Ayer decíamos...
Para cuando este artículo aparezca, yo lo escribo el miércoles, ya habrán regresado del viaje a Nueva Zelanda, que en nuestra representación y que hay que decirlo con gran generosidad y espíritu de sacrificio, hicieron el señor gobernador don Emilio González Márquez y un grupachón de acompañantes, representantes de las pujantes fuerzas económicas de la localidad, los miembros de esa iniciativa privada que injustamente ha sido acusada de ser privada de iniciativa; desde luego lo acompañaron también algunos diputados, entre los que sobresalía el líder de la mayoría blanquiazul y otros de su mismo partido, otros miembros de la burocracia dorada, en total 30 aguerridos viajeros inmolados como mártires del desarrollo del Estado.
Desde luego que serán caldo de cultivo de los maledicentes, quienes dirán que se fueron de paseo, en eso que han llamado turismo político, lo que yo no creo, porque aunque sea de gorra y siendo cierto que existe un principio vital que afirma que los gorrones somos sufridos, también es cierto que hay límites, salvo aquéllos que practican la gorra en grado heroico —que los que fueron deben ser de esa clase—, tan sólo imagine mi solitario lector que de que sale usted de su casa se soplará usted como 30 horas hasta que llegue a acostarse al hotel y eso si no sucede nada extraño, de ahí flétese cinco días de juntas y saludos, si se quiere de absoluta intrascendencia, en la mayoría de los casos reuniones montadas como una obra de teatro para hacer sentir al tlatoani que está siendo reconocido —aunque por ciego que esté debe darse cuenta o cuando menos olérselas—, los tres diarios de Nueva Zelanda no lo mencionan ni a él ni la expedición del día cinco al día ocho y ya que terminen el paseo otra vez el vuelo. No me p
arece que sea agradable, aunque en mi caso no me gusten los viajes y menos si uno de los concurrentes, según los medios, se ha enfrentado con el otro —según se dice de la relación González Márquez- Salinas-. No sé cómo anden los demás gorrones en la versión neozelandesa del idioma de Shakespeare, pero no es sencillo. Por otra parte, debe ser muy agradable que alguien cargue con la cuenta, la que debe haber salido en números muy conservadores como en un millón de devaluados, y eso siempre que hayan dormido en pareja y en un hotel de precio medio, con muchas comidas gorreadas por los que lo invitaron, si es que alguien lo invitó y si se fueron en clase económica, ya se verá en transparencia si alguien pregunta, aunque no es fácil de detectar, porque se reparte entre todos siguiendo el viejo principio de que el matrimonio entre muchos no es pesado.
Dicen que es muy bonito, mide dos millones 268 mil 680 kilómetros cuadrados, poco más grande que Reino Unido, en ella viven como cuatro millones de personas, un poco más que los habitantes de la zona metropolitana, sólo que aquí estamos en menos de 80 mil kilómetros cuadrados. Debe ser muy interesante sobre todo si usted es androfóbico, o sea que no le guste la gente, ya que hay en ese lugar 12 borregos y dos vacunos (de cuatro patas) por cada habitante, de manera que si usted gusta de los ambientes bucólicos, es un lugar ideal si también le gusta la lluvia.
Es un país desarrollado, y como muestra de ello en tan inmenso país hay por todos tan sólo 120 diputados que si llegan a saber lo que ganan los nuestros, se morirían de emoción; en un principio pensé que el séquito iba a tratar de exportar políticos, que tenemos muchos, pero con lo que ganan allá no creo que quieran irse para Nueva Zelanda, nosotros tenemos como diputados federales 500, de los que pertenecen a Jalisco 40 y el mismo número de representantes locales.
Ahora que a la mejor fueron a promover el turismo, lo que resulta albarda sobre aparejo, ya que cuando se contrató lo de las tontas, según declaraciones de funcionarios de turismo, aumentó el flujo de turistas en la plaza creo que en 40%, habremos de preguntar a migración, vía transparencia desde luego, el número de neozelandeses que vino hasta ahora y los que lo harán en los próximos seis meses, desde luego que sin contar los que vengan a rezar en el turismo religioso ni a los que vengan al reventón (sólo sin borregos, sorry) en el MTV.
Por lo pronto ya empezó a dar frutos el paseo, sí señor, pues qué pensaban, se consiguieron nada menos que cinco becas, según se anunció aquí, para tapar la boca de aquellos incrédulos, simplemente para que no anden con la trompa escarbando la humedad y con la cola espantándose las moscas, cinco becas, no sólo una, cinco, todavía no termina y ya está dando resultados.
El principal problema es que los neozelandeses no tienen idea de qué es México, mucho menos Jalisco, ni dónde queda, la buena es que sus exportaciones llegan a 27 mil millones de dólares, 10% de las nuestras y principalmente son carne y esquilmos de borrego y productos lácteos —su mantequilla es de lo mejor— y tan sólo importan 12 mil millones de dólares contra casi 400 mil que importamos. Lo malo es que nuestro país no aparece entre los 50 mejores importadores y exportadores y que si importáramos borregos, éstos llorarían, ya que allá les sobra pasto y aquí las lagartijas traen pechera para no rasparse.
CARLOS ENRIGUE / Abogado.
Correo electrónico: ayerdeciamos@hotmail.com
Para cuando este artículo aparezca, yo lo escribo el miércoles, ya habrán regresado del viaje a Nueva Zelanda, que en nuestra representación y que hay que decirlo con gran generosidad y espíritu de sacrificio, hicieron el señor gobernador don Emilio González Márquez y un grupachón de acompañantes, representantes de las pujantes fuerzas económicas de la localidad, los miembros de esa iniciativa privada que injustamente ha sido acusada de ser privada de iniciativa; desde luego lo acompañaron también algunos diputados, entre los que sobresalía el líder de la mayoría blanquiazul y otros de su mismo partido, otros miembros de la burocracia dorada, en total 30 aguerridos viajeros inmolados como mártires del desarrollo del Estado.
Desde luego que serán caldo de cultivo de los maledicentes, quienes dirán que se fueron de paseo, en eso que han llamado turismo político, lo que yo no creo, porque aunque sea de gorra y siendo cierto que existe un principio vital que afirma que los gorrones somos sufridos, también es cierto que hay límites, salvo aquéllos que practican la gorra en grado heroico —que los que fueron deben ser de esa clase—, tan sólo imagine mi solitario lector que de que sale usted de su casa se soplará usted como 30 horas hasta que llegue a acostarse al hotel y eso si no sucede nada extraño, de ahí flétese cinco días de juntas y saludos, si se quiere de absoluta intrascendencia, en la mayoría de los casos reuniones montadas como una obra de teatro para hacer sentir al tlatoani que está siendo reconocido —aunque por ciego que esté debe darse cuenta o cuando menos olérselas—, los tres diarios de Nueva Zelanda no lo mencionan ni a él ni la expedición del día cinco al día ocho y ya que terminen el paseo otra vez el vuelo. No me p
arece que sea agradable, aunque en mi caso no me gusten los viajes y menos si uno de los concurrentes, según los medios, se ha enfrentado con el otro —según se dice de la relación González Márquez- Salinas-. No sé cómo anden los demás gorrones en la versión neozelandesa del idioma de Shakespeare, pero no es sencillo. Por otra parte, debe ser muy agradable que alguien cargue con la cuenta, la que debe haber salido en números muy conservadores como en un millón de devaluados, y eso siempre que hayan dormido en pareja y en un hotel de precio medio, con muchas comidas gorreadas por los que lo invitaron, si es que alguien lo invitó y si se fueron en clase económica, ya se verá en transparencia si alguien pregunta, aunque no es fácil de detectar, porque se reparte entre todos siguiendo el viejo principio de que el matrimonio entre muchos no es pesado.
Dicen que es muy bonito, mide dos millones 268 mil 680 kilómetros cuadrados, poco más grande que Reino Unido, en ella viven como cuatro millones de personas, un poco más que los habitantes de la zona metropolitana, sólo que aquí estamos en menos de 80 mil kilómetros cuadrados. Debe ser muy interesante sobre todo si usted es androfóbico, o sea que no le guste la gente, ya que hay en ese lugar 12 borregos y dos vacunos (de cuatro patas) por cada habitante, de manera que si usted gusta de los ambientes bucólicos, es un lugar ideal si también le gusta la lluvia.
Es un país desarrollado, y como muestra de ello en tan inmenso país hay por todos tan sólo 120 diputados que si llegan a saber lo que ganan los nuestros, se morirían de emoción; en un principio pensé que el séquito iba a tratar de exportar políticos, que tenemos muchos, pero con lo que ganan allá no creo que quieran irse para Nueva Zelanda, nosotros tenemos como diputados federales 500, de los que pertenecen a Jalisco 40 y el mismo número de representantes locales.
Ahora que a la mejor fueron a promover el turismo, lo que resulta albarda sobre aparejo, ya que cuando se contrató lo de las tontas, según declaraciones de funcionarios de turismo, aumentó el flujo de turistas en la plaza creo que en 40%, habremos de preguntar a migración, vía transparencia desde luego, el número de neozelandeses que vino hasta ahora y los que lo harán en los próximos seis meses, desde luego que sin contar los que vengan a rezar en el turismo religioso ni a los que vengan al reventón (sólo sin borregos, sorry) en el MTV.
Por lo pronto ya empezó a dar frutos el paseo, sí señor, pues qué pensaban, se consiguieron nada menos que cinco becas, según se anunció aquí, para tapar la boca de aquellos incrédulos, simplemente para que no anden con la trompa escarbando la humedad y con la cola espantándose las moscas, cinco becas, no sólo una, cinco, todavía no termina y ya está dando resultados.
El principal problema es que los neozelandeses no tienen idea de qué es México, mucho menos Jalisco, ni dónde queda, la buena es que sus exportaciones llegan a 27 mil millones de dólares, 10% de las nuestras y principalmente son carne y esquilmos de borrego y productos lácteos —su mantequilla es de lo mejor— y tan sólo importan 12 mil millones de dólares contra casi 400 mil que importamos. Lo malo es que nuestro país no aparece entre los 50 mejores importadores y exportadores y que si importáramos borregos, éstos llorarían, ya que allá les sobra pasto y aquí las lagartijas traen pechera para no rasparse.
CARLOS ENRIGUE / Abogado.
Correo electrónico: ayerdeciamos@hotmail.com