Premiar el esfuerzo


Es muy desconsolador ahora comenzar a evaluar a los atletas por sus resultados visibles, sólo a la luz de las medallas obtenidas.

Resulta estéril dejar correr el prurito de regañar, culpar y acusar a quienes debieron hacer más por el deporte olímpico nacional, dado el escueto resultado en medallas de nuestros representantes.

Vaya, hicieron su mejor esfuerzo, eso es lo que más vale en una justa así.

Si costó mucho dinero a las arcas nacionales, no por ello se debe exigir que a más inversión mejores resultados.

No todo es cuestión de dinero.

Más bien se trata de hacer las cosas lo mejor posible.

La irritabilidad de muchos analistas y observadores del deporte no justifica el que se sientan con el derecho a criticar el esfuerzo meritorio que realizaron nuestros atletas.

Ciertamente no somos de los mejores del mundo, excepto en las que hemos demostrado lo contrario. Pero el verdadero empeño de la filosofía olímpica no es fijarse sólo en el resultado, sino que hay que observar la actitud, en la fuerza de las virtudes del alma. Eso es lo que más importa.

Desde luego que falta mucho camino por recorrer, y estamos seguros de que podemos mejorar.

Sin embargo, muchos de los atletas mexicanos lograron mejorar sus marcas, alcanzar sus retos y rasguñar posiciones que nunca antes habían alcanzado. Eso merece un aplauso y no una crítica.

Hay quienes aseguran que los federativos y los miembros del Comité Olímpico Mexicano se quedan con mucho del dinero que se les otorga para el apoyo a los deportistas. Incluso se les acusa de ineptos y advenedizos.

Eso puede o no ser cierto, pero enfocarnos en este aspecto es devaluar la hazaña de los que sí han alcanzado una gloria para el deporte mexicano.

Es momento de alegría, de reconocimiento para los logros alcanzados. No para criticar y exigir cuentas por lo que no se pudo hacer.

Dicen que son conformistas los que se sienten satisfechos con este resultado.

Déjenme formar parte de esos que se sienten bien con los triunfos de unos cuantos.

Prefiero fijarme en los logros que en los fracasos.

Prefiero subirme al grito de júbilo con los ganadores, que andar de criticón y amargado con los que se desmoronan por lo que no se pudo alcanzar.

Por eso hay quien se amarga la vida con lo que no pudo hacer y se lamenta por lo que no tiene.

Me siento más identificado con los que gozan con los pasos adelante, con los que se inclinan por ver el mundo optimista.


Me quedo con el esfuerzo.

Aplaudiré siempre al que lucha, al que se esmera, al que se entrega a plenitud.

Y eso hicieron nuestras atletas, unos alcanzaron medallas, otros no.

Creo que todos son triunfadores.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.
Sigue navegando