El Senado aprobó la iniciativa de reforma energética. El resultado es la afirmación de que el diálogo y la participación en la construcción de la propuesta, ha sido el recurso más valioso para llegar a este punto. Lo que se construyó, si bien no deja tranquilos a algunos, sí resulta un enorme avance. Y este logro marca el paso a dar en el debate de otros temas que interesan al país, como es la seguridad nacional.
Porque la iniciativa de reforma energética aprobada tiene garantías de protección de uno de los recursos más valiosos para México y fue gestada por una genuina presión de muchos grupos sociales, sumada a la participación de intelectuales como Rolando Cordera, Javier Jiménez Espriú y Carlos Tello, entre otros, que entraron de lleno, no sólo a los debates, sino a la construcción de la propuesta final. Una acción que debe dejar muy satisfechos a todos; una acción que, sin embargo, no fue generada por las autoridades, sino por la sociedad civil, y eso debe reconocerse para darle crédito a quien lo merece.
La población puede tener un buen sabor de boca. Este logro es resultado de la participación ciudadana, y es ahí donde el ejercicio realizado debe ser el inicio de muchos otros en el mismo sentido, para que el compromiso de la sociedad civil sea el pivote para la construcción de las soluciones que demanda el país.
La iniciativa aprobada rescata las preocupaciones ciudadanas y cuida a Petróleos Mexicanos (Pemex) en muchas de sus áreas: La refinación queda en manos de la paraestatal que mantiene su autonomía de gestión, a través de un consejo con 15 miembros, cuatro propuestos por el Ejecutivo, pero ratificados por el Senado; se eliminan los contratos de riesgo; el pago no podrá ser en porcentajes de petróleo ni en participación de los resultados de las explotaciones; no habrá contratos de explotación compartida; será competencia de la Comisión Nacional de Energía dar vigilancia a los acuerdos en materia de yacimientos transfronterizos, y se ratifica el dominio inalienable de todos los hidrocarburos en territorio nacional.
De los faltantes está el no haber creado un fondo para financiar las acciones de Pemex en áreas complejas usando los excedentes del precio del petróleo, en cambio se incluyó la propuesta del Ejecutivo para reconocer costos asociados de las tecnologías.
El tema de controversia: los “bloques”, es decir que un solo contratista puede explotar una zona del territorio, porque desde la perspectiva de los críticos, se corre el riesgo de que a esa empresa se ceda soberanía de la zona aludida. Sin embargo, es aquí donde la participación de los legisladores es vital para la vigilancia, si bien a través de los órganos creados, con el cuidado del seguimiento para no dejar que los riesgos, éste o los que puedan surgir, echen atrás lo ganado en la iniciativa aprobada.
Pero al final del análisis, esta iniciativa es resultado de un buen trabajo de la sociedad civil y sí, de políticos que, a última hora, se subieron al carro de la democracia.
LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx
Porque la iniciativa de reforma energética aprobada tiene garantías de protección de uno de los recursos más valiosos para México y fue gestada por una genuina presión de muchos grupos sociales, sumada a la participación de intelectuales como Rolando Cordera, Javier Jiménez Espriú y Carlos Tello, entre otros, que entraron de lleno, no sólo a los debates, sino a la construcción de la propuesta final. Una acción que debe dejar muy satisfechos a todos; una acción que, sin embargo, no fue generada por las autoridades, sino por la sociedad civil, y eso debe reconocerse para darle crédito a quien lo merece.
La población puede tener un buen sabor de boca. Este logro es resultado de la participación ciudadana, y es ahí donde el ejercicio realizado debe ser el inicio de muchos otros en el mismo sentido, para que el compromiso de la sociedad civil sea el pivote para la construcción de las soluciones que demanda el país.
La iniciativa aprobada rescata las preocupaciones ciudadanas y cuida a Petróleos Mexicanos (Pemex) en muchas de sus áreas: La refinación queda en manos de la paraestatal que mantiene su autonomía de gestión, a través de un consejo con 15 miembros, cuatro propuestos por el Ejecutivo, pero ratificados por el Senado; se eliminan los contratos de riesgo; el pago no podrá ser en porcentajes de petróleo ni en participación de los resultados de las explotaciones; no habrá contratos de explotación compartida; será competencia de la Comisión Nacional de Energía dar vigilancia a los acuerdos en materia de yacimientos transfronterizos, y se ratifica el dominio inalienable de todos los hidrocarburos en territorio nacional.
De los faltantes está el no haber creado un fondo para financiar las acciones de Pemex en áreas complejas usando los excedentes del precio del petróleo, en cambio se incluyó la propuesta del Ejecutivo para reconocer costos asociados de las tecnologías.
El tema de controversia: los “bloques”, es decir que un solo contratista puede explotar una zona del territorio, porque desde la perspectiva de los críticos, se corre el riesgo de que a esa empresa se ceda soberanía de la zona aludida. Sin embargo, es aquí donde la participación de los legisladores es vital para la vigilancia, si bien a través de los órganos creados, con el cuidado del seguimiento para no dejar que los riesgos, éste o los que puedan surgir, echen atrás lo ganado en la iniciativa aprobada.
Pero al final del análisis, esta iniciativa es resultado de un buen trabajo de la sociedad civil y sí, de políticos que, a última hora, se subieron al carro de la democracia.
LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx