¿Por qué ir a la Isla de Pascua?

Ayer... y hoy

1.- Porque fue, es y seguirá siendo la isla del misterio ya que siendo la más lejana del mundo, casi perdida en el Pacífico Sur y que por cualquier punto donde quiera llegar, está casi a cinco mil kilómetros de distancia, pocos la visitan de ahí que todavía sean muchos los atractivos que tiene por mostrar y los misterios para resolver.

2.- Porque siendo una porción de tierra tan pequeña (tiene tan sólo 118 kilómetros cuadrados de superficie), en ella se encuentran 600 estatuas de piedra llamadas “Moais”, talladas en una sola pieza y de apariencia humana, tan altas como torres y un peso de 100 toneladas por lo cual desde que se llega, lo único que se debe hacer es vivirla, pues las sorpresas que ofrece, justifican el largo viaje realizado.

3.- Recorrer la isla es conocer un mundo alucinante ya que tiene a sus espaldas una larga historia y el hechizo del pasado, por eso se dice, y yo lo ratifico, que esta isla es única en el mundo.

4.- La exhuberancia de la Polinesia en esta isla brilla por su ausencia a pesar de que forma parte de ella, pero es tan cautivante que los visitantes que la han recorrido le han puesto distintos nombres: para unos es “Rapanui”, los lugareños la llaman Te-pi-to-o-te-henua (el ombligo del mundo), también se le conoce como “La frontera del cielo”, otros la identifican la isla que está situada “Al Oriente del Sol y Occidente de la Luna”, o bien “El lugar donde los hombres miran al cielo”, a pesar de tener enfrente el mar; pero sea cual sea el nombre lo cierto es que el impacto visual de la isla es inolvidable y por su interesante historia, el que la recorre realiza el viaje de sus sueños.

5.- Al hablar o escribir sobre la isla me invaden los recuerdos imborrables ya que el ambiente vivido fue fantástico, dando pie a las leyendas más fascinantes como la que señala que por las características de los Moais que tienen orejas largas y nariz enorme, que los brazos forman parte del cuerpo, con dedos largos y muy finos y grandes uñas, que ninguna tiene ojos y sólo muestran las cuencuas, se piensa que definitivamente los modelos que sirvieron para su construcción no pertenecieron a esta Humanidad y que en tiempos remotos existió otra Humanidad diferente a la nuestra.

6.- Porque cuando se llega a la isla, en las primera noches es difícil conciliar el sueño por la dudas que brotan y las interrogantes que van surgiendo: ¿Quiénes fueron los seres que hicieron los Moais?, esas ciclópeas esculturas ¿cómo las trasladaron y pararon en los diferentes puntos de la isla, siendo tan pocos los habitantes? (Cuando el autor de esta columna la visitó no llegaban a dos mil), ¿a qué se debe el gran número de esos megalitos que se hicieron?

A pesar de tantas interrogantes, a los habitantes parece no interesarles ya que el éxodo de los isleños les ha puesto alas a sus pies por eso abandonan la isla, pero para el que esto escribe, ésta seguirá siendo: increíble, inimaginable e inimitable.

ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.
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