ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ
Hace tiempo trabajé en la Secretaría de Salud de Jalisco, ocupando el puesto de secretario particular del señor secretario; por lo anterior tuve acceso de primera mano a todos, o casi todos, los asuntos que en la Secretaría se iban presentando; uno de ellos fue el que se describe en este artículo, el cual cimbró y nos puso a trabajar a quienes ahí trabajábamos: “La venida a Guadalajara del doctor que era el secretario de Salud a nivel nacional”.
Diez días antes de la visita oficial del funcionario se nos avisó de la llegada, así como el programa a desarrollar y el itinerario a seguir, y desde ese momento ¡a correr se ha dicho! para hacer los preparativos y atenderlo, y se empezaba: Llámenme de inmediato al director de planeación; háblenle al coordinador de hospitales, les pedía, cítenme al director de administración, que venga el coordinador de atención primaria y regulación sanitaria; lo anterior era para obtener de ellos los trabajos y proyectos que se presentarían a la consideración del personaje de esta historia.
Las tarjetas informativas iban y venían, ¿cuántos casos de sarampión se han presentado?, ¿qué se ha hecho para la prevención del Sida?, ¿cuántos se han muerto?, ¿a cuántos han mordido los perros callejeros?, ¿a cuántos los han mordido los inspectores?, ¿no tenemos casos de rabia en los humanos?, y así día a día se acumulaba la información y el trabajo para priorizar las peticiones que se harían.
Después de 10 días de preparativos, expectativas y carreras, venía la primera desilusión, pues de México se nos comunicaba: “La estancia programada del secretario en esa ciudad será únicamente el jueves 15 por la tarde al viernes 16 por la mañana, lo que implicaba que en menos de 24 horas el funcionario debía conocer lo que había sido producto de desveladas y apuraciones, sin contar las visitas programadas a hospitales y jurisdicciones sanitarias, y llegaba el día 14, día anterior a la visita anunciada y con él la segunda desilusión, pues se nos comunicaba que por compromisos contraídos con anterioridad no era posible realizar la visita en la fecha programada y hora prevista; que se posponía hasta el día 17, viniéndose abajo los planes trazados; se daba marcha atrás a todo lo arreglado, pues el secretario de Salud sólo podía estar en la ciudad cuatro horas, ya que sólo haría la inauguración del evento al que fue invitado por la Asociación Médica de Jalisco, y con ese aviso lo que debía ser otra desilusión se convertía esta vez en... (aquí anote la expresión de lo que a usted se le ocurriría decir): y llegaba el fatídico día de la visita del funcionario y córranle y córranle, y después de tres horas y 50 minutos de estancia cordialmente se despedía.
Todo lo anterior me movía a la reflexión y a las preguntas ¿para qué sirve realmente en México un ministro?, ¿a qué hora se sienta a analizar los problemas nacionales?, ¿cuándo toma las decisiones para resolverlos?, ¿su papel es sólo realizar inauguraciones?, ¿o sólo es acompañante del presidente cuando éste viaja? Usted decida.
ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.
Hace tiempo trabajé en la Secretaría de Salud de Jalisco, ocupando el puesto de secretario particular del señor secretario; por lo anterior tuve acceso de primera mano a todos, o casi todos, los asuntos que en la Secretaría se iban presentando; uno de ellos fue el que se describe en este artículo, el cual cimbró y nos puso a trabajar a quienes ahí trabajábamos: “La venida a Guadalajara del doctor que era el secretario de Salud a nivel nacional”.
Diez días antes de la visita oficial del funcionario se nos avisó de la llegada, así como el programa a desarrollar y el itinerario a seguir, y desde ese momento ¡a correr se ha dicho! para hacer los preparativos y atenderlo, y se empezaba: Llámenme de inmediato al director de planeación; háblenle al coordinador de hospitales, les pedía, cítenme al director de administración, que venga el coordinador de atención primaria y regulación sanitaria; lo anterior era para obtener de ellos los trabajos y proyectos que se presentarían a la consideración del personaje de esta historia.
Las tarjetas informativas iban y venían, ¿cuántos casos de sarampión se han presentado?, ¿qué se ha hecho para la prevención del Sida?, ¿cuántos se han muerto?, ¿a cuántos han mordido los perros callejeros?, ¿a cuántos los han mordido los inspectores?, ¿no tenemos casos de rabia en los humanos?, y así día a día se acumulaba la información y el trabajo para priorizar las peticiones que se harían.
Después de 10 días de preparativos, expectativas y carreras, venía la primera desilusión, pues de México se nos comunicaba: “La estancia programada del secretario en esa ciudad será únicamente el jueves 15 por la tarde al viernes 16 por la mañana, lo que implicaba que en menos de 24 horas el funcionario debía conocer lo que había sido producto de desveladas y apuraciones, sin contar las visitas programadas a hospitales y jurisdicciones sanitarias, y llegaba el día 14, día anterior a la visita anunciada y con él la segunda desilusión, pues se nos comunicaba que por compromisos contraídos con anterioridad no era posible realizar la visita en la fecha programada y hora prevista; que se posponía hasta el día 17, viniéndose abajo los planes trazados; se daba marcha atrás a todo lo arreglado, pues el secretario de Salud sólo podía estar en la ciudad cuatro horas, ya que sólo haría la inauguración del evento al que fue invitado por la Asociación Médica de Jalisco, y con ese aviso lo que debía ser otra desilusión se convertía esta vez en... (aquí anote la expresión de lo que a usted se le ocurriría decir): y llegaba el fatídico día de la visita del funcionario y córranle y córranle, y después de tres horas y 50 minutos de estancia cordialmente se despedía.
Todo lo anterior me movía a la reflexión y a las preguntas ¿para qué sirve realmente en México un ministro?, ¿a qué hora se sienta a analizar los problemas nacionales?, ¿cuándo toma las decisiones para resolverlos?, ¿su papel es sólo realizar inauguraciones?, ¿o sólo es acompañante del presidente cuando éste viaja? Usted decida.
ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.