A 22 años de distancia, y cuando supuestamente está vigente la democracia en México, Calderón resultó más represor y vengativo que Miguel de la Madrid y Manuel Bartlett Díaz, presidente y secretario de Gobernación, en 1986, tiempos juveniles de Calderón, que tenía 23 años y se introdujo en la cajuela de un auto a Los Pinos para protestar por el resultado de las elecciones en Chihuahua, con una manta que decía: “ La Democracia pasa por Chihuahua”, ante los dos funcionarios que padecieron al “insolente y majadero” panista, al que expulsaron del salón.
Curiosamente en ese libro, Calderón omite el señalamiento de “traidor a la democracia” que le dirigió a Bartlett, pero ambos episodios los narró a Carmen Aristegui, autora de: “Uno de dos”, escrito en vísperas de las elecciones de 2006.
Por como cuenta los detalles, para Calderón esos lances son dos medallas prendidas a su chaqueta militar en recompensa a su valor, cualidades que les escamoteó a los dos muchachos que lo interpelaron sobre su condición de gobernante ilegítimo en la pasada entrega de los premios a la juventud.
Hace días, cuando los elementos del Estado Mayor Presidencial (EMP) aprehendieron y desaparecieron a los dos muchachos, uno de 17 años y otro de 23, por espacio de dos horas, Calderón perdió la oportunidad de tener un gesto de acercamiento y en cambio les dio trato de criminales, sobre todo a Gómez, quien por sus méritos estaba ahí para recoger un merecido premio a su desempeño como alumno de matemáticas, y no por haberse introducido en una cajuela para agredir a los gobernantes en turno. Como lo hizo Calderón a sus 23 años.
Esas acciones reprobatorias al Jefe del Ejecutivo federal en turno las cometió él mismo hace más de dos décadas, cuando ingresó a Los Pinos subrepticiamente.
— ¿Y qué pasó después de la manta?, le cuestionó Aristegui.
— Después de la manta el Estado Mayor Presidencial nos sitió, no nos dejó ir al baño ni a comer ni nada. Y bueno, ya por la tarde-noche, tuve que ir a un foro de la Comisión Federal Electoral, encabezada por Bartlett.
— Me tocó exponer sobre la democracia en el Distrito Federal, pero lo que no pude evitar fue decirle a Bartlett, que era el que conducía la mesa ahí, que me daba vergüenza estar sentado en la mesa de los asesinos de la democracia. Me sentí hostigado, amenazado por la gente de Gobernación, me sacaron del salón y cosas así.
— ¿Cuál era la idea central de aquel discurso que pronunciaste?
— La ponencia que traía era sobre la creación del Estado 32, pero, mi intervención fue totalmente dirigida contra el autoritarismo y a la antidemocracia, al fraude de Chihuahua (…).
Vueltas que da la vida.
MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
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