Pues que llega un compadre a preguntarle a su mejor amigo: —— Dígame, ¿dónde quedaron las damas?
— Como dijo don Teofilito, pues en el mismo lugar donde se quedaron los caballeros.
— Achis, ahora si que me dejaron en donde mismo —contestó el compadre. La verdad ando muy confundido, las mujeres, hoy en día, también te hablan de “güey”, se emborrachan y quieren todo… usted sabe a que me refiero. Y lo peor es que pelean como machos, discuten al tu por tu y se sienten muy alzaditas. — ¿No será que las damas de a de veras son una especie en “extinción”? Esas mujeres de figurín que eran inteligentes, todas correctas, que se sabían sentar como Dios manda, con una coquetería elegante y discreta, de bonita y dulce voz, dispuestas a escuchar y a servir, sin dejarse humillar. Mujeres que se entregaban a sus tareas y compromisos, sin quejarse ni discutir. Que tenían respeto y admiración por sus esposos. Incluso, que con sabiduría y astucia los obedecían.
— Ya párele compadre, deje de soñar y hacer fantasías. Eso ya no existe. Esas mujeres han desaparecido. Ahora lo que ve es lo que hay. Si no te comportas te mandan por un tubo, y si no cumples te reclaman, además ya ni te hacen caso, mucho menos te obedecen, eso lo consideran una ofensa. Para muchas mujeres, los hombres somos una bola de mentirosos, egoístas y desgraciados, sólo nos tienen que exigir para que cumplamos. Si no pues, se ponen más gallitos que uno y te pelean y quitan todo lo que pueden.
— Ahora sí que me deja más confundido, compadre, así ni quien las quiera, por eso andan las cosas así. Ni damas, ni caballeros. Porque la neta es que también nos hemos hecho muy irresponsables, nos hemos quedado sin ese honor y dignidad.
— Vamos a preguntarle a nuestro buen amigo el maestro, qué pasa.
Se van con el amigo erudito, un estudioso de la sociología y las ciencias humanas, fue su compañero de la infancia, ahora es un hombre afable, culto, exitoso como conferencista y consultor.
— Maestro, venimos a preguntarle ¿qué onda con las damas, existen todavía?
— Pues claro que si, menos que antes, pero si hay muchas. Ahora son profesionistas y ejecutivas de grandes empresas, brillantes políticas y excelentes amas de casa.
— Compadre, ahora sí que nos encontramos con uno más fantasioso y soñador que nosotros, éste anda más confundido. Ya porque las ve muy arregladitas y todas muy sabiondas, cree que son damas.
— No maestro, nos referimos a las verdaderas damas.
— ¡Ah caray¡ ¿A cuáles se refieren?
Y le explicaron todo el par de compadres.
El maestro no pudo más que contestar:
— Pues la verdad estoy de acuerdo con ustedes. Se nos acaban las damas y los caballeros también, porque una dama siempre educaba a un caballero ¿Ahora, quién hará la tarea?
— Vamos a tomarnos un cafecito, esto lo arreglamos con alegría, ya ni llorar es bueno.
GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.
Correo electrónico: dellamary@yahoo.com
— Como dijo don Teofilito, pues en el mismo lugar donde se quedaron los caballeros.
— Achis, ahora si que me dejaron en donde mismo —contestó el compadre. La verdad ando muy confundido, las mujeres, hoy en día, también te hablan de “güey”, se emborrachan y quieren todo… usted sabe a que me refiero. Y lo peor es que pelean como machos, discuten al tu por tu y se sienten muy alzaditas. — ¿No será que las damas de a de veras son una especie en “extinción”? Esas mujeres de figurín que eran inteligentes, todas correctas, que se sabían sentar como Dios manda, con una coquetería elegante y discreta, de bonita y dulce voz, dispuestas a escuchar y a servir, sin dejarse humillar. Mujeres que se entregaban a sus tareas y compromisos, sin quejarse ni discutir. Que tenían respeto y admiración por sus esposos. Incluso, que con sabiduría y astucia los obedecían.
— Ya párele compadre, deje de soñar y hacer fantasías. Eso ya no existe. Esas mujeres han desaparecido. Ahora lo que ve es lo que hay. Si no te comportas te mandan por un tubo, y si no cumples te reclaman, además ya ni te hacen caso, mucho menos te obedecen, eso lo consideran una ofensa. Para muchas mujeres, los hombres somos una bola de mentirosos, egoístas y desgraciados, sólo nos tienen que exigir para que cumplamos. Si no pues, se ponen más gallitos que uno y te pelean y quitan todo lo que pueden.
— Ahora sí que me deja más confundido, compadre, así ni quien las quiera, por eso andan las cosas así. Ni damas, ni caballeros. Porque la neta es que también nos hemos hecho muy irresponsables, nos hemos quedado sin ese honor y dignidad.
— Vamos a preguntarle a nuestro buen amigo el maestro, qué pasa.
Se van con el amigo erudito, un estudioso de la sociología y las ciencias humanas, fue su compañero de la infancia, ahora es un hombre afable, culto, exitoso como conferencista y consultor.
— Maestro, venimos a preguntarle ¿qué onda con las damas, existen todavía?
— Pues claro que si, menos que antes, pero si hay muchas. Ahora son profesionistas y ejecutivas de grandes empresas, brillantes políticas y excelentes amas de casa.
— Compadre, ahora sí que nos encontramos con uno más fantasioso y soñador que nosotros, éste anda más confundido. Ya porque las ve muy arregladitas y todas muy sabiondas, cree que son damas.
— No maestro, nos referimos a las verdaderas damas.
— ¡Ah caray¡ ¿A cuáles se refieren?
Y le explicaron todo el par de compadres.
El maestro no pudo más que contestar:
— Pues la verdad estoy de acuerdo con ustedes. Se nos acaban las damas y los caballeros también, porque una dama siempre educaba a un caballero ¿Ahora, quién hará la tarea?
— Vamos a tomarnos un cafecito, esto lo arreglamos con alegría, ya ni llorar es bueno.
GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.
Correo electrónico: dellamary@yahoo.com