NUEVA YORK.- Dice la sabiduría popular, que las crisis sacan lo peor o lo mejor de una persona. Que cuando una crisis se asoma a nuestras puertas, sacamos fuerzas sobrehumanas para confrontarla, o nos hundimos en el rincón más vulnerable de nuestra humanidad.
Una crisis es un momento de prueba, especialmente para los políticos y más aún para quien dirige el destino de un país. Históricamente, las crisis han evidenciado la altura política de muchos mandatarios. En el siglo XIX, Abraham Lincoln, en Estados Unidos, sacó lo mejor de sí mismo para salvar a un país que se le iba de las manos y que amenazaba con convertirse en dos países, uno esclavista y uno casi libre. Lincoln abusó del poder presidencial para salvar a la Unión.
De igual forma, Benito Juárez enfrentó una invasión imperial, un país dividido entre conservadores y liberales y un clero encolerizado. Juárez gobernó en estado de sitio constante para salvar a la República.
En el siglo XX, ante la peor crisis económica y financiera hasta entonces, la Gran Depresión, Franklin Delano Roosevelt le dijo a su pueblo: “A lo único que hay que tenerle miedo es al miedo mismo”, y sacó a Estados Unidos victorioso de la II Guerra Mundial y en la ruta del crecimiento. Más recientemente, Lula da Silva, en Brasil, un hombre que salió de la pobreza y de un hogar con un padre alcohólico, ha llevado a los brasileños a soñar con que se puede derrotar la pobreza y la injusticia económica en uno de los países donde la distribución de la riqueza es de las más injustas del mundo.
¿Qué sucede en México? Mientras que Felipe Calderón dice en Japón que nuestro país es el mejor lugar del mundo para invertir, la realidad de un país que se desmorona le da un balde de agua fría en la cara. Las dos masacres del fin de semana, en Torreón y en Ciudad Juárez, dinamitaron el mensaje de “en México todo va de maravilla” que Calderón trató de vender a los japoneses.
Los asesinatos de los jóvenes masacrados en una fiesta es una tragedia nacional, dijo el secretario de Gobernación. Tragedia nacional porque, ahora sí parecen reconocer, “le puede pasar a cualquiera”. No antes, cuando los cuerpos de las mujeres asesinadas en Juárez se han ido apilando en la más absoluta impunidad. Ni tampoco hace unas semanas, cuando la ONU declaró a Juárez como la ciudad más peligrosa del mundo.
Tragedia para México, que con tanto asunto pendiente en materia de procuración de justicia en el país, se pierdan recursos materiales e intelectuales al utilizar a la Procuraduría General de la República para intentar quitarle la dignidad humana a las parejas del mismo sexo. Tragedia para México que el presidente le llame personalmente a la familia de un futbolista notable, pero no tenga la decencia de hacer una escala en Juárez de regreso de Japón para dignificar un poco el dolor de las familias que perdieron a sus hijos. Tragedia nacional el oscurantismo que vive el país y la falta de un verdadero líder a cargo del timón.
GENARO LOZANO / Politólogo e Internacionalista.
Twitter @genarolozano
Una crisis es un momento de prueba, especialmente para los políticos y más aún para quien dirige el destino de un país. Históricamente, las crisis han evidenciado la altura política de muchos mandatarios. En el siglo XIX, Abraham Lincoln, en Estados Unidos, sacó lo mejor de sí mismo para salvar a un país que se le iba de las manos y que amenazaba con convertirse en dos países, uno esclavista y uno casi libre. Lincoln abusó del poder presidencial para salvar a la Unión.
De igual forma, Benito Juárez enfrentó una invasión imperial, un país dividido entre conservadores y liberales y un clero encolerizado. Juárez gobernó en estado de sitio constante para salvar a la República.
En el siglo XX, ante la peor crisis económica y financiera hasta entonces, la Gran Depresión, Franklin Delano Roosevelt le dijo a su pueblo: “A lo único que hay que tenerle miedo es al miedo mismo”, y sacó a Estados Unidos victorioso de la II Guerra Mundial y en la ruta del crecimiento. Más recientemente, Lula da Silva, en Brasil, un hombre que salió de la pobreza y de un hogar con un padre alcohólico, ha llevado a los brasileños a soñar con que se puede derrotar la pobreza y la injusticia económica en uno de los países donde la distribución de la riqueza es de las más injustas del mundo.
¿Qué sucede en México? Mientras que Felipe Calderón dice en Japón que nuestro país es el mejor lugar del mundo para invertir, la realidad de un país que se desmorona le da un balde de agua fría en la cara. Las dos masacres del fin de semana, en Torreón y en Ciudad Juárez, dinamitaron el mensaje de “en México todo va de maravilla” que Calderón trató de vender a los japoneses.
Los asesinatos de los jóvenes masacrados en una fiesta es una tragedia nacional, dijo el secretario de Gobernación. Tragedia nacional porque, ahora sí parecen reconocer, “le puede pasar a cualquiera”. No antes, cuando los cuerpos de las mujeres asesinadas en Juárez se han ido apilando en la más absoluta impunidad. Ni tampoco hace unas semanas, cuando la ONU declaró a Juárez como la ciudad más peligrosa del mundo.
Tragedia para México, que con tanto asunto pendiente en materia de procuración de justicia en el país, se pierdan recursos materiales e intelectuales al utilizar a la Procuraduría General de la República para intentar quitarle la dignidad humana a las parejas del mismo sexo. Tragedia para México que el presidente le llame personalmente a la familia de un futbolista notable, pero no tenga la decencia de hacer una escala en Juárez de regreso de Japón para dignificar un poco el dolor de las familias que perdieron a sus hijos. Tragedia nacional el oscurantismo que vive el país y la falta de un verdadero líder a cargo del timón.
GENARO LOZANO / Politólogo e Internacionalista.
Twitter @genarolozano