¿Qué características debe tener el líder político que requiere México? No hay una respuesta inmediata ni fácil a esta pregunta. De hecho, cualquier bibliografía sobre el tema del liderazgo tiene miles de entradas. La mayoría de estas aportaciones son libros que se enfocan más que nada al liderazgo empresarial o al militar, y pocos son los que hablan de cómo debería ser el liderazgo político y mucho menos el liderazgo político mexicano. Ha llegado el momento de discutir el tema de liderazgo moderno en México y en otros países latinoamericanos.
Por una parte, un gobernante podrá tener la mejor estrategia de gobierno y el apoyo de sus gobernantes, pero si no tiene las herramientas que requiere un líder político moderno, son remotas las probabilidades de que su gobierno sea exitoso.
Por otra parte, el estilo y la capacidad de los líderes políticos no solamente dan las pautas de cómo deberán gobernar sus subalternos, sino adicionalmente establecen modelos a seguir para otros líderes políticos en otros niveles, incluyendo a los líderes sociales.
¿El líder nace o se hace? Por lo regular, este cuestionamiento nos lleva a una serie de razonamientos que permitirán concluir, al analizar la historia y el desempeño de los líderes de muchos países latinoamericanos, que una de las razones por las que hemos tenido tantos gobernantes ineptos es que éstos, simple y llanamente, han sido genéticamente incompetentes para ser buenos líderes. Esto podría sonar a una explicación simplista de la compleja historia de la incompetencia de liderazgo que han sufrido estos países, pero finalmente parece que es real.
Es incorrecto preguntarse si un líder nace o se hace. Para Jame C. Hunter, en “Las claves de la paradoja”, la respuesta a esta pregunta ha cambiado a través de los años: “Éste es un tema crucial, porque si creemos que el liderazgo es un conjunto de rasgos con o sin los que nacemos, entonces no tenemos ninguna
responsabilidad en eso. Sólo podemos culpar a nuestros ancestros. Una vez que aceptamos que el liderazgo es una habilidad, no nos queda otra alternativa que aprenderlo”.
Mucho se ha especulado acerca de si el liderazgo está intrínsecamente ligado a la inteligencia. Probablemente haya quien piense que ser inteligente es un requisito indispensable para ser un buen líder, y quizá tenga razón. Pero la capacidad de un líder, a fin de cuentas, no se define por su inteligencia, y aunque es una herramienta básica, la disciplina y el propio interés se suman a ella como factores indisolubles.
Los líderes soberbios por lo regular terminan siendo malos dirigentes, pues no buscan asesoría en ninguna de las áreas y desembocan en el fracaso, porque finalmente sabemos que nadie, absolutamente nadie, puede saberlo todo ni ser experto en todos los temas. Mucho de esto se aprende a través del tiempo y de la preparación. Muchas personas tratan de ligar el tema de la inteligencia con su capacidad de liderazgo, pero yo diría que por el contrario, más que ligado a la inteligencia lo está a la disciplina, a la capacidad de reconocer que el liderazgo es un proceso de aprendizaje que dura toda la vida.
ANA MARÍA SALAZAR / Analista política.
Correo electrónico: anamaria@anamariasalazar.com
Por una parte, un gobernante podrá tener la mejor estrategia de gobierno y el apoyo de sus gobernantes, pero si no tiene las herramientas que requiere un líder político moderno, son remotas las probabilidades de que su gobierno sea exitoso.
Por otra parte, el estilo y la capacidad de los líderes políticos no solamente dan las pautas de cómo deberán gobernar sus subalternos, sino adicionalmente establecen modelos a seguir para otros líderes políticos en otros niveles, incluyendo a los líderes sociales.
¿El líder nace o se hace? Por lo regular, este cuestionamiento nos lleva a una serie de razonamientos que permitirán concluir, al analizar la historia y el desempeño de los líderes de muchos países latinoamericanos, que una de las razones por las que hemos tenido tantos gobernantes ineptos es que éstos, simple y llanamente, han sido genéticamente incompetentes para ser buenos líderes. Esto podría sonar a una explicación simplista de la compleja historia de la incompetencia de liderazgo que han sufrido estos países, pero finalmente parece que es real.
Es incorrecto preguntarse si un líder nace o se hace. Para Jame C. Hunter, en “Las claves de la paradoja”, la respuesta a esta pregunta ha cambiado a través de los años: “Éste es un tema crucial, porque si creemos que el liderazgo es un conjunto de rasgos con o sin los que nacemos, entonces no tenemos ninguna
responsabilidad en eso. Sólo podemos culpar a nuestros ancestros. Una vez que aceptamos que el liderazgo es una habilidad, no nos queda otra alternativa que aprenderlo”.
Mucho se ha especulado acerca de si el liderazgo está intrínsecamente ligado a la inteligencia. Probablemente haya quien piense que ser inteligente es un requisito indispensable para ser un buen líder, y quizá tenga razón. Pero la capacidad de un líder, a fin de cuentas, no se define por su inteligencia, y aunque es una herramienta básica, la disciplina y el propio interés se suman a ella como factores indisolubles.
Los líderes soberbios por lo regular terminan siendo malos dirigentes, pues no buscan asesoría en ninguna de las áreas y desembocan en el fracaso, porque finalmente sabemos que nadie, absolutamente nadie, puede saberlo todo ni ser experto en todos los temas. Mucho de esto se aprende a través del tiempo y de la preparación. Muchas personas tratan de ligar el tema de la inteligencia con su capacidad de liderazgo, pero yo diría que por el contrario, más que ligado a la inteligencia lo está a la disciplina, a la capacidad de reconocer que el liderazgo es un proceso de aprendizaje que dura toda la vida.
ANA MARÍA SALAZAR / Analista política.
Correo electrónico: anamaria@anamariasalazar.com