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Desde lo alto de una cruz

El objeto romano de tortura es ahora el trono desde el que Dios nos llama a todos

GUADALAJARA, JALISCO (24/NOV/2013).- Angustioso, desconcertante, muy difícil de entender para los hombres de todos los tiempos, es el modo de manifestar Cristo su realeza —universal y eterna— desde ese trono: desde lo alto de una cruz.

Clavado de  pies y manos ha sido elevado para desde esa altura, entre el cielo y la Tierra, atraer a todos hacia su majestad, su grandeza sublime de vencedor de la muerte, del demonio y del pecado.

Allí es  rey. Allí lo dice una tabla escrita en tres idiomas:en el latín del imperio romano, amo y señor de los países mediterráneos; en griego, la lengua de los hombres sabios y artistas; en arameo,  para que todos los nativos reconocieran ahí al rey de los judíos.

Este domingo 24 de noviembre del año del Señor 2013, en miles de templos, en millares de pueblos y ciudades —no sólo en tres idiomas, sino en todas las lenguas de la Tierra—, se sigue proclamando con la palabra y más todavía, con la vida, y más aun, con la sangre, que la cruz es el trono y que Cristo es el rey de los judíos y de todos los hombres.

El reino de Cristo no ha pasado, ni pasará.

Las notas características de este reino son: espiritual, interior, de justicia, de amor, de santidad y de gracia.

Es el reino para alcanzar la inmortalidad, el deseo, el anhelo de todos los hombres, los que soñaban en la fuente maravillosa de la eterna juventud.

El reino de Cristo es la síntesis de toda criatura, todo ser humano, cuya perfección empieza en la Tierra y culmina en la eternidad.

Pbro. Jose R. Ramírez

LA PALABRA DE DIOS


• PRIMERA LECTURA:

Segundo libro de Samuel 5, 1-3

“Tú serás el pastor de Israel, mi pueblo; tú serás su guía. David hizo con ellos un pacto en presencia del Señor y ellos lo ungieron como rey”.

• SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a los colosenses 1, 12-20


“Dios quiso que en Cristo habitara toda plenitud y por Él quiso reconciliar consigo todas las cosas”.

• EVANGELIO:

San Lucas 23, 35-43


“Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”.

El robo que no fue


A lo largo de la historia, tanto de la humanidad como la personal, hemos sido testigos o víctimas de alguno o algunos robos, en donde somos privados de algo que nos pertenecía, ya que el verbo mismo “robar”, conforme a la Real Academia Española, dice: “Quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno”.

De los muchos acontecimientos que conforman la historia de la humanidad, algunos han sido efectuados con tal minuciosidad que son dignos de contarse, pero esto no los priva de que sigan siendo robos: bien planeados y ejecutados, pero robos.

Por desgracia, quizás más con un dejo de poesía y reflexión literaria, uno de los grandes pasajes de la historia de la salvación contenido en los evangelios se ha catalogado como robo, al grado de que a uno de los protagonistas lo conocemos a la fecha como el buen ladrón.

Este calificativo es para aquel hombre que efectivamente se confiesa como merecedor de morir en cruz, como morían los criminales, al decir: “Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos”. No robó nada desde la cruz; no robó su ingreso al Paraíso de los labios de Jesús, que también estaba en cruz, como Él mismo se lo asegura: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Lo que sí hizo fue reconocer que, como todos, estaba también llamado a participar de la salvación que Cristo vino a traernos; supo como pocos reconocer que en ese momento se efectuaba el sacrificio redentor: no robó nada, más bien entendió por fin para lo que había sido creado: participar de la gloria que Dios nos tiene reservada como hijos.

EL CULMEN DEL AÑO DE LA FE


Muchos bautizados no conocen bien en que consiste el don de la fe, y por lo tanto, no lo valoran ni lo viven con autenticidad, sino que optan por fundamentar su vida y sus acciones en creencias religiosas, en ideologías.

Es tan importante el conocimiento y la vivencia auténticos de la fe, para que nuestra vida de cristianos sea coherente, y por lo tanto fecunda, que es necesario estar continuamente meditando y reflexionando acerca de ella.

La fe es, en primer término creer en Dios; ante todo, es una aceptación incondicional de Dios, en la persona de su Hijo Jesucristo, por la acción del Espíritu Santo. Esta aceptación conlleva la aceptación de su Palabra, lo que significa creerle a Dios, a su plan de salvación, a sus mandatos.

La fe es un don, el cual, si es puesto en práctica, cultivado y acrecentado, se transforma en una virtud esencial en la persona, por la cual se da una respuesta positiva a Dios y a su Palabra. Respuesta que se concretiza en obediencia, confianza y entrega total a Él.

Ahora bien, son tres los elementos que intervienen en la virtud de la fe, y que avalan su autenticidad. El primero es la gracia de Dios. Sin ella no se puede hacer nada que tenga valor en el orden sobrenatural. El segundo es aquello en lo que creemos, lo revelado por Dios, que es el Cristo total. Y, tercero, nuestra respuesta, con actos y acciones concretas, surgidas de nuestra decisión, de nuestra voluntad, aunque algunas veces nuestro entendimiento no vea claro; es decir, una fe que nos lleve a la salvación, ha de manifestarse por el amor, con obras. El creer no basta, no es suficiente, se requieren también las buenas obras. La Sagrada Escritura lo afirma en muchos pasajes.

La fe auténtica, finalmente, tiene que impulsarnos para llegar al culmen del amor, que es ya no tanto el dar, como el darnos al Señor y a los demás. Ello se logra cuando se vive auténticamente el Señorío de Jesús, lo que significa rendirse a Él, pero transformando la propia vida; reconocerlo como el amo y dueño de todo lo que somos y tenemos, el verdadero Rey de nuestro ser, quehacer y poseer.

La Iglesia celebra la gran fiesta de Jesucristo, Rey del Universo; de un Rey cuyo reino no pertenece a la esfera del mundo, sino a la sobrenatural. Sin embargo, para los que luchamos por ser auténticos cristianos, ese reinado, por más extraordinario, sublime y portentoso que sea, no será pleno, si Jesucristo no es también el Rey de nuestro corazón y de nuestra vida entera; y para que realmente lo aceptemos como tal, hemos de darle una respuesta de auténtica fe y auténtica conversión.

Francisco Javier Cruz Luna

MÁS ALLÁ DEL MIEDO
San Agustín Caloca Cortez

Tener miedo es una sensación muy humana de la cual no puede reprocharse a nadie, porque es algo natural e innato, como lo es la alegría, la tristeza, el temor y otras sensaciones que acompañan a la persona en su humanidad.

El Padre Agustín Caloca fue otro de los sacerdotes jóvenes que ofrendaron su vida en los tiempos de la cristíada…. Él no andaba metido en revueltas, ya que su vocación le llevaba a centrarse en los aspectos más íntimos de su corazón, donde el amor a Jesucristo era el centro de su ser y de su hacer.

Por motivos evidentes en aquellos tiempos de persecución fue nombrado para hacerse cargo del Seminario de Totatiche, donde los jóvenes se preparaban para dar el paso al sacerdocio y servir así a la comunidad en nombre del Dios que vive en el corazón de cada ser humano.

Recordar ahora al Padre Agustín Caloca es sumamente emocionante, porque supo superar su miedo, supo también defender a los alumnos que tenía a su cargo y además, cuando, por su juventud y presencia, vieron que era un hombre valioso, le ofrecieron la libertad, pero no quiso aceptarla, a menos que dejaran libre también al Padre Cristóbal Magallanes que era su superior y su compañero en el camino hacia el Martirio.

En vista de la negativa a su petición, supo sacar de su corazón la frase que quedará registrada en su nombre para la historia: “Nosotros por Dios vivimos y por Él morimos”.

De su biografía sabemos que nació en San Juan Bautista del Teúl el 5 de mayo de 1898. En los inicios de su vocación ingresó en el seminario de Guadalajara. Luego, edificio durante la persecución regresó con su familia, pero continuó sus estudios en pequeño seminario bajo la dirección del P. Cristóbal Magallanes.

En 1919 regresó al seminario de Guadalajara y recibió la ordenación sacerdotal el 15 de agosto de 1923. Fue un modelo por el cumplimiento de sus obligaciones y por la práctica de las virtudes.

Después de ordenado sacerdote fue nombrado ministro de la parroquia de Totalice y prefecto del seminario, además se encargó de las rancherías, fundó centros de catecismo y organizó una semana social.

En el mes de mayo de 1927 cuando le avisaron que se acercaban las tropas del gobierno, el Padre Caloca ordenó a los seminaristas que huyeran y escondieran todo cuanto pudiera delatarlos. Él también trató de hacerlo, pero se encontró con un grupo de soldados que lo tomaron preso y lo llevaron a la cárcel de Totalice donde ya estaba el Padre Magallanes.

Luego ordenaron su traslado a Colotitlán; ahí los llevaron a la casa municipal que había sido quemada, y los formaron junto a uno de los muros donde fueron fusilados.

En 1933 se trasladaron sus restos a la parroquia de Totalice, se encontró incorrupto el corazón del Padre Caloca. Ahora Sus restos descansan con respeto y veneración en la parroquia de San Juan Bautista de El Teúl.

ORACIÓN

Señor Jesús, por tu infinita misericordia

te pedimos que al igual que a tus santos mártires,

nos concedas vivir alegres en nuestra vida

a pesar de los problemas y sufrimientos,

y que nuestro amor sea más grande

que el miedo al dolores y a las adversidades.

María Belén Sánchez, fsp

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