ENTRE VERAS Y BROMAS
Echar a vuelo las campanas de la catedral de Morelia, porque dos semanas después de los atentados criminales de la noche de “El Grito”, el epílogo del desfile militar de ayer, conmemorativo del natalicio de Don José María Morelos y Pavón, fue un “Sin novedad” con tono triunfalista, sería un tanto exagerado. Si la posibilidad --es decir, el peligro-- de que hubiera “novedades”, en la peor acepción de ese vocablo, se redujo a cero a fuerza de desplegar un impresionante aparato de seguridad, acrecentado al máximo porque en la celebración estuvo presente el Presidente Felipe Calderón, el repique de referencia se antojaría excesivo. Absolutamente excesivo.
-II-
El “ensayo general con todo” --como se dice en la jerga teatral--, comenzó desde la víspera. Algunas notas periodísticas consignaron que los Príncipes de Asturias, Felipe y Letizia pasearon “como si nada” por las calles de Morelia... Si la frase entrecomillada pretendió ser irónica, vale. Si no, sería un tanto inexacta --por no decir, de plano, que mentirosa--, considerando, según refiere la misma nota, que “el centro de la ciudad --pletórico de comercios, y normalmente muy concurrido por lugareños y turistas... y en el que sus altezas reales tuvieron como chaperón de lujo al mismísimo primer mandatario de la nación-- fue totalmente sitiado por las fuerzas de seguridad”. Un apunte de la nota es elocuente: cuando Don Felipe y Doña Letizia visitaron el jardín de Las Rosas, “los restaurantes --algunos de ellos al aire libre: oasis obligado para quienes visitan la antigua Valladolid-- no tenían más clientes que los reporteros que esperaban a la pareja real”.
Ayer, en el desfile, lo mismo: el recorrido, del Acueducto al Seguro Social --una distancia equivalente, trasladada a Guadalajara, del Santuario a San Francisco-- fue presenciado por la poca gente que, traumada aún por los “granadazos” del 15 en la noche, se aventuró a pasar por las estrictas aduanas colocadas en lugares estratégicos.
-III-
Hubiera sido terrible un “reprís” del episodio de “El Grito”... Aunque se pagó al precio de que el pueblo --dolido y temeroso-- se quedara sin su fiesta acostumbrada, el reporte de “Sin novedad” --diría Napoleón-- bien vale una misa.
Echar a vuelo las campanas de la catedral de Morelia, porque dos semanas después de los atentados criminales de la noche de “El Grito”, el epílogo del desfile militar de ayer, conmemorativo del natalicio de Don José María Morelos y Pavón, fue un “Sin novedad” con tono triunfalista, sería un tanto exagerado. Si la posibilidad --es decir, el peligro-- de que hubiera “novedades”, en la peor acepción de ese vocablo, se redujo a cero a fuerza de desplegar un impresionante aparato de seguridad, acrecentado al máximo porque en la celebración estuvo presente el Presidente Felipe Calderón, el repique de referencia se antojaría excesivo. Absolutamente excesivo.
-II-
El “ensayo general con todo” --como se dice en la jerga teatral--, comenzó desde la víspera. Algunas notas periodísticas consignaron que los Príncipes de Asturias, Felipe y Letizia pasearon “como si nada” por las calles de Morelia... Si la frase entrecomillada pretendió ser irónica, vale. Si no, sería un tanto inexacta --por no decir, de plano, que mentirosa--, considerando, según refiere la misma nota, que “el centro de la ciudad --pletórico de comercios, y normalmente muy concurrido por lugareños y turistas... y en el que sus altezas reales tuvieron como chaperón de lujo al mismísimo primer mandatario de la nación-- fue totalmente sitiado por las fuerzas de seguridad”. Un apunte de la nota es elocuente: cuando Don Felipe y Doña Letizia visitaron el jardín de Las Rosas, “los restaurantes --algunos de ellos al aire libre: oasis obligado para quienes visitan la antigua Valladolid-- no tenían más clientes que los reporteros que esperaban a la pareja real”.
Ayer, en el desfile, lo mismo: el recorrido, del Acueducto al Seguro Social --una distancia equivalente, trasladada a Guadalajara, del Santuario a San Francisco-- fue presenciado por la poca gente que, traumada aún por los “granadazos” del 15 en la noche, se aventuró a pasar por las estrictas aduanas colocadas en lugares estratégicos.
-III-
Hubiera sido terrible un “reprís” del episodio de “El Grito”... Aunque se pagó al precio de que el pueblo --dolido y temeroso-- se quedara sin su fiesta acostumbrada, el reporte de “Sin novedad” --diría Napoleón-- bien vale una misa.