La incertidumbre predominó durante este lluvioso mes de agosto a punto de concluir. Una nueva faceta del terrorismo ha sentado su base en la sociedad mexicana: El secuestro.
Inseguridad, tema de todos y ninguno
Hubieron de darse acontecimientos en personalidades con reconocimiento en la sociedad para que se considerara la gravedad del secuestro; sin duda un delito de la mayor cobardía y crueldad. La motivación aparente es el dinero expuesto en bienes que, por demás está decirlo, se hicieron para exhibirlos y gozarlos por parte de sus poseedores, como expresión de esfuerzo y éxito alcanzado con honestidad; ahora que si no tiene la justa correspondencia, tampoco cabe la factura del delito por ser y aparecer en una sociedad inequitativa.
Las cifras son alarmantes y a nivel internacional dejan el estigma de la inseguridad que para nada invita a visitar México. Pero más que los secuestros, son las ejecuciones, en puntos focalizados del territorio nacional, que por desgracia dejaron de ser la noticia más impactante a través de los medios de comunicación, ya que su constancia impide apreciar la magnitud del problema; apenas apreciado por la renuncia de altos funcionarios para quienes, justamente, vale más su vida y la de sus seres cercanos para arriesgarla en el cumplimiento de una tarea oficial.
Entre lo mucho destacable y destacado por la paradoja que encierra, fue el retorno del ex presidente Vicente Fox (“me van a extrañar”), quien por añadidura rompe con la costumbre de ver, oír, callar y hasta poner tierra o mar de por medio, una vez concluido el mandato presidencial; entre otros motivos para no interferir ni dar qué decir del pasado respecto al presente. Pues Fox, a quien se atribuye la condescendencia y hasta eventual complicidad directa o indirecta con delincuentes de cuello blanco o no tanto, ha vuelto y con ello se recrudecen las pugnas internas y externas del Partido Acción Nacional que lo condujo a la Primera Magistratura.
Este agosto conoció la cifra aterradora de 6% de inflación, que contraría la expresión en círculos de conveniencia respecto a la supuesta fortaleza del peso, que disfraza o disimula la debilidad del dólar y euro que llegaron a su baja paridad de hace seis años.
Del petróleo ni hablar, porque ratificó su conversión en moneda de curso ilegal en los ámbitos políticos, enfocados éstos a la integración de planillas y tácticas de lucha sin otra estrategia que alcanzar crear las estructuras para el dominio electoral del año venidero y preparar el terreno hacia el fin del sexenio y cambio de mandos federales y varios estatales.
Dios nos guarde de la discordia.
CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
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