del Padre, es el máximo profeta con la Buena Nueva de su presencia y su doctrina.

Saulo, nacido en Tarso —ahora población de Turquía— hijo de padres fariseos, discípulo del gran maestro Galileo, demostró desde joven, su apego fiel a la ley de Moisés. Un día —su gran día— en el camino a Damasco, el empecinado perseguidor de los cristianos cayó del caballo, oyó la voz de Cristo y su vida dio un giro de 180 grados.

Con Cristo descubrió todo, porque el amar es todo.

San Pablo entona, en esta página, un inspirado himno al amor. El tema, el amor, no es aquí un amor natural, ni mucho menos pasional y egoista: es el amor que viene de Dios e inspira hacer el bien, amar con hechos a los demás.

Dios reparte sus dones en abundancia y en variadas formas, distintas para cada uno.

Tajante, clara es la doctrina de San Pablo. Vale lo que inspira el amor; nada vale cuando no está presente el amor.

En esa sola palabra está la respuesta al fariseo que le preguntó a Cristo: “Maestro, ¿cuál es el mayor de todos los mandamientos?” la respuesta fue: “Amarás a Dios y a tu prójimo”.

San Pablo sigue, en su himno, con las notas características del verdadero amor: es comprensivo, servicial, caritativo; no tiene envidia, no es presumido, ni se envanece; no es grosero ni egoista; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. Ese amor sinónimo fiel de la caridad es el que hace a los santos. “además”, añade San Pablo: “Tenemos tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad. La caridad es la mayor de todas”.

Allí en la sinagoga de Nazaret, después de largos años de silencio, Jesús se manifiesta: Él es el Cristo, es el ungido, es el Mesias esperado.

A sus seguidores los invitó primero, mas luego les advirtió que si lo seguían, tendrían que cargar su cruz cada uno.

La iglesia, sus pastores —desde el Papa, hasta el más humilde  profeta—ahora, en este vertiginoso siglo XXI , siguen siendo objeto en alto para el sí, y para el no.“El que a ustedes escucha, a mí me escucha; el que a ustedes rechaza, a mí me rechaza”

Mucho consuela y alienta ver a Cristo rechazado por los suyos, en el pueblo donde se crió y creció. Siempre, donde brilla la luz, el otro lado está en las sombras; brilla el bien y asoma el mal la verdad y la mentira, la vida y la muerte, juntos van.

“nadie es profeta en su tierra”. Esto experimentó Jesús.

José Rosario Ramírez M.

Profundicemos nuestra fe

El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo.  Así lo asegura S. S. Benedicto XVI en su Carta Apostólica Porta Fidei, con la que convocó al Año de la Fe, que la Iglesia universal está celebrando.

Existe en nuestra vida cristiana el grave riesgo de no poder consolidar nuestra conversión al Señor, la cual es fruto de nuestra Fe, debido a que estamos rodeados por múltiples influencias que van en contra de ella, aunadas a la propias de nuestra naturaleza caída y nuestra concupiscencia, las cuales es preciso conocer para combatirlas y no caer en engaños que nos lleven a un rechazo y pérdida de este fundamental don.

Hoy hacemos un breve comentario acerca del llamado movimiento de la Nueva Era (New Age), del cual es difícil definir qué es, así como, explicar cuál es la doctrina de este movimiento, considerado pararreligioso, que ha venido a convertirse en un verdadero y letal adversario de la fe de muchos cristianos.

Se parece mucho al sistema de cultura actual, que es sumamente vasto y superficial. Al hombre de hoy le falta ahondar más en las causas y finalidades de los fenómenos de la vida para controlar y encauzar mejor los nuevos conocimientos.  Pero no lo hace.  Todo lo que le gusta  o le es provechoso para el momento, es lo que acepta o busca, sin pensar de dónde viene y a dónde lo lleva.

La Nueva Era toma al hombre así como es, y procura darle por su lado y  contentarlo en sus gustos,  usando argumentos y técnicas de su agrado.

Contrario a ello, Jesús en su Evangelio, nos dice: “El que quiera ser mi discípulo, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”. Ello significa que para encontrar y asumir la verdadera felicidad, es preciso renunciar a todo aquello que las falsas doctrinas ofrecen, y seguir Su camino, que no es un camino fácil, pero es el camino marcado por la voluntad de Dios, por su plan de salvación. El modelo por excelencia de ello es Jesús mismo, Aquel que, como nos lo recuerda el Evangelio de este domingo, no fue profeta en su tierra porque los suyos no le creyeron, como tantos que hoy por hoy, diciéndose creyentes, tampoco creen en Él, ni le creen a Él.

Francisco Jaavier Cruz Luna

Una oración

Señor Jesús, leyendo tu Evangelio he descubierto que está totalmente impregnado de fe. Que ésta, es la verdadera Buena Noticia que nos trasmiten tus palabras porque la fe salva, la fe ilumina, la fe libera…Señor Jesús, ayúdame a comprender y a vivir todos los bienes, y llevarme por el camino de la alegría y de la auténtica felicidad.

MBS, fsp

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