Visión y decisión



Tiempo, espacio y tinta en cantidades industriales se han aplicado al propósito de generar una reforma energética, en la que ya no se sabe hacia dónde irá y menos en qué medida y cuándo rendirá su beneficio a la población.

Reforma o distracción

La estridencia reformista ha eclipsado acciones y denuncias contra gobernadores de Puebla, Oaxaca y Jalisco principalmente, quienes han dado mucho para hablar con su actuar y decir. Curiosa o dolosamente, a cambio el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana ha callado en tan importante contienda. Su líder Carlos Romero Deschamps, algún tiempo acusado por desviación de fondos hacia el Partido Revolucionario Institucional, en la campaña del candidato a la Presidencia en el año 2000, Francisco Labastida Ochoa, guarda silencio.

El señor Carlos Romero Deschamps estuvo a punto del desafuero, lo que “hubiera” —palabra estéril para el léxico político —sentado un precedente sano en la política de Estado y quizá, ¿porqué no?, dar pie a la apertura de expedientes como el del hasta ahora prófugo y acusado por la nada despreciable cantidad de 55 millones de dólares en un fideicomiso del Sindicato Minero, señor Napoleón Gómez Urrutia, quien desde su autoexilio en Canadá resultó reelecto secretario general de su Sindicato por un sexenio más. Por irónico que parezca y hasta increíble, es el régimen sindical auspiciado por la ley. Finalmente, en la lógica elemental del sindicalismo actual prevalece el principio: A más empleados en nómina más empleo de la nómina.

Sindicatos y dirigentes como Romero Deschamps y Gómez Urrutia encabezan la enorme lista de organizaciones y personas enquistadas en las empresas del Estado, como Petróleos Mexicanos (Pemex), y otras particulares como las mineras del país. Igualmente inútil es hablar del sindicato magisterial de la maestra Elba Esther Gordillo.

Todo apunta a reclamo y exigencia de reforma laboral que dé viabilidad al país, pero los obstáculos son obvios al ser organizaciones y personas parte fundamental del engranaje electoral de estructura monolítica, sustentada en la complicidad y la corrupción.

La urgente reforma laboral carece de voceros para el debate o diputados, secuestradores del Congreso y colocadores de mantas en la tribuna legislativa. Tampoco hay “adelitas” arrastrando su dignidad por el pavimento, ni intelectuales sembrando tinta por el quehacer riesgoso de finiquitar posturas absurdas y de increíble desvergüenza, que evidentemente sí restringen el desarrollo de México.

El sindicalismo nació con el propósito de alinear derechos en el orden internacional, fomentando así la inversión nacional o extranjera que, como todo, ha cambiado y requiere revisión actual hasta encontrar congruencia para beneficio social, del trabajador y de los empresarios que sin apelar a fórmulas legales y a la vez injustas, sustituyen la necesidad del trabajador que se lanza al Norte en pos de mejores condiciones de existencia. Ya fue demasiado de reforma energética y nada de laboral reforma, primero es el ser y luego la razón de ser.

Dios nos guarde de la discordia.

CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx
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