Una pica en Flandes

Una maleta nueva, recién comprada, hallé en un rincón de la sala. Por su novedad y tamaño llamaba la atención.

Una maleta es el signo material de ese ir y venir que realmente no sabemos dónde concluye. La primera maleta de mi vida quedó muy lejos. La llené con la poca ropa necesaria, entonces eran de duro y fuerte cartón y simuladas las rayas curvilíneas de un cocodrilo como si fueran de piel. Además de trajes y zapatos, libros y cuadernos, con todo esto, escondidas entre sus rendijas, iban otros materiales que parecen no pesar ni ocupar lugar: las ilusiones y el futuro. Una maleta, pues, va más llena de sueños que de objetos necesarios.

No sé dónde quedó mi vieja maleta que fue siendo sustituida por otros modelos modernos y más prácticos en su uso, pero siempre cargaron con las nuevas ilusiones del nuevo lugar que me esperaba. Una maleta dedicada a este oficio intensamente es el primer capítulo de la vida. Cuando te vas con ella y dices “adiós” o “hasta luego”, ya eres otro, ése que ha de dar un paso tras otro en la nueva existencia, que te conducen a ser alguien.
La maleta que me sorprendió en la sala no es mía. Yo me quedo aquí, con mi maleta en reposo. No haremos más viajes. Está vacía. Pero no. El tiempo la ha llenado de esperanzados recuerdos y hemos recorrido casi medio mundo. Gracias, amiga.
La maleta que veo hoy es de mi nieto, ya hecho un hombre: un hombre de verdad. Ingeniero al que envían a Holanda a hacer prácticas. ¡Qué lejos y qué frío!

Los recuerdos históricos se me alborotan y aparecen los Tercios de Flandes con sus teatrales uniformes, Felipe II, el Duque de Alba intransigente y cruel. La larga guerra de la independencia de aquellos lugares, los Países Bajos y todas esas batallas que no llevaron a ninguna parte feliz, pues la tranquilidad fue haciéndola el tiempo.

Holanda, Bélgica, Los Países Bajos, Flandes, son nombres de historia que se enredan unos con otros y llegaron a su independencia de España.

Aplico a mi nieto la conocida frase de “poner una pica en Flandes”.

¡Cuántas picas en Flandes hemos puesto! Algunas con éxito, otras tronchadas.

Al ver la nueva maleta, la de mi nieto que se va hacia el porvenir, me produce una emoción que no puedo narrar. ¡Cómo pasa el tiempo!

Pido a Dios que su pica en Flandes tenga éxito, y que sean más de una directas, con puntería, que nunca se tuerzan.

GABRIEL PAZ / Escritora.

Correo electrónico: macachi809@hotmail.com
Sigue navegando