Ahora que concluyeron los 21 foros sobre la reforma energética que se llevaron a cabo desde mayo 13, tanto el PRI como el PRD ultiman los detalles de sus propuestas para que las comisiones de Energía y de Estudios Legislativos inicien el análisis de las diversas iniciativas que se presentan.
Durante 10 semanas han desfilado 163 diferentes ponentes entre legisladores, secretarios de Estado, gobernadores, intelectuales y especialistas, haciendo de este ejercicio un espacio de tiempo para que las fuerzas políticas acomoden sus fichas ante las batallas que se aproximan.
El interés por controlar el destino político y económico de México indudablemente pasa por el manejo del petróleo, y definir su rumbo no será cosa sencilla.
Si bien es cierto que dentro de los participantes en los foros hubo alguno que otro conocedor que mucho tiene para aportar al tema, la verdad de las cosas es que estos foros despertaron poco interés entre la ciudadanía, que desde un principio parecía convencida de que lo que está en juego en ese ejercicio es el control político del país y no las alternativas materiales que hagan más viable la explotación del oro negro, principal fuente de energía, divisas y fondos para las finanzas públicas del país.
Para muchos, el que estos foros se hayan llevado a cabo fue desde su inicio una derrota para el Presidente Felipe Calderón, quien presentara la primera iniciativa que más que una reforma energética, fue un replanteamiento del modus operandi de Petróleos Mexicanos. Hoy que éstos han terminado, la sensación es aun más profunda, sin que hasta este momento se cuente con alguna otra opción que ofrezca mejores condiciones.
El PRI ha señalado que su propuesta de reforma petrolera deja en manos del Estado mexicano la explotación de nuevos yacimientos, la refinación del petróleo y lo referente a ductos y almacenaje de los hidrocarburos, así como dar mayor velocidad a la exploración de nuevos yacimientos y a la reposición de las reservas petroleras que se han perdido.
Por su parte, el PRD advierte que su propuesta contempla que Pemex mantenga la rectoría en la fase de exploración y perforación, y que sea responsable de la refinación, construcción y operación de ductos, así como del almacenamiento de petrolíferos.
En esencia, las propuestas no parecen del todo divergentes, sin embargo, cuando de manipular los tiempos políticos y de garantizar protagonismo se trata, los partidos políticos encuentran los caminos para presentar sus facturas.
Es lamentable que ante un tema tan serio y delicado, del que depende, entre otras cosas, la estabilidad financiera a mediano plazo del país, el ego de algunos políticos pretenda secuestrar el rumbo y ritmo del país.
Encontrar soluciones viables que maximicen el valor de nuestro acervo petrolero es un reto que técnicamente tiene solución, pero evidentemente no sólo se trata de eso, sino de un botín del que nadie quiere dejar de participar y mientras tanto, el país debe esperar. A nadie parecen preocuparle las consecuencias.
Durante 10 semanas han desfilado 163 diferentes ponentes entre legisladores, secretarios de Estado, gobernadores, intelectuales y especialistas, haciendo de este ejercicio un espacio de tiempo para que las fuerzas políticas acomoden sus fichas ante las batallas que se aproximan.
El interés por controlar el destino político y económico de México indudablemente pasa por el manejo del petróleo, y definir su rumbo no será cosa sencilla.
Si bien es cierto que dentro de los participantes en los foros hubo alguno que otro conocedor que mucho tiene para aportar al tema, la verdad de las cosas es que estos foros despertaron poco interés entre la ciudadanía, que desde un principio parecía convencida de que lo que está en juego en ese ejercicio es el control político del país y no las alternativas materiales que hagan más viable la explotación del oro negro, principal fuente de energía, divisas y fondos para las finanzas públicas del país.
Para muchos, el que estos foros se hayan llevado a cabo fue desde su inicio una derrota para el Presidente Felipe Calderón, quien presentara la primera iniciativa que más que una reforma energética, fue un replanteamiento del modus operandi de Petróleos Mexicanos. Hoy que éstos han terminado, la sensación es aun más profunda, sin que hasta este momento se cuente con alguna otra opción que ofrezca mejores condiciones.
El PRI ha señalado que su propuesta de reforma petrolera deja en manos del Estado mexicano la explotación de nuevos yacimientos, la refinación del petróleo y lo referente a ductos y almacenaje de los hidrocarburos, así como dar mayor velocidad a la exploración de nuevos yacimientos y a la reposición de las reservas petroleras que se han perdido.
Por su parte, el PRD advierte que su propuesta contempla que Pemex mantenga la rectoría en la fase de exploración y perforación, y que sea responsable de la refinación, construcción y operación de ductos, así como del almacenamiento de petrolíferos.
En esencia, las propuestas no parecen del todo divergentes, sin embargo, cuando de manipular los tiempos políticos y de garantizar protagonismo se trata, los partidos políticos encuentran los caminos para presentar sus facturas.
Es lamentable que ante un tema tan serio y delicado, del que depende, entre otras cosas, la estabilidad financiera a mediano plazo del país, el ego de algunos políticos pretenda secuestrar el rumbo y ritmo del país.
Encontrar soluciones viables que maximicen el valor de nuestro acervo petrolero es un reto que técnicamente tiene solución, pero evidentemente no sólo se trata de eso, sino de un botín del que nadie quiere dejar de participar y mientras tanto, el país debe esperar. A nadie parecen preocuparle las consecuencias.