Hay, a simple vista, al menos un par de errores en la posición “Voy derecho y no me quito”, que asumió el gobernador Emilio González Márquez en torno a la polémica relacionada con el Macrobús...
—II—
(Al efecto de contextualizar, paréntesis obligado: la polémica propiamente dicha surgió a poco de que comenzó a funcionar, a principios del año, la Línea 1 del sistema. Brotó a raíz de la inconformidad —no queda claro si espontánea o inducida— de los vecinos de Loma Dorada, en Tonalá, ante las versiones de que sus fincas se verían afectadas por la necesidad de ampliar la sección de la avenida, más la convicción de que la eliminación de espacios para estacionamiento de vehículos en la vía pública perjudicaría a los negocios instalados sobre la misma avenida. La respuesta oficial fue en el sentido de que los vecinos podían estar tranquilos; de que no habría tal; de que no dieran crédito a los rumores; de que creyeran en la veracidad y en el compromiso social de los gobernantes... El caso fue que, casi simultáneamente, los candidatos de todos los partidos se apresuraron a incorporar el tema a la agenda de las campañas previas a las elecciones del pasado día 5. Por supuesto, la mayoría de los discursos —cabe la malévola interpretación de que más por conveniencia que por compromiso— se sumaron a las voces disidentes. Empero, pasadas las elecciones, los gobernantes electos tuvieron que dejar de pensar en la rentabilidad política de tal o cual discurso... y buscar soluciones factibles para los graves problemas de movilidad urbana de Guadalajara y anexas).
—III—
En ese orden de ideas, los padres del Macrobús están debiendo —primer error... u omisión, si se prefiere—, más allá de los argumentos de saliva, un estudio serio sobre la aceptación o rechazo social y los beneficios o perjuicios en utilidad y en ahorro de tiempo y dinero que ha reportado a los usuarios la Línea 1. Y antes de dar por hecho que las líneas 2 y 3 del Macrobús se realizarán como está proyectado, tope donde topare, convendría no olvidar —porque sería el segundo, gravísimo error— que, en el sexenio pasado, el Gobierno federal decidió construir en San Salvador Atenco un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México; que los comuneros sacaron los machetes para enfatizar su rotunda oposición al proyecto..., y que el cacareado aeropuerto no se construyó.
Colofón: quien olvide esa lección de la historia, está amenazado con ver que se repita.
ENTRE VERAS Y BROMAS
JAIME GARCÍA ELÍAS
—II—
(Al efecto de contextualizar, paréntesis obligado: la polémica propiamente dicha surgió a poco de que comenzó a funcionar, a principios del año, la Línea 1 del sistema. Brotó a raíz de la inconformidad —no queda claro si espontánea o inducida— de los vecinos de Loma Dorada, en Tonalá, ante las versiones de que sus fincas se verían afectadas por la necesidad de ampliar la sección de la avenida, más la convicción de que la eliminación de espacios para estacionamiento de vehículos en la vía pública perjudicaría a los negocios instalados sobre la misma avenida. La respuesta oficial fue en el sentido de que los vecinos podían estar tranquilos; de que no habría tal; de que no dieran crédito a los rumores; de que creyeran en la veracidad y en el compromiso social de los gobernantes... El caso fue que, casi simultáneamente, los candidatos de todos los partidos se apresuraron a incorporar el tema a la agenda de las campañas previas a las elecciones del pasado día 5. Por supuesto, la mayoría de los discursos —cabe la malévola interpretación de que más por conveniencia que por compromiso— se sumaron a las voces disidentes. Empero, pasadas las elecciones, los gobernantes electos tuvieron que dejar de pensar en la rentabilidad política de tal o cual discurso... y buscar soluciones factibles para los graves problemas de movilidad urbana de Guadalajara y anexas).
—III—
En ese orden de ideas, los padres del Macrobús están debiendo —primer error... u omisión, si se prefiere—, más allá de los argumentos de saliva, un estudio serio sobre la aceptación o rechazo social y los beneficios o perjuicios en utilidad y en ahorro de tiempo y dinero que ha reportado a los usuarios la Línea 1. Y antes de dar por hecho que las líneas 2 y 3 del Macrobús se realizarán como está proyectado, tope donde topare, convendría no olvidar —porque sería el segundo, gravísimo error— que, en el sexenio pasado, el Gobierno federal decidió construir en San Salvador Atenco un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México; que los comuneros sacaron los machetes para enfatizar su rotunda oposición al proyecto..., y que el cacareado aeropuerto no se construyó.
Colofón: quien olvide esa lección de la historia, está amenazado con ver que se repita.
ENTRE VERAS Y BROMAS
JAIME GARCÍA ELÍAS