Temas para reflexionar
Los millones de dólares que México ha pedido prestados durante varios regímenes, alimentaron días de orgía y disipación; el desafío era la capacidad para administrar la abundancia; nutrieron la frivolidad de los planes, la epopeya de los discursos, el espejismo de la felicidad, el engaño de la promesa, la vida fácil, la “belle epoque”... Después la temible cruda, la resaca que deprime y consterna: hay que pagar y no hay dinero ni para cubrir los intereses. La deuda fue contratada por una sola persona: el presidente de la República, sin consulta, sin freno, sin contrapeso; la firma sobre los pagarés se estampó con la complacencia del Congreso, con el aplauso de los hombres del dinero, con el halago de los jilgueros, con la zalamería cotidiana de los medios de comunicación subvencionados; se contrató con el aturdimiento del coro cómplice de los paniaguados y lambiscones de siempre, que todos los días entonan a coro el aleluya: “Tu eres el rey”.
El enorme poeta argentino Jorge Luis Borges, desde su más tierna edad quedó completamente ciego. En su “Poema de los dones”, refiriéndose a su ceguera y a su gran biblioteca, escribió:
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
Los hombres de religión han hecho del alma y del cuerpo dos entidades no sólo separadas, sino aun opuestas y enemigas entre sí. Jamás han aceptado el hecho de que lo hace bien al cuerpo hace bien al alma, y viceversa. En la armonía de alma y cuerpo, en su unidad serena, el hombre y la mujer alcanzan su humana plenitud. No es verdad que atormentando al cuerpo, sometiéndolo a sufrimientos y mortificaciones se beneficie el alma. El buen comer, el buen beber y el buen yacer son goces corporales, pero también son disfrute del espíritu. Si los volvemos culpas o pecados, reproche o querella, haremos daño no sólo al cuerpo, sino al alma.
A los que siempre han estado amolados, las crisis no les afectan. Hablarles de renovación, cambio, modernización, solución a los problemas de la economía y retorno al crecimiento, es para ellos ficción pura.
No son pocos los fanáticos que ocupan su tiempo en reiventar el enfrentamiento de lo laico y lo religioso, en un Estado hecho a golpes de realidades y en el que son irreversibles los veredictos de la historia.
El autor de Ulises, James Joyce, dijo: “Dame Señor coraje y alegría para subir la cuesta de este día”.
FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com
Los millones de dólares que México ha pedido prestados durante varios regímenes, alimentaron días de orgía y disipación; el desafío era la capacidad para administrar la abundancia; nutrieron la frivolidad de los planes, la epopeya de los discursos, el espejismo de la felicidad, el engaño de la promesa, la vida fácil, la “belle epoque”... Después la temible cruda, la resaca que deprime y consterna: hay que pagar y no hay dinero ni para cubrir los intereses. La deuda fue contratada por una sola persona: el presidente de la República, sin consulta, sin freno, sin contrapeso; la firma sobre los pagarés se estampó con la complacencia del Congreso, con el aplauso de los hombres del dinero, con el halago de los jilgueros, con la zalamería cotidiana de los medios de comunicación subvencionados; se contrató con el aturdimiento del coro cómplice de los paniaguados y lambiscones de siempre, que todos los días entonan a coro el aleluya: “Tu eres el rey”.
El enorme poeta argentino Jorge Luis Borges, desde su más tierna edad quedó completamente ciego. En su “Poema de los dones”, refiriéndose a su ceguera y a su gran biblioteca, escribió:
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
Los hombres de religión han hecho del alma y del cuerpo dos entidades no sólo separadas, sino aun opuestas y enemigas entre sí. Jamás han aceptado el hecho de que lo hace bien al cuerpo hace bien al alma, y viceversa. En la armonía de alma y cuerpo, en su unidad serena, el hombre y la mujer alcanzan su humana plenitud. No es verdad que atormentando al cuerpo, sometiéndolo a sufrimientos y mortificaciones se beneficie el alma. El buen comer, el buen beber y el buen yacer son goces corporales, pero también son disfrute del espíritu. Si los volvemos culpas o pecados, reproche o querella, haremos daño no sólo al cuerpo, sino al alma.
A los que siempre han estado amolados, las crisis no les afectan. Hablarles de renovación, cambio, modernización, solución a los problemas de la economía y retorno al crecimiento, es para ellos ficción pura.
No son pocos los fanáticos que ocupan su tiempo en reiventar el enfrentamiento de lo laico y lo religioso, en un Estado hecho a golpes de realidades y en el que son irreversibles los veredictos de la historia.
El autor de Ulises, James Joyce, dijo: “Dame Señor coraje y alegría para subir la cuesta de este día”.
FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com