Visión y decisión

Guadalajara volvió a ser motivo de atracción para los medios de comunicación del mundo. Las circunstancias son diferentes a las otras reuniones de este tipo. La crisis en Estados Unidos y su reflejo a los socios México y Canadá, han acentuado la atención en espera de soluciones, aunque algunas por su magnitud natural sobrepasan la sola voluntad de los mandatarios y sus asesores; es cuestión de tiempo con unidad de propósitos y cambios de estrategias.

Cumbre de América del Norte

Nos toca participar con acciones al interior, sin esperar milagros o benevolencia regularmente hermanada a legítima conveniencia del exterior.

La Cumbre atrajo, sin mencionarlo, la reflexión formal de contribuir a la cooperación regional y retribuir a la población con seguridad integral, rompiendo inercias con prudente audacia para poner al día la política económica.

La legitimación de gobernantes ante la opinión pública es materia pendiente con vías acceso a la transformación de objetivos en métodos constructivos, de manera institucional y continuada, que cohesione las acciones de gobierno hacia la democratización auténticamente ajena la partidocracia.

Es pronto y a la vez urgente mirar al frente con optimismo emanado de la confianza que genere credibilidad hacia postulados y propuestas. La lucha social comienza con objetivos claros y contundentes. Impunidad, narcoviolencia, complicidad y corrupción son componentes de la crisis al interior de los partidos políticos, productores de miedo por inestabilidad y reflujo de frustración.

Las leyes existen sin aplicación expedita justa y ajustada a las modalidades impuestas por la tecnología que da nuevo sentido al comportamiento de la población joven, ésta, ansiosa de ver fluida efectividad en cuanto a legalidad con legitimidad.

La Cumbre tiene raíces profundas: Residentes, no migrantes alimentados por la desesperación, es tema pendiente; tema que fraguó esperanzas aquel 1 de enero de 1994 al entrar en vigor el Tratado de Libre Comercio —NAFTA en inglés— al que hasta hoy falta esa solución a los conflictos propios de toda vecindad con ingredientes de desigualdad. Las restricciones migratorias, extendidas por Canadá, tienen congruencia fundamentada en el derecho de sus habitantes, pero falta también el aprecio a la aportación de los migrantes para su desarrollo; no como una dádiva, sino como la formulación auténtica del proceso de integración a que dio luz el TLC.

Falta mucho por hacer y la crisis del Norte demuestra el imperativo de buscar, encontrar y forjar soluciones desde el interior con la honesta aplicación de recursos. Economía, salud, educación, entre otras asignaturas, reclaman cambio pronto y bueno. Ya está a la vista el 1 de septiembre con el Congreso federal en funciones para provocar el cambio propuesto e independiente de la Cumbre.
Dios nos guarde de la discordia.

CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx
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