La tentación de contratar más deuda pública para cubrir faltantes en el gasto público es un riesgo de enormes dimensiones para nuestra economía. La baja en la recaudación y en los ingresos debe producir una drástica caída en el gasto, y sobre todo en el gasto corriente, lo que significa recortes de personal de confianza, reducción de sueldos y prestaciones, fusión de dependencias, eliminación de delegaciones e incluso desaparición de algunas instituciones que ahora resultan ociosas.
En el caso de la Federación, el hueco es de 400 mil millones de pesos, 4 % del Producto Interno Bruto (PIB), lo que exige un esfuerzo de enormes proporciones, aún mayor a los que vimos en los tiempos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo.
El impacto en Jalisco se calcula en por lo menos cinco mil millones por año, y en el caso de Guadalajara puede llegar a los mil millones de pesos. Las autoridades locales ya están trabajando en estos recortes y seguramente tendremos noticias muy pronto respecto a las acciones que se tomarán.
Para aumentar los ingresos, lo sano es la transformación de una vez por todas del sistema tributario, para implementar un impuesto general que permita que más personas paguemos impuestos de forma más equitativa.
Oponerse por sistema al incremento en la recaudación, en estas circunstancias, resulta una posición populista que debe ser reconsiderada para asumir una actitud responsable: es indispensable el cambio de modelo tributario, como es indispensable el cambio en el modelo del gasto para hacerlo más eficiente. Una cosa debe llevar a la otra, porque aumentar los ingresos públicos para seguir engrosando la burocracia al estilo del sexenio anterior, es francamente una irresponsabilidad.
La dificultad de las finanzas públicas nos impactará a todos, pero resulta que la empresa privada tiene condiciones para recuperarse mucho antes que las instituciones del Gobierno, por lo que las medidas que tome el Congreso de la Unión deben considerar estímulos a la actividad privada de forma decidida.
La circunstancia es también propicia para que los acuerdos políticos incluyan reformas que han quedado pendientes en los últimos años y que pueden tener impacto positivo en la percepción internacional, que puedan atraer más inversiones. Las adecuaciones en materia laboral, la reforma en el poder judicial y el amparo, las adecuaciones en materia energética, como algunas medidas que estimulen el crédito y el consumo, seguramente serán motivo de los debates en las próximas semanas.
En esta agitación también veremos, como lo decíamos hace días, cambios en el equipo del Presidente, y como lo mencionó Carlos Fuentes, sería deseable que Felipe Calderón tuviera colaboradores a los que no pueda levantarles la voz, no por disfonía, sino por el respeto que le merezcan. Él recordaba algunos casos y ahora nos vienen a la mente otros como Yáñez, Chávez, Torres Bodet, Vasconcelos, Kumate, Soberón, Ortiz Mena y otros muchos que estaban por encima de la animosidad que un gobernante debe permitirse. Esperemos que el relevo del procurador del República, del secretario de Relaciones Exteriores, del secretario de Turismo y del gobernador del Banco de México sean estos casos.
LUIS SALOMÓN / Doctor en Derecho.
Correo electrónico: lsalomon@iberlinks.com.mx
En el caso de la Federación, el hueco es de 400 mil millones de pesos, 4 % del Producto Interno Bruto (PIB), lo que exige un esfuerzo de enormes proporciones, aún mayor a los que vimos en los tiempos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo.
El impacto en Jalisco se calcula en por lo menos cinco mil millones por año, y en el caso de Guadalajara puede llegar a los mil millones de pesos. Las autoridades locales ya están trabajando en estos recortes y seguramente tendremos noticias muy pronto respecto a las acciones que se tomarán.
Para aumentar los ingresos, lo sano es la transformación de una vez por todas del sistema tributario, para implementar un impuesto general que permita que más personas paguemos impuestos de forma más equitativa.
Oponerse por sistema al incremento en la recaudación, en estas circunstancias, resulta una posición populista que debe ser reconsiderada para asumir una actitud responsable: es indispensable el cambio de modelo tributario, como es indispensable el cambio en el modelo del gasto para hacerlo más eficiente. Una cosa debe llevar a la otra, porque aumentar los ingresos públicos para seguir engrosando la burocracia al estilo del sexenio anterior, es francamente una irresponsabilidad.
La dificultad de las finanzas públicas nos impactará a todos, pero resulta que la empresa privada tiene condiciones para recuperarse mucho antes que las instituciones del Gobierno, por lo que las medidas que tome el Congreso de la Unión deben considerar estímulos a la actividad privada de forma decidida.
La circunstancia es también propicia para que los acuerdos políticos incluyan reformas que han quedado pendientes en los últimos años y que pueden tener impacto positivo en la percepción internacional, que puedan atraer más inversiones. Las adecuaciones en materia laboral, la reforma en el poder judicial y el amparo, las adecuaciones en materia energética, como algunas medidas que estimulen el crédito y el consumo, seguramente serán motivo de los debates en las próximas semanas.
En esta agitación también veremos, como lo decíamos hace días, cambios en el equipo del Presidente, y como lo mencionó Carlos Fuentes, sería deseable que Felipe Calderón tuviera colaboradores a los que no pueda levantarles la voz, no por disfonía, sino por el respeto que le merezcan. Él recordaba algunos casos y ahora nos vienen a la mente otros como Yáñez, Chávez, Torres Bodet, Vasconcelos, Kumate, Soberón, Ortiz Mena y otros muchos que estaban por encima de la animosidad que un gobernante debe permitirse. Esperemos que el relevo del procurador del República, del secretario de Relaciones Exteriores, del secretario de Turismo y del gobernador del Banco de México sean estos casos.
LUIS SALOMÓN / Doctor en Derecho.
Correo electrónico: lsalomon@iberlinks.com.mx