Suplementos
El desconocido que creemos conocer
Todo profeta enviado por Dios está llamado a denunciar el mal para enderezar los senderos torcidos, por ello su prédica no puede esperar la adhesión entusiasta de las masas y multitudes
LA PALABRA DE DIOS
PRIMERA LECTURA:
Jeremías 1, 4-5. 17-19
"Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco; desde antes que nacieras, te consagré como profeta para las naciones”
SEGUNDA LECTURA:
Primera de San Pablo a los corintios 12, 31-13, 13
"Ahora tenemos estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor; pero el amor es la mayor de las tres”
EVANGELIO
San Lucas 4, 21-30
"Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra”
REFLEXIONANDO LA FE
El encuentro de Jesús con sus paisanos, les llena de asombro, no por lo que Jesús dice y hace, sino por lo que ellos creen saber: “¿No es éste el hijo de José?”. ¿Cómo era posible que alguien que había vivido entre ellos desde pequeño y nunca se había distinguido especialmente entre sus paisanos pudiese de pronto alzarse entre ellos y afirmar solemnemente que Él es el Mesías enviado por Dios? Surgió la desconfianza entre ellos, y la incredulidad dio paso a la dureza de corazón. No estaban dispuestos a aceptar que Él fuese el Mesías enviado por Dios mientras no fuesen ellos testigos de los signos y señales con los que ya se había manifestado en otros pueblos vecinos de Galilea. Ni sus palabras llenas de sabiduría ni tampoco los testimonios que había escuchado sobre Él eran suficientes. Ellos necesitaban ver por sí mismos alguna señal inequívoca.
El Señor no hace lo que le piden, no hace milagros para que le crean, sino que espera que crean en Él para hacer milagros. La fe no debe brotar de los milagros, antecede a los milagros. La fe es creer en el Señor por ser quien es y porque Él es de fiar. Así, lejos de ceder a sus exigencias les echa en cara su dureza de corazón. Su prédica se torna hostil e insoportable a sus oídos, de modo que en vez de convertirse de su incredulidad “se pusieron furiosos” y movidos por la ira lo sacaron fuera del pueblo con intención de despeñarlo por un barranco.
DIFÍCIL MISIÓN
En la vida de Jesús se realiza también el destino de todos los profetas auténticos: ser bandera discutida, signo de contradicción. Todo profeta enviado por Dios está llamado a denunciar el mal para enderezar los senderos torcidos, por ello su prédica no puede esperar la adhesión entusiasta de las masas y multitudes. Muchos dirán acaso “qué bien habla”, pero cuando sus palabras como espada de doble filo penetren hasta lo más hondo de su ser y denuncien sus tinieblas, invitándolos a abandonar las sendas torcidas y convertirse de su mala conducta para caminar a la luz de los designios divinos, lejos de escucharlo con humildad y cambiar de vida buscarán quitar de en medio a quien denuncia su maldad.
El Señor sabe bien que “ningún profeta es bien recibido en su tierra”. La tarea del profeta no es fácil. Al mensajero divino que es fiel a su misión no le espera una multitudinaria acogida, fama, aplausos, reconocimiento de las multitudes o de los poderosos. Un profeta encontrará resistencia y oposición a veces muy dura, y la oposición más fuerte parece ser de los de su propia casa, es decir, de aquellos que viven con él y “ya lo conocen”.
Si Jesús encontró oposición, si Él fue rechazado por algunos, calumniado y perseguido, también yo, si vivo como discípulo suyo, si asumo la misión de anunciar su Evangelio, experimentaré en no pocas ocasiones la oposición y el rechazo de muchos. El Señor lo ha advertido: “El discípulo no es más que su Maestro”.
La conciencia de esta oposición que encontraremos no sólo en el mundo, sino incluso a veces entre nuestros propios familiares o amigos, no debe llevarnos a acobardarnos, desistiendo en el empeño de llevar una vida cristiana coherente y desistiendo de anunciar el Evangelio. Más allá de la resistencia de quienes se aferran a sus propias expectativas sobre nosotros, o a sus propios criterios errados o ideologías, o incluso a sus propios vicios y pecados, muchos están esperando que les anunciemos el Evangelio como testigos veraces y valientes del Señor, para decidirse también ellos a seguirlo y emprender así el Camino que conduce a la Vida plena.
CREO EN DIOS PADRE
El Credo especifica que Dios es el Padre omnipotente. Un Padre bueno, que nos ha bendecido antes de la creación del mundo. Dios no se cansa de nosotros, es amor que dona hasta el extremo, hasta el sacrificio del Hijo. La fe nos da esta certeza, que se convierte en una roca segura en la construcción de nuestra vida. La revelación bíblica nos ayuda a comprender esta expresión. Dios es Padre porque nos ha bendecido antes de la creación del mundo; su grandeza se manifiesta sobre la cruz. No es una fuerza que cambia los acontecimientos, sino que se expresa en la misericordia, en la incansable llamada a la conversión y en una actitud de paciencia, mansedumbre y amor.
DESDE LAS LETRAS
Donde hay Amor...
Fray Alejandro R. Ferreirós
Donde hay Amor no hay exilio, es tu morada
el Amor en el que, amante, me inhabitas
si por Ti cada minuto que palpita
el corazón se enciende en tu alborada.
Donde hay Amor no hay distancia que separe
el amante en el Amado está escondido
en su seno de gracia sumergido
una perla en el fondo de sus mares.
Donde hay Amor no hay tristeza ni pesares
su paz lo inunda todo y me sostiene
es la vida morada en la que viene
a llenar de calor las soledades.
Donde hay Amor el tiempo en agonía
se enciende de ilusión en su pobreza
exorciza el dolor y la tristeza
y nace de su seno tu alegría.
Donde hay Amor no hay exilio ni tormento
el fuego de mi ser todo lo llena
ya no hay miedo, ni soledad ni pena
Solamente el Amor, es tu alimento.
PRIMERA LECTURA:
Jeremías 1, 4-5. 17-19
"Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco; desde antes que nacieras, te consagré como profeta para las naciones”
SEGUNDA LECTURA:
Primera de San Pablo a los corintios 12, 31-13, 13
"Ahora tenemos estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor; pero el amor es la mayor de las tres”
EVANGELIO
San Lucas 4, 21-30
"Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra”
REFLEXIONANDO LA FE
El encuentro de Jesús con sus paisanos, les llena de asombro, no por lo que Jesús dice y hace, sino por lo que ellos creen saber: “¿No es éste el hijo de José?”. ¿Cómo era posible que alguien que había vivido entre ellos desde pequeño y nunca se había distinguido especialmente entre sus paisanos pudiese de pronto alzarse entre ellos y afirmar solemnemente que Él es el Mesías enviado por Dios? Surgió la desconfianza entre ellos, y la incredulidad dio paso a la dureza de corazón. No estaban dispuestos a aceptar que Él fuese el Mesías enviado por Dios mientras no fuesen ellos testigos de los signos y señales con los que ya se había manifestado en otros pueblos vecinos de Galilea. Ni sus palabras llenas de sabiduría ni tampoco los testimonios que había escuchado sobre Él eran suficientes. Ellos necesitaban ver por sí mismos alguna señal inequívoca.
El Señor no hace lo que le piden, no hace milagros para que le crean, sino que espera que crean en Él para hacer milagros. La fe no debe brotar de los milagros, antecede a los milagros. La fe es creer en el Señor por ser quien es y porque Él es de fiar. Así, lejos de ceder a sus exigencias les echa en cara su dureza de corazón. Su prédica se torna hostil e insoportable a sus oídos, de modo que en vez de convertirse de su incredulidad “se pusieron furiosos” y movidos por la ira lo sacaron fuera del pueblo con intención de despeñarlo por un barranco.
DIFÍCIL MISIÓN
En la vida de Jesús se realiza también el destino de todos los profetas auténticos: ser bandera discutida, signo de contradicción. Todo profeta enviado por Dios está llamado a denunciar el mal para enderezar los senderos torcidos, por ello su prédica no puede esperar la adhesión entusiasta de las masas y multitudes. Muchos dirán acaso “qué bien habla”, pero cuando sus palabras como espada de doble filo penetren hasta lo más hondo de su ser y denuncien sus tinieblas, invitándolos a abandonar las sendas torcidas y convertirse de su mala conducta para caminar a la luz de los designios divinos, lejos de escucharlo con humildad y cambiar de vida buscarán quitar de en medio a quien denuncia su maldad.
El Señor sabe bien que “ningún profeta es bien recibido en su tierra”. La tarea del profeta no es fácil. Al mensajero divino que es fiel a su misión no le espera una multitudinaria acogida, fama, aplausos, reconocimiento de las multitudes o de los poderosos. Un profeta encontrará resistencia y oposición a veces muy dura, y la oposición más fuerte parece ser de los de su propia casa, es decir, de aquellos que viven con él y “ya lo conocen”.
Si Jesús encontró oposición, si Él fue rechazado por algunos, calumniado y perseguido, también yo, si vivo como discípulo suyo, si asumo la misión de anunciar su Evangelio, experimentaré en no pocas ocasiones la oposición y el rechazo de muchos. El Señor lo ha advertido: “El discípulo no es más que su Maestro”.
La conciencia de esta oposición que encontraremos no sólo en el mundo, sino incluso a veces entre nuestros propios familiares o amigos, no debe llevarnos a acobardarnos, desistiendo en el empeño de llevar una vida cristiana coherente y desistiendo de anunciar el Evangelio. Más allá de la resistencia de quienes se aferran a sus propias expectativas sobre nosotros, o a sus propios criterios errados o ideologías, o incluso a sus propios vicios y pecados, muchos están esperando que les anunciemos el Evangelio como testigos veraces y valientes del Señor, para decidirse también ellos a seguirlo y emprender así el Camino que conduce a la Vida plena.
CREO EN DIOS PADRE
El Credo especifica que Dios es el Padre omnipotente. Un Padre bueno, que nos ha bendecido antes de la creación del mundo. Dios no se cansa de nosotros, es amor que dona hasta el extremo, hasta el sacrificio del Hijo. La fe nos da esta certeza, que se convierte en una roca segura en la construcción de nuestra vida. La revelación bíblica nos ayuda a comprender esta expresión. Dios es Padre porque nos ha bendecido antes de la creación del mundo; su grandeza se manifiesta sobre la cruz. No es una fuerza que cambia los acontecimientos, sino que se expresa en la misericordia, en la incansable llamada a la conversión y en una actitud de paciencia, mansedumbre y amor.
DESDE LAS LETRAS
Donde hay Amor...
Fray Alejandro R. Ferreirós
Donde hay Amor no hay exilio, es tu morada
el Amor en el que, amante, me inhabitas
si por Ti cada minuto que palpita
el corazón se enciende en tu alborada.
Donde hay Amor no hay distancia que separe
el amante en el Amado está escondido
en su seno de gracia sumergido
una perla en el fondo de sus mares.
Donde hay Amor no hay tristeza ni pesares
su paz lo inunda todo y me sostiene
es la vida morada en la que viene
a llenar de calor las soledades.
Donde hay Amor el tiempo en agonía
se enciende de ilusión en su pobreza
exorciza el dolor y la tristeza
y nace de su seno tu alegría.
Donde hay Amor no hay exilio ni tormento
el fuego de mi ser todo lo llena
ya no hay miedo, ni soledad ni pena
Solamente el Amor, es tu alimento.