La emisión de tarjetas de crédito se disparó de más de 7.5 millones de unidades en 2005 a casi 27 millones contabilizadas en junio pasado. Para el usuario mexicano, el costo anual de manejar esta herramienta de crédito, entre intereses y comisiones de todo tipo, llega a un promedio de 70.8% del préstamo utilizado.
Las tasas de interés bancarias mexicanas son las más altas del Continente, el índice de morosos pasó de ser 3.1% en 2005 a 11%, según cifras de octubre pasado, y llegan a cobrar por los créditos otorgados mediante dinero plástico, seis veces más de lo que pagan los ahorradores y depositantes del sistema financiero. Las organizaciones de consumidores alertan acerca del uso de tarjetas de crédito, el llamado “dinero plástico”, mientras las propuestas legislativas se limitan a regular la entrega de tarjetas pre aprobado, sin consentimiento del cliente. El aumento de la inflación, la baja productividad y la caída del empleo son señales de alarma para que banqueros y tarjetahabientes se preocupen de lo que antes alegremente ofrecieron y aceptaron: las deudas.
Los bancos han actuado con impunidad, sacando todo el dinero posible a los usuarios, entregando tarjetas no solicitadas y cobrando altísimas comisiones e intereses. El Senado y la Cámara de Diputados discuten cómo enfrentar el tema sin perjudicar a los bancos, algunas propuestas son definir topes en los intereses, medida rechazada por los banqueros, quienes consideran que eso sólo limitará la entrega de crédito. Las propuestas favoritas van en el sentido de solicitar al Banco de México que fije límites a las comisiones que pagan los “tarjetahabientes”, que ya suman los tres millones de personas con dificultades en sus deudas.
El Estado mexicano debe intervenir ante esta alarmante situación que hará peligrar al sistema financiero mexicano controlado por grupos de Canadá, España, Estados Unidos, Gran Bretaña y Portugal, quienes consideran que la competencia entre ofertantes de crédito llevaría a que bajaran las tasas, medida que hemos visto, es la que mantiene los intereses altos y ha aumentado la morosidad.
Los usuarios deben ejercer cuidadosamente su crédito en el llamado “dinero plástico”, no utilizarlo como complemento de su sueldo, no hacer compras de “urgencia” con tarjetas, no adquirir con ellas lo que de otro modo no se puede comprar y abandonar la pasividad para exigir a los bancos que informen en detalle en los estados de cuenta qué y cómo cobran y cuánto tardará el cliente en cubrir su crédito completo a través de abonos mínimos.
Para evitar los gastos de más, no hay mejor solución que dejar la tarjeta de crédito en casa cuando se sale de compras.
MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
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