Independientemente de carismas, montones de dinero –utilizados para hacer campañas políticas- y partidos políticos, la función pública requiere de la profesionalización adecuada para funcionar correctamente, pues la improvisación, por muy acompañada que esté de bendiciones y buena fe, sirven de muy poco.
La prueba de ello la venimos viviendo y padeciendo todos los mexicanos, luego de que se suscitara el ansiado cambio de partido en el poder, en donde hasta ahora nos está resultando más caro “el caldo que los frijoles”.
Dos presidentes de la república me han escuchado decirles de viva voz, que “designar o aceptar una responsabilidad para la cual se sabe de antemano que no se cuenta con experiencia, es corrupción”.
A los dos “les ha valido”; aunque en su momento asintieron con la cabeza, en la práctica hicieron lo que convenía a sus intereses –y que conste que uno era del PRI, y el otro es del PAN-. Ninguno de los dos tuvo la suficiente virilidad para tratar de hacer lo que más le convenía a la nación. Sus compromisos políticos y económicos siempre estuvieron por encima de los de la ciudadanía, y luego preguntamos que porqué estamos como estamos.
Lo que es peor, con todo y las promocionadas “manos limpias”, las exigencias de renuncia a mandos de todos los niveles continúan exigiéndose día a día en dependencias de los tres niveles, y en sus lugares están ingresando personas sin ninguna experiencia, pero eso sí, afines al partido en el poder y fieles creyentes de determinada religión, como si eso les diera la calidad necesaria para administrar adecuadamente los recursos públicos.
¿Error o destino?
Ante situaciones como ésta, nos preguntamos si los actuales gobernantes no encuentran gente capacitada para las distintas responsabilidades, o si simplemente están empecinados en colocar a sus amigos, familiares o compromisos políticos, lo cual no tendría mayor relevancia, si no fuera por el hecho de que éstos no saben ni la O por lo redondo de las responsabilidades en donde literalmente los ponen, por lo que los resultados son a todas luces reprochables.
Luego entonces persiste la duda de si fue un error desaparecer la carrera de Administración Pública en la Universidad de Guadalajara, bajo el argumento de que ya existían suficientes administradores especializados en la materia, pero el caso es que hoy en día hacen falta verdaderos administradores, con conocimientos, calidad moral y experiencia, para “poder sacar de la barranca” a quienes contratamos erróneamente para que nos gobernaran y han resultado más costosos y mucho menos efectivos.
El Servicio Profesional de Carrera ha dejado de ser un objetivo en nuestro país –luego de décadas de lucha por su instalación- lástima que su aplicación sólo sirve para justificar las imposiciones, pues son muy pocos los que logran alcanzar las posiciones concursadas en base a su experiencia y conocimientos, ya que aún persiste el “dedazo”.
CUAUHTÉMOC CISNEROS MADRID/ Presidente de Comunicación Cultural, A.C., Asociación de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión.
Correo electrónico: ccmadrid@att.net.mx
La prueba de ello la venimos viviendo y padeciendo todos los mexicanos, luego de que se suscitara el ansiado cambio de partido en el poder, en donde hasta ahora nos está resultando más caro “el caldo que los frijoles”.
Dos presidentes de la república me han escuchado decirles de viva voz, que “designar o aceptar una responsabilidad para la cual se sabe de antemano que no se cuenta con experiencia, es corrupción”.
A los dos “les ha valido”; aunque en su momento asintieron con la cabeza, en la práctica hicieron lo que convenía a sus intereses –y que conste que uno era del PRI, y el otro es del PAN-. Ninguno de los dos tuvo la suficiente virilidad para tratar de hacer lo que más le convenía a la nación. Sus compromisos políticos y económicos siempre estuvieron por encima de los de la ciudadanía, y luego preguntamos que porqué estamos como estamos.
Lo que es peor, con todo y las promocionadas “manos limpias”, las exigencias de renuncia a mandos de todos los niveles continúan exigiéndose día a día en dependencias de los tres niveles, y en sus lugares están ingresando personas sin ninguna experiencia, pero eso sí, afines al partido en el poder y fieles creyentes de determinada religión, como si eso les diera la calidad necesaria para administrar adecuadamente los recursos públicos.
¿Error o destino?
Ante situaciones como ésta, nos preguntamos si los actuales gobernantes no encuentran gente capacitada para las distintas responsabilidades, o si simplemente están empecinados en colocar a sus amigos, familiares o compromisos políticos, lo cual no tendría mayor relevancia, si no fuera por el hecho de que éstos no saben ni la O por lo redondo de las responsabilidades en donde literalmente los ponen, por lo que los resultados son a todas luces reprochables.
Luego entonces persiste la duda de si fue un error desaparecer la carrera de Administración Pública en la Universidad de Guadalajara, bajo el argumento de que ya existían suficientes administradores especializados en la materia, pero el caso es que hoy en día hacen falta verdaderos administradores, con conocimientos, calidad moral y experiencia, para “poder sacar de la barranca” a quienes contratamos erróneamente para que nos gobernaran y han resultado más costosos y mucho menos efectivos.
El Servicio Profesional de Carrera ha dejado de ser un objetivo en nuestro país –luego de décadas de lucha por su instalación- lástima que su aplicación sólo sirve para justificar las imposiciones, pues son muy pocos los que logran alcanzar las posiciones concursadas en base a su experiencia y conocimientos, ya que aún persiste el “dedazo”.
CUAUHTÉMOC CISNEROS MADRID/ Presidente de Comunicación Cultural, A.C., Asociación de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión.
Correo electrónico: ccmadrid@att.net.mx