Visión y decisión


Estas líneas serán impresas cuando hayan dado principios los Juegos Olímpicos modernos en la antigua China. En la infinitud del tiempo no tienen gran significado 20 años, y sin embargo en la contemporaneidad son una muestra que se distingue en el resumen de un empaque con el país de origen y que hoy en muchos es: Made in China.

La objetividad gubernamental

La transformación es incuestionable, asimilada y apreciada por todos los países. Ya nadie duda de la capacidad de China para ser la primera potencia en una década más, gracias a su filosofía milenaria que le da identidad y la determinación de su líder Mao, quien enfrentó la difícil tarea de adecuar los principios del socialismo a un comunismo contemporáneo y tan pragmático como su necesidad de dar espacio a la supervivencia de mil 300 millones de seres humanos con visión y planeación de su prosperidad.

Gobernar en la actualidad es complejo por la competencia entre naciones y regiones con intereses modificados por la dinámica científica y la tecnológica que, entre otros factores, amplía la vida y con ella las necesidades de atención y ocupación para la cifra de ancianos en crecimiento exponencial.

El contexto ha elevado la importancia de los energéticos, el petróleo en primer lugar, para el supuesto bienestar de la población de aquellos sitios privilegiados por la Naturaleza o su eventual desgracia por la pérdida de tranquilidad como también lo evidencian los acontecimientos. Pues China ha sorteado con éxitos los avatares de ciencia, tecnología, pobreza, riqueza y supervivencia con el secreto a voces de la identidad.

Para nuestro destino, la vecindad con los Estados Unidos es definitoria a partir del mimetismo obvio e inmoderado que los gobernantes deben enfrentar con sensible pérdida de identidad manifiesta en complicidad y corrupción.

Sujetos y objeto del neoliberalismo secular, en los setenta nos acercamos a la pérdida de valor y cuantía del petróleo con previo coqueteo con el socialismo. En la realidad quedamos fuera de competencia oportuna para convertir elementos naturales en palanca de crecimiento y desarrollo. El Gobierno ante el crecimiento de reclamos y la escasez de recursos se aproxima al déficit imposible de cubrir con presiones fiscales: la fórmula prevista es la privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex), coincidente con necesidad de recursos y la imposibilidad de aplicar tecnología propia al aprovechamiento y beneficio del recurso otorgado por la Naturaleza como lo fue la plata y para el futuro lo es el Sol.

La miseria atrae ambiciones mediocres que como en el pasado conducen a la demolición de instituciones que fueron y aún son el sostén de la ilusión y la esperanza para 110 millones de mexicanos. Aquí mismo en Jalisco ahora los conflictos en la Universidad son el reflejo de la ambición con vista a 11 meses de las elecciones intermedias, a su vez determinantes para las gubernamentales y presidenciales de 2012. No cabe duda que de China mucho podemos aprender y aplicar.

Dios nos guarde de la discordia.

CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx
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