La identidad nacional se sustenta en lenguaje, religiosidad y las luchas por alcanzar la justicia social. Nuestra circunstancia, como la de todos los países y regiones, cambia vertiginosamente con variadas y variables expresiones motivo de la reflexión particular.
Identidad y dignidad
Durante el pasado siglo y lo transcurrido del actual, la Humanidad adquirió dimensiones desconocidas que conllevan a pensar respecto hacia dónde se dirige. Si por una parte los nacimientos se han sextuplicado y por otra cuenta con armas poderosas. Si la ciencia ha dominado endemias y epidemias, la destrucción de vidas por adicciones es reflejo de una sociedad carente de autoestima. Si para los medios de comunicación no hay fronteras, para los seres humanos sí.
Esta fecha convida a recordar la devoción que hasta extremos de sacrificio y en algunos casos laceración, aún se ve en la añosa Calzada conducente a la Basílica de Guadalupe en la Gran Capital, centro neurálgico de México. La devoción existe como las aflicciones y se difunde con la imagen Guadalupana a ciudades, poblados y rancherías en una expresión de identidad que el mismo Miguel Hidalgo empleó como estandarte.
El sincretismo de valores es evidente e induce la necesidad de llevarlos al plano de la dignidad, con el propósito de mostrarlos al mundo y elevar la lucha por la dignidad, en parte disminuida en paralelo a la ignorancia, causa y consecuencia de la desigualdad y el rencor expuesto en la criminalidad.
Transitamos una época difícil por la insatisfacción que provoca la exhibición de lo superfluo y el intento por ocultar la contraria realidad. Los esfuerzos de Gobierno y privados son muchos, pero incompetentes para alimentar bocas desesperadas que se acercan consuelo en la oración o se rebelan evadiéndose por la ruta de la adicción y el crimen.
Identidad y dignidad están separadas por las eternas diferencias, ahora amplificadas por el desarrollo científico, que a través de tecnología aleja saber de experiencia. Lo opuesto es posible, al margen de utopías, demagogia o populismo, mediante la participación de los líderes sociales y el empleo de los valores que nos identifican y en teoría nos unen a los mexicanos.
Este 12 de diciembre es una de las fechas dignas de reflexionar con sentido actual y verdadero. Es necesario volver al pasado para comprender el presente y diseñar el futuro sobre los activos auténticos de nacionalismo compartido, a que impele la globalidad. Es necesario dar, a cambio de construir un régimen equilibrado con otras regiones y naciones. La crisis actual, que a millones de seres humanos lastima, es un ajuste aprovechable para comprender la realidad de nuestra circunstancia social y particular para emerger activos de dignidad que nos da la identidad.
Dios nos guarde de la discordia.
CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
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