Elemento irrenunciable, renovado y de respetuosa recordación es la Virgen de Guadalupe, también nombrada del Tepeyac, por el sitio de aparición al devoto Juan Diego, convertido en conductor del mensaje inescrutable: la existencia de flores rosas en el cerro que al entregarlas a los integrantes del clero descubrieron sobre el rudo tejido de la tilma de Juan Diego la imagen de la Virgen, hasta hoy venerada por millones de creyentes. La fecha da para convenir en creer y crear confianza para el sustento de realización y anhelos de bienestar.
Confiar en nosotros
La devoción perdura en el Estado estructurado por la Constitución, a su vez requirente de cambios acordes a las condiciones y circunstancias del entorno cercano y arcano. De ahí surgen obligaciones y derechos: El Poder Ejecutivo asume el compromiso de cumplir la conducción de acuerdos a satisfacción, emanados de la representación creada en el Legislativo, con pena sancionable por el Judicial.
Diferencias circunstanciales definen a los tiempos reconvirtiendo deberes que, merced a la democracia, promueven el entendimiento de realidad y satisfacción en un plano de insoslayable soberanía.
Concurrimos en tiempo a desviaciones en círculos concéntricos y corrosivos de la idealizada subsidiariedad de las épocas Virreinal, Independiente o Revolucionaria. Con disciplina relajada se convida al crimen, la anarquía y ésta a la represión conducente a la peligrosa dictadura.
Hoy, la voluntad general se deposita en un constructor de leyes —diputado—, normas y reglamentos sustentados en interés de beneficio común, en oposición a intereses sectoriales y particulares. Ésta es la apariencia, apartada de la realidad.
El poder se transfiere a la voluntad de grupos ajenos a la voluntad de los electores, creando desviaciones sobre el presente sin ilusiones del provenir. Éste es el legado, intangible divisor entre lo deseable y lo alcanzable: poder con soberanía del Estado.
Creencia, religión y lenguaje es el legado europeo, concretamente hispano, que nos acercan identidad a los símbolos patrios con dignidad y pertinente devoción. El ímpetu catalizador de las ideas procedentes de cualquier parte del mundo, cercana o lejana, impone crear sobre las bases de nuestra idiosincrasia, antes de reparar, fabricar antes que maquilar, ser originales antes que simples imitadores de modelos foráneos.
Porque la soberanía es incompartible e inajenable, mucho menos corruptible. Se puede obtener la libertad, pero nunca recobrarla.
La celebración anual del 12 de diciembre tiene la virtud de acercar sentimientos, devoción y alientos de autodeterminación.
Dios nos guarde de la discordia.
CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico sicpm@informador.com.
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La devoción perdura en el Estado estructurado por la Constitución, a su vez requirente de cambios acordes a las condiciones y circunstancias del entorno cercano y arcano. De ahí surgen obligaciones y derechos: El Poder Ejecutivo asume el compromiso de cumplir la conducción de acuerdos a satisfacción, emanados de la representación creada en el Legislativo, con pena sancionable por el Judicial.
Diferencias circunstanciales definen a los tiempos reconvirtiendo deberes que, merced a la democracia, promueven el entendimiento de realidad y satisfacción en un plano de insoslayable soberanía.
Concurrimos en tiempo a desviaciones en círculos concéntricos y corrosivos de la idealizada subsidiariedad de las épocas Virreinal, Independiente o Revolucionaria. Con disciplina relajada se convida al crimen, la anarquía y ésta a la represión conducente a la peligrosa dictadura.
Hoy, la voluntad general se deposita en un constructor de leyes —diputado—, normas y reglamentos sustentados en interés de beneficio común, en oposición a intereses sectoriales y particulares. Ésta es la apariencia, apartada de la realidad.
El poder se transfiere a la voluntad de grupos ajenos a la voluntad de los electores, creando desviaciones sobre el presente sin ilusiones del provenir. Éste es el legado, intangible divisor entre lo deseable y lo alcanzable: poder con soberanía del Estado.
Creencia, religión y lenguaje es el legado europeo, concretamente hispano, que nos acercan identidad a los símbolos patrios con dignidad y pertinente devoción. El ímpetu catalizador de las ideas procedentes de cualquier parte del mundo, cercana o lejana, impone crear sobre las bases de nuestra idiosincrasia, antes de reparar, fabricar antes que maquilar, ser originales antes que simples imitadores de modelos foráneos.
Porque la soberanía es incompartible e inajenable, mucho menos corruptible. Se puede obtener la libertad, pero nunca recobrarla.
La celebración anual del 12 de diciembre tiene la virtud de acercar sentimientos, devoción y alientos de autodeterminación.
Dios nos guarde de la discordia.
CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico sicpm@informador.com.