La ideología de los partidos políticos es la notable ausencia y causa de la desorganización percibida y hasta división que se refleja en las campañas electorales. Ningún candidato logra penetración y dependiendo, como depende, de dar a saber quién es, a qué aspira y cuál partido lo postula, olvida su propuesta, plan, promesa y proyecto al ser electo.
Alguien tendrá que ser
La desorganización proyecta algo más de lo que debe ser el punto de encuentro con la persona en posición de gobierno, autoridad y legislador. Falta coordinación o guía intelectual de la teoría vinculante de las acciones entre los atributos y acciones de gobierno con la posibilidad de acciones congruentes y con ello: efectividad en el servicio público.
Las campañas dicen mucho de la desorientación y nada del servicio a los intereses de la sociedad en materias fundamentales: educación, empleo, seguridad. En general carecen de expresión del “cómo” superar las fallas, deterioro y carencia de unidad entre población y Gobierno. En la agenda no hay respuesta al reclamo de trabajo legislativo sobre actualización de leyes y relación con las autoridades de los tres órdenes de Gobierno en tareas coordinadas a partir de hipótesis, tesis y la síntesis práctica de servicio al seno de la sociedad. Precisamente lo contrario a la anarquía servidora de intereses deleznables.
Los enunciados están gastados por el incumplimiento en la realidad palpable en la circunstancia, donde se derivan culpas a culpables, sin hallar responsables que den congruencia al crecimiento con desarrollo sustentado. Verdades tan sabidas como evidentes en las campañas son pronunciamientos huecos; pensados a gusto, medida y satisfacción del candidato, mas no de la población que, adicionalmente, paga tales campañas vía impuestos, sin recibir a cambio la propuesta factible que dé confianza con pertinencia y formalice las vías de credibilidad perdida.
El desaseo creado por las campañas irrumpe nuevamente en la imagen visual que adicionalmente genera compromisos ulteriores, alejando el respeto a la vía pública y corrompiendo el reglamento al uso de los espacios. Este simple y solo ejemplo da imagen de quién y cómo hará su administración de gobierno.
La simple lectura u observación de los mensajes, carentes en su mayoría de profundidad y apego al principio de establecer promesa básica en función de los intereses y hasta exigencias del receptor, dejan ver la superficialidad y la sola ambición de alcanzar el puesto público sin la comprensión de cuanto implica de responsabilidad ante la sociedad. Por experiencia centenaria se sabe del peligro en que se incurre.
La conciencia pública tiene entendido en esta ocasión, más que en las pasadas, que a quien otorga el voto, y con él su confianza, adquiere el compromiso de cumplir honestamente el ejercicio de su autoridad. No hay carta blanca y la revocación de mandato, así como la supresión de diputados plurinominales son reclamos inaplazables para cumplir y hacer cumplir la Constitución en el área de la función pública.
Dios nos guarde de la discordia.
CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico sicpm@informador.com.mx
Alguien tendrá que ser
La desorganización proyecta algo más de lo que debe ser el punto de encuentro con la persona en posición de gobierno, autoridad y legislador. Falta coordinación o guía intelectual de la teoría vinculante de las acciones entre los atributos y acciones de gobierno con la posibilidad de acciones congruentes y con ello: efectividad en el servicio público.
Las campañas dicen mucho de la desorientación y nada del servicio a los intereses de la sociedad en materias fundamentales: educación, empleo, seguridad. En general carecen de expresión del “cómo” superar las fallas, deterioro y carencia de unidad entre población y Gobierno. En la agenda no hay respuesta al reclamo de trabajo legislativo sobre actualización de leyes y relación con las autoridades de los tres órdenes de Gobierno en tareas coordinadas a partir de hipótesis, tesis y la síntesis práctica de servicio al seno de la sociedad. Precisamente lo contrario a la anarquía servidora de intereses deleznables.
Los enunciados están gastados por el incumplimiento en la realidad palpable en la circunstancia, donde se derivan culpas a culpables, sin hallar responsables que den congruencia al crecimiento con desarrollo sustentado. Verdades tan sabidas como evidentes en las campañas son pronunciamientos huecos; pensados a gusto, medida y satisfacción del candidato, mas no de la población que, adicionalmente, paga tales campañas vía impuestos, sin recibir a cambio la propuesta factible que dé confianza con pertinencia y formalice las vías de credibilidad perdida.
El desaseo creado por las campañas irrumpe nuevamente en la imagen visual que adicionalmente genera compromisos ulteriores, alejando el respeto a la vía pública y corrompiendo el reglamento al uso de los espacios. Este simple y solo ejemplo da imagen de quién y cómo hará su administración de gobierno.
La simple lectura u observación de los mensajes, carentes en su mayoría de profundidad y apego al principio de establecer promesa básica en función de los intereses y hasta exigencias del receptor, dejan ver la superficialidad y la sola ambición de alcanzar el puesto público sin la comprensión de cuanto implica de responsabilidad ante la sociedad. Por experiencia centenaria se sabe del peligro en que se incurre.
La conciencia pública tiene entendido en esta ocasión, más que en las pasadas, que a quien otorga el voto, y con él su confianza, adquiere el compromiso de cumplir honestamente el ejercicio de su autoridad. No hay carta blanca y la revocación de mandato, así como la supresión de diputados plurinominales son reclamos inaplazables para cumplir y hacer cumplir la Constitución en el área de la función pública.
Dios nos guarde de la discordia.
CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
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