Temas para reflexionar
Se equivocan de plano las mentalidades rígidas que han constreñido el término de lo moral a una moral sexual —de normas y principios muy discutibles— y que inclusive han teñido con ello el mundo de lo religioso, concretamente del cristianismo, hasta deformarlo y hacerlo depender muy principalmente de una cierta y obligada actitud ante lo sexual que ha favorecido graves represiones psicológicas; todo regido por una especie de enorme cinturón de castidad que enclaustra la mente y la vida, como si en el sexo estuviera la clave para medir el bien y el mal; como si en el concepto “pecado” encontraran ahí su más clara y explícita definición. No es así, desde luego, pero así se ha entendido durante siglos, para desgracia de nuestra conciencia común deformada.
El enfrentamiento milenario entre naciones y hermanos encuentra raíz amarga, oscura, en la sombría lección bien aprendida: “Ojo por ojo, diente por diente”; la venganza no ha sido nunca instrumento pacificador. Caín mató a Abel, pro no pacificó su tormenta interior; perdió la paz y caminó sin rumbo por el resto de su vida.
Es infantil la pretensión de los políticos mexicanos de dibujar para los extraños los mismos paraísos de cartón y utilería que nutren la noticia cotidiana.
Los Estados Unidos, el nuevo imperio romano de nuestros días, juega en el póker internacional sus más ambiciosas cartas en juego abierto, y se alza en triunfo como el poder supremo que puede trazar el destino de los pueblos: definir quiénes son comunistas, socialistas o demócratas, y cubrirlo todo con la imprecisa teoría de su seguridad nacional. La estrategia se desenvuelve en tres tiempos: la penetración cultural, el dominio económico financiero y consecuentemente político, y si eso no bastara, la última razón: las armas.
En el escenario político de México, la lógica es ajena al pronóstico; las cosas acontecen al margen de sus previsiones o de sus razonamientos. Todo puede suceder. Por eso se ha dicho que México no es un país lógico, sino mágico; el pequeño mundo de lo imprevisible.
De Benito Juárez podrá decirse que en las crestas violentas de la tempestad, en las aristas filosas de la desesperanza, jamás renunció a la serenidad para abrir en el mundo de las sombras, minúsculas ventanas para el paso de la confianza y la certidumbre.
En algunas vidas hay una serie de circunstancias entrelazadas unas tras otras, hasta que culminan en la cumbre. Bien cabe pensar que tales circunstancias acaso no sean fruto del azar o la ventura, sino de la predestinación o la muerte.
FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com
Se equivocan de plano las mentalidades rígidas que han constreñido el término de lo moral a una moral sexual —de normas y principios muy discutibles— y que inclusive han teñido con ello el mundo de lo religioso, concretamente del cristianismo, hasta deformarlo y hacerlo depender muy principalmente de una cierta y obligada actitud ante lo sexual que ha favorecido graves represiones psicológicas; todo regido por una especie de enorme cinturón de castidad que enclaustra la mente y la vida, como si en el sexo estuviera la clave para medir el bien y el mal; como si en el concepto “pecado” encontraran ahí su más clara y explícita definición. No es así, desde luego, pero así se ha entendido durante siglos, para desgracia de nuestra conciencia común deformada.
El enfrentamiento milenario entre naciones y hermanos encuentra raíz amarga, oscura, en la sombría lección bien aprendida: “Ojo por ojo, diente por diente”; la venganza no ha sido nunca instrumento pacificador. Caín mató a Abel, pro no pacificó su tormenta interior; perdió la paz y caminó sin rumbo por el resto de su vida.
Es infantil la pretensión de los políticos mexicanos de dibujar para los extraños los mismos paraísos de cartón y utilería que nutren la noticia cotidiana.
Los Estados Unidos, el nuevo imperio romano de nuestros días, juega en el póker internacional sus más ambiciosas cartas en juego abierto, y se alza en triunfo como el poder supremo que puede trazar el destino de los pueblos: definir quiénes son comunistas, socialistas o demócratas, y cubrirlo todo con la imprecisa teoría de su seguridad nacional. La estrategia se desenvuelve en tres tiempos: la penetración cultural, el dominio económico financiero y consecuentemente político, y si eso no bastara, la última razón: las armas.
En el escenario político de México, la lógica es ajena al pronóstico; las cosas acontecen al margen de sus previsiones o de sus razonamientos. Todo puede suceder. Por eso se ha dicho que México no es un país lógico, sino mágico; el pequeño mundo de lo imprevisible.
De Benito Juárez podrá decirse que en las crestas violentas de la tempestad, en las aristas filosas de la desesperanza, jamás renunció a la serenidad para abrir en el mundo de las sombras, minúsculas ventanas para el paso de la confianza y la certidumbre.
En algunas vidas hay una serie de circunstancias entrelazadas unas tras otras, hasta que culminan en la cumbre. Bien cabe pensar que tales circunstancias acaso no sean fruto del azar o la ventura, sino de la predestinación o la muerte.
FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com