Tratándose de madres o padres, siempre habrá como en todo lo humano, el riesgo de caer en la irreverencia y contradicción de buena o mala manera. La mujer es privilegiada por antonomasia en la maternidad y con ello aventaja al varón. Cauce y destino del país parecen tan difusos como la digna conmemoración del día dedicado a recordar a la madre. Por una parte surgen reclamos de insatisfacción, y por la otra se desmerece su mención en el léxico político.
Equidad, no igualdad
La moda irreverente deja entre dicha y pesar el día dedicado al homenaje tradicional. Dicha de contar en vida a quien por nueve meses llevó en su ser al nuevo, y pesar a quien lo tiene en el recuerdo, pero no el recuerdo de terceros y de cuestionable forma. Otra faceta materna será aquélla hoy huésped del penal femenil por haber privado de la vida a quien se la dio en un desplante de cuestionable ira.
Las expresiones este 10 de mayo serán diversas y divergentes: ¿Cómo recibirán las reclusas a la nueva integrante de su comunidad, la madre de Jesús Alejandro, el niño de entraña a quien cegó la vida que ocho días antes le dio? ¿Cómo tratarán, con esa confianza libre de prejuicios a los niños, los compañeros de aula y escuela a los hijos del gobernador de coloquial lenguaje? O aquellos otros descendientes de los ejecutivos de Oaxaca y Puebla y sus propias esposas, madres de sus hijos.
Ciertamente los valores actuales convocan a la reflexión ajena a puritanismos y tan sólo apegada a los principios que dan valor a la familia y, en otro tiempo, a la sociedad mexicana de la que nos habla el cine de los 40 y 50 —no hace tanto— del siglo próximo pasado.
Pudor y dolor alejan la reverencia tradicional que alimentara la comunicación mediática, alimentando la sensibilidad del mexicano, de suyo tan apegado a la madre virgen o biológica. Ambas producto genuino de la libertad de culto, cultivado por cinco siglos, donde no cabe rencor en cualquiera de sus formas.
El recuerdo materno aún en expresiones de repudio, a pesar de atribuirse como la consecuencia de la causa, y ésta del malestar causado, es llamado perenne a la responsabilidad contraída como depositario de confianza expresada en el voto y ratificada en espera de soluciones prácticas, objetivas y tangibles en el transcurso de los próximos cuatro años y meses al frente de los destinos de Jalisco, donde las carencias son ingentes y urgentes de atención, con apego a la identidad sobre prioridades, una de ellas el agua, y en que sin ella ni la maternidad es posible.
Dios nos guarde de la discordia.
CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
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