— Noé, te está esperando un vehículo abajo para llevarte a declarar —le dijo, seco, su jefe.
Había sido un hombre de su confianza. Lo puso en el cargo clave para romper con el grupo político-policíaco de José Luis Santiago Vasconcelos, que se sentía dueño de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, la SIEDO. Pero Noé Ramírez Mandujano traicionó a Eduardo Medina Mora.
Cuando le llegaron al procurador los primeros indicios de que su zar antidrogas recibía millonadas de los cárteles del narcotráfico, lo mandó de representante de la Procuraduría General de la República (PGR) a la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, con base en Bruselas, Bélgica.
Armó el expediente y para traerlo a México sin levantar más sospechas de las que ya se tenían por su sorpresivo exilio, la PGR organizó una reunión de sus enviados a misiones de corte diplomático. Los juntó a todos en el Distrito Federal, pero en realidad, sólo quería tener a uno.
Sin chistar, como sabiendo que ese momento llegaría, Noé abordó el vehículo que le ofreció el procurador y lo siguiente fue saber públicamente de la acusación.
Dicen sus cercanos que ése ha sido el momento más duro de la gestión de Eduardo Medina Mora. Cuando uno de los suyos se cambió de bando. “No podemos subestimar el poder corruptor del crimen organizado”, suele repetir al recordar la amarga anécdota.
Medina Mora y Genaro García Luna, el secretario de Seguridad Pública Federal, chocaron siempre en sus visiones sobre cómo enfrentar la guerra contra los delincuentes. Los pleitos abiertos se ventilaron en público, así como el respaldo de Felipe Calderón al segundo: él sí era su hombre de confianza. Alguien cercano a Los Pinos alguna vez tomó prestado el término a George Lucas en la Guerra de las Galaxias y definió: “Genaro es el Jedi del Presidente”. Bajo estas sombras tuvo que operar tres años el titular de la PGR.
Eduardo Medina Mora está por dejar la Procuraduría General de la República. El destino, que deberá aprobar el Congreso, será la embajada en Gran Bretaña. El que nombre el Presidente debe acumular vistos buenos en el Ejército, Gobernación, Seguridad Pública… y claro, la Casa Blanca y el Senado mexicano.
Saciamorbos
Indignado por el resultado de la votación, con su habitual estilo bronco, exigió al dirigente nacional de su partido que le mostrara las boletas de una elección cuyos resultados suelen guardarse en secreto para no herir susceptibilidades. Demandó un recuento voto por voto, “chepina por chepina…” y así le fue: 122-20.
CARLOS LORET DE MOLA A. / Periodista.
Había sido un hombre de su confianza. Lo puso en el cargo clave para romper con el grupo político-policíaco de José Luis Santiago Vasconcelos, que se sentía dueño de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, la SIEDO. Pero Noé Ramírez Mandujano traicionó a Eduardo Medina Mora.
Cuando le llegaron al procurador los primeros indicios de que su zar antidrogas recibía millonadas de los cárteles del narcotráfico, lo mandó de representante de la Procuraduría General de la República (PGR) a la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, con base en Bruselas, Bélgica.
Armó el expediente y para traerlo a México sin levantar más sospechas de las que ya se tenían por su sorpresivo exilio, la PGR organizó una reunión de sus enviados a misiones de corte diplomático. Los juntó a todos en el Distrito Federal, pero en realidad, sólo quería tener a uno.
Sin chistar, como sabiendo que ese momento llegaría, Noé abordó el vehículo que le ofreció el procurador y lo siguiente fue saber públicamente de la acusación.
Dicen sus cercanos que ése ha sido el momento más duro de la gestión de Eduardo Medina Mora. Cuando uno de los suyos se cambió de bando. “No podemos subestimar el poder corruptor del crimen organizado”, suele repetir al recordar la amarga anécdota.
Medina Mora y Genaro García Luna, el secretario de Seguridad Pública Federal, chocaron siempre en sus visiones sobre cómo enfrentar la guerra contra los delincuentes. Los pleitos abiertos se ventilaron en público, así como el respaldo de Felipe Calderón al segundo: él sí era su hombre de confianza. Alguien cercano a Los Pinos alguna vez tomó prestado el término a George Lucas en la Guerra de las Galaxias y definió: “Genaro es el Jedi del Presidente”. Bajo estas sombras tuvo que operar tres años el titular de la PGR.
Eduardo Medina Mora está por dejar la Procuraduría General de la República. El destino, que deberá aprobar el Congreso, será la embajada en Gran Bretaña. El que nombre el Presidente debe acumular vistos buenos en el Ejército, Gobernación, Seguridad Pública… y claro, la Casa Blanca y el Senado mexicano.
Saciamorbos
Indignado por el resultado de la votación, con su habitual estilo bronco, exigió al dirigente nacional de su partido que le mostrara las boletas de una elección cuyos resultados suelen guardarse en secreto para no herir susceptibilidades. Demandó un recuento voto por voto, “chepina por chepina…” y así le fue: 122-20.
CARLOS LORET DE MOLA A. / Periodista.