Psicología del cambio

Parece que la población se ha decidido a tomar más en serio la capacidad de influir en las elecciones. La presencia en las urnas y la determinación para sacar del poder al Partido Acción Nacional (PAN), es un hecho bien definido.
Da la impresión que la gente no está de acuerdo en cómo se han realizado las cosas desde la perspectiva azul. Para empezar, resulta interesante que en las elecciones para gobernadores y el Congreso federal, los votantes se fueron por la oposición al régimen actual.

Tengo la impresión de que el mensaje presidencial a favor de su partido y su gestión no produjo los efectos deseados. La lucha contra el narcotráfico, y así evitar que la droga llegue a nuestros hijos, no ha dado buen resultado. La gente acaba por rechazar cualquier presunción de violencia, sea contra de quien sea. Las formas, son fondo. Y los métodos agresivos no generan confianza y sí atemorizan más a la población, pues parece que el Estado ha recurrido a los mismos métodos que usa el crimen organizado. Y esto no parece convencer a nadie.

Además, mantener una campaña permanente de informar y comunicar a la población de los logros en contra de los delincuentes, tampoco resulta del todo aceptada por el público. La prueba es que se vio reflejada en las urnas. No queremos violencia de Estado.

De igual manera aconteció en Guadalajara, la persistente actitud oposicionista de Jorge Salinas en contra del gobernador ha dividido la unidad del PAN y la gente lo ha detectado. La lucha intestina del partido le acabó por afectar, amén de la multitud de errores que se han cometido desde las administraciones panistas.

La violencia, la agresividad, los agravios, la desunión, la lucha neurótica por el poder, el afán de protagonismo, la incapacidad para aprender rápido a gobernar, los múltiples errores de todo tipo, han puesto al descubierto que su oportunidad se ha agotado. La gente ya no quiere aprendices de gobernantes ni malabaristas de la mercadotecnica política. El pueblo quiere buenos administradores, cuidadosos de las leyes, justos y atentos con las necesidades de la gente. Y ahora sí, si no cumples te vas.

Finalmente, parece que los votantes descubren que sí tienen más poder en sus manos con el voto de lo que nos imaginábamos, y sobre todo más allá de la propaganda y todos sus trucos publicitarios. Ya no es fácil que nos engañen con frasecitas y mantas. Mucho menos con regalitos, calcomanías y panfletos.

El poder se gana ejerciéndolo bien, cuando se tiene. De lo contrario, se pierde, lo que obliga ahora a las nuevas generaciones de priistas a cumplir con su tarea, a responderle con hechos a la población. A trabajar sin ensuciarse las manos, ni creer que tienen un botín para compartirse con los parientes y amigos. Se tienen que convencer de que nos deben de gobernar las mejores personas.

Si queda una lección para los panistas, es no dividirse ni creer que ya estando en el poder, iba a ser difícil perderlo. No se pueden traicionar los principios que dan origen a un partido.
El pueblo ha decidido el cambio de nuevo.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.
Correo electrónico: dellamary@yahoo.com
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