Temas para reflexionar


Trigo sin paja

El escritor inglés Vernon Noble, poco antes de morir escribió estos renglones: “Me gustaría que el día de mi muerte se dijera esto de mí: Quiso a los niños. Le gustaron los perros y los gatos. Buscó la belleza en todas sus formas: un rostro, un cuerpo, una pintura, un poema, el color y textura de las nubes... Jamás sintió temor del verbo ‘amar’, y lo conjugó quizás con demasiada frecuencia, aunque jamás en modo suficiente, pero eso sí; con pleno significado en su momento. Sufrió las penas que en el mundo hay, y desmañadamente trató de aliviarlas en su prójimo. Aprendió a perdonar a los demás y aprendió también a perdonarse a sí mismo. Quizá perdió en el juego de la vida, pero lo disfrutó con plenitud sin hacer daño a nadie”.

¿Inexorablenmente llegará el fin de los tiempos? Quién sabe. Bástenos con saber que mientras vivamos, estaremos inmersos en el río del tiempo, ese caudal que fluye indiferente a todo y que ignoramos dónde desemboque. ¿Después de esta vida volveremos a navegar en su torrente? Nadie lo puede afirmar. Heráclito de Efeso, filósofo griego del siglo VI a.C., decía: “... no podemos navegar dos veces en un mismo río, porque nuevas aguas corren tras las aguas”.

Fue en el año 1936, en las Olimpiadas que Hitler organizó para consagrar la superioridad de la raza aria, su raza. La estrella del evento mundial fue un negro estadounidense, nieto de esclavos, nacido en Alabama. Hitler no tuvo más remedio que tragarse cuatro sapos: las cuatro medallas de oro que Owens conquistó en velocidad y salto largo. El mundo entero celebró esas victorias como un triunfo contra el racismo. Cuando el campeón regresó a su país, no recibió ninguna felicitación del presidente, ni fue invitado a la Casa Blanca. Volvió a lo de siempre: a entrar a los autobuses por la puerta de atrás, a comer en restaurantes para negros, a usar baños para negros y hospedarse en hoteles para negros. Durante años se ganó la vida corriendo por dinero. Antes de que comenzaran los partidos de beisbol, el campeón olímpico entretenía al público corriendo contra caballos, perros, autos o motocicletas. Después, cuando las piernas ya no eran lo que había sido, Owens se convirtió en conferencista para exaltar las virtude
s de su patria democrática, religiosa y discriminadora de negros.

No es de extrañar que haya personas que mienten sistemáticamente; que roban en cuanto la oportunidad se presenta, y que hacen de la maldad un hábito. Están poseídas de una triple enfermedad muy común en nuestros días: son mitómanos, cleptómanos y por añadidura perversos. Es parte consustancial de su manera de ser; es parte de su código genético. Es la huella distintiva de su A.D.N.

Las mafias intelectuales son implacables. El odio que proviene de la inteligencia es feroz.

FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com
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