La triste y eterna ironía de comparar pasado con presente sólo tiene validez en el diseño de fórmulas y formas que den sentido al futuro. Septiembre tuvo un sello raro, cuando hasta la desgracia física impidió al Presidente Calderón ondear la Bandera y agitar el badajo que hiciera sonar la campana de Dolores en la forma tradicional y simultánea que hacía vibrar los corazones de mexicanos esperanzados en la libertad y la prosperidad.
Fiestas de Octubre
Del pasado reciente en los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo inmediato anterior, destaca la iniciativa de los gobernantes de revertir el efecto económico y deprimente, convencional, de octubre, mediante fiestas por añadidura coincidentes con el retorno de la Virgen de Zapopan a su Santuario, una de las romerías con mayor raigambre tradicional en la población de la Guadalajara de entonces, en proceso de Zona Metropolitana.
El entusiasmo de las festividades no era sólo folklórico, sino meditación intencionada de elevar la concurrencia de visitantes cuya presencia derramara el bien del dinero foráneo con justificada ocupación hotelera que tenía como paradigma el entonces Hotel Hilton, en la confluencia de las avenidas Niños Héroes y 16 de Septiembre, área donde se asentaba el edificio de mayor altura —25 pisos—: Condominio Guadalajara; ambos bastiones de potencial desarrollo al área, la relativamente nueva Central Camionera.
Es motivo de reflexión el repaso por aquellos tiempos de brillo para Guadalajara y Jalisco con el surgimiento de Puerto Vallarta y su inserción en el catálogo de los destinos turísticos del mundo. Y es que entonces operaba la confianza y el gobernante procuraba la aplicación de su capacidad con responsabilidad para hacer rendir la imagen con sentido auténtico de promoción cuyas proporciones son indiscutibles.
Es digno de consideración el desarrollo de las Fiestas de Octubre y su efecto en el sentido social que conlleva la unidad con paz y tranquilidad para construir la “ciudad amable” que por los años ochenta aún pregonaba el lema de Guadalajara, como hecho, promesa y propósito tras la secuela de obras trascendentales como Federalismo, el Colector Intermedio del Poniente, el Mercado de Abastos, Plaza Tapatía, la avenida Lázaro Cárdenas y más, sin cuya operación no se concibe la circulación e imagen de la Zona Metropolitana de Guadalajara.
Es tiempo de tomar conciencia de los valores heredados en obras y espirituales, que dieron unidad a las acciones hasta convertirlas en realidad con efecto de confianza para los habitantes de la región. Los reproches no tienen razón sin la propuesta para enfrentar el futuro con la solidez que reclaman las nuevas circunstancias; entre otras, el crecimiento de la población, sus requerimientos y reclamos.
Dios nos guarde de la discordia.
CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación
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