¿Y el referéndum...?

ENTRE VERAS Y BROMAS               

En los tiempos violentos —propiamente dichos— de la temible Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), a los incrementos en las tarifas del transporte urbano seguía, ipso facto, el secuestro y la quema en la vía pública de unas cuantas unidades. De nada servía para efectos prácticos, pero la fiereza del gesto ahí quedaba. En los tiempos presentes, la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) optó, en circunstancias similares, por la vía civilizada, según eso. Invocó, para el caso, el recurso legal —e inédito aún— de promover un referéndum.            

Ésta es, contada a grandes rasgos, la historia...

—II—

Hace siete meses, el gobernador del Estado emitió el decreto que autorizaba las nuevas tarifas del transporte urbano. Al efecto de acogerse a la flamante modalidad del referéndum —lo que habría significado un salto espectacular de Guadalajara hacia la modernidad—, la FEU recabó las firmas de ciudadanos necesarias para cumplimentar el trámite. Por allá a las tantas, el Instituto Electoral de Jalisco (IEJ) resolvió que había inconsistencias en algunas de las firmas, y que era necesario revisarlas, con la consiguiente pérdida de tiempo y dinero.

Ahora —dicen— pudiera ser que el IEJ recomiende revocar el decreto, en lo que se convalidan las dichosas firmas. Ya dijo el secretario general de Gobierno (bueno: no fue exactamente lo que dijo, pero sí lo que dio a entender) que, “si saben contar, no cuenten con eso”... Pero aun en la remota hipótesis de que se aceptara la recomendación, se volviera a la tarifa de hace siete meses (ahora que los camioneros están por solicitar un nuevo incremento, acorde a los aumentos en combustibles y demás insumos), se hiciera el referéndum, la “vox pópuli” rechazara la tarifa nueva, se congelara la anterior, los permisionarios retiraran sus unidades por resultarles incosteable su operación, y la gente, en fin, se quedara sin camiones, la conclusión sería que el supuesto remedio saldría peor que la enfermedad.

—III—

Colofón: sin ánimo de suspirar por los expeditivos y brutales procedimientos de la añeja FEG, a la vista de cuán tortuosos son los vericuetos de la burocracia, es inevitable pensar que, para ciertos casos, los antiguos cromagnones eran más “sapiens” que los dizque “homo sapiens” actuales...
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