Visión y decisión


El muy delicado tema de la identidad mexicana se exacerba en este mes; al menos en México, puesto que en otras latitudes se diluye como parte de un proceso continuado por hacer y deshacer las fórmulas comprometedoras que conllevan intereses de enorme cuantía.

Mes de la Patria

El fenómeno económico ronda, y así ha sido desde tiempo inmemorial, pero ahora con caracteres globales que afectan al mundo y se proyectan con intensidad sobre los pueblos más favorecidos por la Naturaleza y menos agraciados para el aprovechamiento de sus recursos.

En este caso el sentimiento patrio carece de las cualidades imprescindibles para estimular las fibras emotivas y provocar acciones positivas, ante la presión de factores económicos endógenos y exógenos. La inflación global en sus respectivas proporciones reduce el poder adquisitivo de manera inequitativa y favorece la especulación. Economistas, empresarios, financieros y dirigentes sindicales fracasan. La economía contemporánea, al igual que la economía clásica, sigue siendo un instrumento sumamente útil para comprender los actuales fenómenos en oposición al problema de la inflación, pero desgraciadamente incapaz de frenarla. La sociedad moderna está profundamente interesada en la demanda, estructura de producción, distribución y consumo.

Cualquiera que sea la dimensión del entorno, la intranquilidad es eficaz contribuyente al empleo ponderado de los recursos, de suyo insuficientes, propiciando el efecto “pigmalión” de rumor, contagio y desconfianza conducente al pánico y pertinaz incremento de la inflación.

Los antecedentes históricos guardan relación estrecha con el comportamiento de la población, pero no alcanzan a reducir la inquietud, derivando, también, la comunicación constante de fenómenos recurrentes en el mundo que afectan a propios y ajenos. De ahí que el mes de la Patria, con el sentido vernáculo del pasado, se ve desplazado por la inercia del crecimiento acelerado de las comunidades y el rezago de otras, debido por mucho a la ausencia de solidez educativa que coadyuve a criterios de identidad.

Por el lado contrario, se ven afectados los intereses particulares y crece el descontento, inercialmente se contrae más la economía sin encontrar medidas fáciles y mucho menos rápidas para el cumplimiento de objetivos sociales de largo plazo. Parecieran inconexos: identidad, patriotismo e inflación, pero coexisten a través de vasos comunicantes que arruinan el sentido positivo de la tranquilidad para el desarrollo.

Dios nos guarde de la discordia.

CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx
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