ENTRE VERAS Y BROMAS
Cuando afirmaba Efraín González Luna —uno de los padres fundadores del Partido Acción Nacional que “la lucha es larga, y la victoria cierta”, vislumbraba, seguramente, gobiernos mejores, y, en consecuencia, tiempos mejores para los mexicanos. Cuando el actual partido gobernante abrió los ojos hacia el mundo, descubrió un entorno socio-político (el diagnóstico es, también, de Don Efraín) “de cerrado monopolio faccioso, de primitivismo brutal en los métodos y de radical proscripción de toda opinión o tendencia discrepantes de las del régimen”...
—II—
Los escándalos de corrupción en aquel tiempo (1939) eran idénticos a los de ahora. O, mejor dicho, escándalos de corrupción como el reciente hallazgo de mecanismos orientados a acrecentar artificialmente las listas de militantes del partido, ocultos bajo la nómina de una dependencia pública —la Dirección Municipal de Cultura de Guadalajara, en el caso—, para asegurarse un “voto duro” que propicie la continuidad en el poder de la gavilla gobernante, reduciendo los espacios para la expresión democrática del descontento por las cada vez más notorias imperfecciones en el ejercicio del poder, son burdas copias de los mecanismos que otros utilizaban antaño para los mismos propósitos. Son demostraciones fehacientes de que las prácticas que permitieron al aparato gubernamental surgido del partido inspirado —según San Lucas— por “las nobles y sacrosantas banderas que inspiraron el movimiento armado de 1910”, aferrarse al poder, a despecho de la voluntad ciudadana, durante siete décadas, hicieron —para mal— escuela.
—III—
¿Que ya fue retirada del cargo, en lo que se investiga y se resuelve si procede aplicar sanciones más severas, la funcionaria que presuntamente movía los hilos?... También en el pasado sucedía eso.
La lógica de tales reacciones (cacareadas a continuación como supuestas pruebas de que “la lucha contra la corrupción va en serio”... aunque sólo se trate, evidentemente, de hacer leña del árbol caído) es simple: no es tanto que se persiga tenazmente y se castigue severamente la deshonestidad; es que se castiga la estupidez de quienes no han sabido hacer sus trapacerías sin dejar huella.
Ya sólo falta que los gobernantes de “el cambio” hagan suya otra frase inmortal de sus ínclitos predecesores: “No dejaremos el poder sino por la fuerza de las bayonetas”.
Cuando afirmaba Efraín González Luna —uno de los padres fundadores del Partido Acción Nacional que “la lucha es larga, y la victoria cierta”, vislumbraba, seguramente, gobiernos mejores, y, en consecuencia, tiempos mejores para los mexicanos. Cuando el actual partido gobernante abrió los ojos hacia el mundo, descubrió un entorno socio-político (el diagnóstico es, también, de Don Efraín) “de cerrado monopolio faccioso, de primitivismo brutal en los métodos y de radical proscripción de toda opinión o tendencia discrepantes de las del régimen”...
—II—
Los escándalos de corrupción en aquel tiempo (1939) eran idénticos a los de ahora. O, mejor dicho, escándalos de corrupción como el reciente hallazgo de mecanismos orientados a acrecentar artificialmente las listas de militantes del partido, ocultos bajo la nómina de una dependencia pública —la Dirección Municipal de Cultura de Guadalajara, en el caso—, para asegurarse un “voto duro” que propicie la continuidad en el poder de la gavilla gobernante, reduciendo los espacios para la expresión democrática del descontento por las cada vez más notorias imperfecciones en el ejercicio del poder, son burdas copias de los mecanismos que otros utilizaban antaño para los mismos propósitos. Son demostraciones fehacientes de que las prácticas que permitieron al aparato gubernamental surgido del partido inspirado —según San Lucas— por “las nobles y sacrosantas banderas que inspiraron el movimiento armado de 1910”, aferrarse al poder, a despecho de la voluntad ciudadana, durante siete décadas, hicieron —para mal— escuela.
—III—
¿Que ya fue retirada del cargo, en lo que se investiga y se resuelve si procede aplicar sanciones más severas, la funcionaria que presuntamente movía los hilos?... También en el pasado sucedía eso.
La lógica de tales reacciones (cacareadas a continuación como supuestas pruebas de que “la lucha contra la corrupción va en serio”... aunque sólo se trate, evidentemente, de hacer leña del árbol caído) es simple: no es tanto que se persiga tenazmente y se castigue severamente la deshonestidad; es que se castiga la estupidez de quienes no han sabido hacer sus trapacerías sin dejar huella.
Ya sólo falta que los gobernantes de “el cambio” hagan suya otra frase inmortal de sus ínclitos predecesores: “No dejaremos el poder sino por la fuerza de las bayonetas”.