El día de ayer, el Presidente Felipe Calderón pronunció uno de sus más duros discursos ante los fatales atentados explosivos en Morelia que tuvieron lugar en pleno festejo del Grito de Independencia.
Tras calificarlo como un acto execrable y llamar asesinos sin escrúpulos, traidores a la Patria y cobardes a quienes lo hayan perpetrado, convocó a los mexicanos a la unidad y a no permitir que el crimen organizado infunda miedo a la sociedad.
El Presidente tiene razón al pedir al pueblo de México que ante la situación que impera y que calificó como la hora crítica del país, es importante dejar ya de lado aquellas acciones que sólo siembran encono, rencores y división de la sociedad, para unirse y superar estos momentos que algunos aprovechan para mermar el ánimo colectivo.
Si bien es cierto que la amenaza oficial de actuar con todo el poder del Estado le dice muy poco al crimen organizado, que prefiere operar amparado por la efectividad que le da 97% de impunidad que intimidarse ante lo que consideran mera retórica, la verdad de las cosas es que la sociedad unida por una misma causa debe tener más fuerza de la que está consciente de tener.
Si la sociedad como tal, representada por cada uno de sus miembros, optara por poner freno a la serie de actos de corrupción o complicidad que comete la autoridad, ello por sí mismo marcaría un alto en el camino del desgaste social en que estamos inmersos.
En el momento en que cada mexicano cuestione su actuar y ponga por encima de sus conveniencias momentáneas el deber cumplido, las cosas empezarían a cambiar, pero tristemente, el entorno de descomposición e impunidad en que ha desembocado el bajo nivel de cumplimiento que en conjunto damos a nuestras normas, leyes y reglamentos, hoy nos tiene decepcionados como nación.
El llamado de ayer del Presidente Calderón no sólo pide que estemos solidarizados los unos con los otros, sino que como sociedad actuemos unidos contra aquello que nos hace vivir varios México y no uno en el que quepamos todos con un fin común, el progreso nacional.