Se les va de la mano


La peor expresión de los problemas económicos, políticos y sociales, es la delincuencia sumada a la impunidad en un entorno de corrupción, o sea lo que este país vive desde hace tiempo, pero que se ha recrudecido en este último año. Y la agonía de la familia de Alejandro Martí es evidencia: no recurrió a la Policía porque la corrupción y la impunidad han hecho que la ciudadanía pierda la confianza en los cuerpos policiacos, lo que deja a la población en el peor de los mundos. Y a esto se agregan autoridades coludidas y las que miran hacia otro lado en ese dejar hacer que ya ha lastimado penetrantemente el cuerpo social de los mexicanos.

Campañas van y vienen, millones de pesos del erario dados a la publicidad política que tratan, vanamente, de disfrazar la realidad: la población mexicana vive una situación de desesperanza económica provocada, donde el libre mercado vende todo sin preguntar de dónde viene el dinero que paga una compra para existir. Y una clase política enfocada a la búsqueda del poder por el poder que ha dejado su responsabilidad que para con su comunidad tiene.

Este problema tiene muchas raíces, unas le corresponden a la ciudadanía en un hacer mucho menos pasivo donde le exijan a las autoridades —elegidas por ellos— no sólo que pongan remedio a la situación actual, sino que le ofrezcan la seguridad a la que están obligados. Este reclamo vigoroso tendrá en una marcha en todas las entidades del país, su expresión presencial, pero no debe quedar solamente en eso. El reclamo debe ir a todas las instancias, a todos los niveles de Gobierno, a través de todos los canales legales que para ello ofrece la Constitución, y hacerlo con la consistencia necesaria.

Otra raíz del problema es la falta de crecimiento económico y, por lo tanto, de generación de empleos que provoca, de acuerdo con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), desesperación en amplios grupos poblacionales, llevándolos a hechos ilícitos, ante la imposibilidad de la obtención de empleo, por lo tanto, de ingresos honestos.

Pero cuando se habla de la falta de crecimiento, el impersonal quita el peso de la responsabilidad. La falta de crecimiento es responsabilidad de gobiernos, los últimos, que no han hecho su trabajo. Nombres expresos de funcionarios que en la irresponsabilidad no han procurado a la población mexicana los niveles de bienestar requeridos, tampoco han querido entrarle al problema generado por su incompetencia.

Por ello, el que las autoridades señalen la falta de denuncias como una de las razones para el aumento de la delincuencia es, otra vez, maquillar el problema y no querer mirar la profundidad del mismo. Es en la eliminación de la impunidad y de la corrupción, y en un hacer responsable de todos los niveles de Gobierno, donde se podrá encontrar una solución. Porque con los actuales niveles de delincuencia, la única alternativa es el reconocimiento del problema y enfrentarlo de manera conjunta, sin tratar inútilmente de lavarse las manos. Otra salida sería, entonces sí, el reconocimiento de que la gobernabilidad de este país se les fue ya de la mano.

LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx
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