Temas para reflexionar

 
Trigo sin paja

A lo largo del milenario desenvolvimiento histórico, desde la caverna prehistórica hasta nuestros días, la cacería ha sido una constante de la condición humana, esa vocación destructora y sanguinaria, de la que ninguna civilización, religión o filosofía, ha conseguido librarla. El hombre necesita matar, es un ser predatorio, está en sus genes. Comenzó haciéndolo hace millones de años, porque era la única manera de sobrevivir, de comer, de no perecer. Y ha seguido haciéndolo siempre, en todas las épocas de su desenvolvimiento, de manera refinada o brutal, directamente o a través de otras personas, con cuchillo, balas, ritos y símbolos. Por eso, la imagen del bípedo con botas y cazadora, apuntando su carabina contra la indefensa silueta de una corza, es la imagen estremecedora y el retrato especial de la condición humana.

Unos 250 mil alemanes fueron esterilizados entre 1935 y 1939. Después, vino el exterminio. Los deformes, los retardados mentales y los locos estrenaron las cámaras de gas en los campos de concentración concebidos por la mente más vesánica y siniestra que registra la historia: Adolfo Hitler. Setenta mil enfermos psiquiátricos fueron asesinados entre 1940 y 1941. La llamada por el régimen nazi “Solución final”, fue aplicada contra los judíos, los rojos, los gitanos y los homosexuales... Todo en nombre de la higiene pública y la pureza racial.

En 1927, ante el desembarco de los marines que parecía inminente, el presidente Calles dio al general Lázaro Cárdenas, jefe de la zona militar de la Huasteca, esta orden terminante: “Al comenzar la invasión, prenda fuego a todos los pozos petroleros, e ilumine a Nueva Orleáns con el incendio de la Huasteca”: “¡Nerón, Atila!”, clamaron los periódicos de Randolph Hearst contra el “bochevique” Calles. John Pierpont Morgan presentó otro plan opuesto al de la invasión de EU: ¿Para qué derramar sangre si se puede someter a México mediante préstamos e intereses y la anulación total de su moneda? Cabe mencionar la visión de este hombre que desde aquellos años pudo prever nuestro dominio total con el enorme endeudamiento que nos tiene sometidos a los EU.

Lo vivido pasa al archivo de la memoria para sufrir allí el proceso de selección y de olvido que sumerge para siempre la mayor parte de lo que fuimos, y sólo deja vivas unas cuantas imágenes perdurables que también, con el transcurso del tiempo, se van desvaneciendo hasta que nada queda del paso trivial de un alma por los escenarios de la creación. ¡Pobre conciencia nuestra que con sólo ir viviendo se va desintegrando! ¿Cómo podría rescatar el pasado si su propia sustancia se va perdiendo en lo desconocido? Las nuevas percepciones que la realidad vierte en nuestra conciencia van reclamando su propio espacio, y marginan lo que ya no es vida, sino recuerdo.

FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.

Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com
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