ENTRE VERAS Y BROMAS
¿Qué tienen en los ojos los políticos, que los incapacita para ver lo obvio, y qué tienen en la cabeza para no captar lo que capta, en cambio, el común de los mortales?...
—II—
A principios del reciente temporal de lluvias, cuando se fracturó el colector del túnel de las avenidas López Mateos y Las Rosas (polémico, primero, por la tempestad verbal que generó el sacrificio de un añoso, hermoso y gigantesco “hule”; después, por el esfuerzo colosal y la erogación nada despreciable que se hicieron para tratar de salvarlo..., y, al final de la historia, por tantos afanes, tanta saliva y tanto dinero “invertidos” en vano), se alzaron voces para “exigir” —el verbo que más se conjuga en las “manifestaciones” que so pretexto de cualquier cosa brotan hasta debajo de las piedras— que primero se deslindaran responsabilidades, y ya después se procediera a la reconstrucción... Como se subrayó en su momento, el túnel costó, a precios para el Gobierno, más de 200 millones de pesos. En la reparación se “ejercieron” más de 50 millones adicionales: una erogación nada despreciable, que hubiera sido innecesaria... si la obra hubiese estado bien hecha. Así y todo, esos 50 millones de pesos son una bicoca
, comparado con las miles de horas-hombre que quién sabe hasta cuándo se seguirían perdiendo, si la autoridad no hubiera decidido —punto a su favor...— que la reconstrucción tuviera prioridad sobre la investigación.
—III—
Lo más escandaloso del caso, sin embargo, es que el municipio declarara al despacho del arquitecto que fungía como secretario de Desarrollo Urbano cuando se construyeron el túnel de López Mateos y Las Rosas —entre otras obras que acusaron notorias deficiencias en cuanto se pusieron en servicio—, “ganador del concurso” abierto para proponer y desarrollar el “rescate integral” de la tradicional Avenida Chapultepec. Craso error, burdo desatino político —¿síntoma, acaso, de que el ex funcionario tiene muy buenos “padrinos”?...—, porque si bien es cierto que hasta ahora no está probada su culpabilidad, también es cierto que la sociedad no tiene, de momento, más allá del respeto que merece como persona, ninguna de las prendas estimables que tanto de su competencia profesional como de su inocencia se requieren.
¿Qué tienen en los ojos los políticos, que los incapacita para ver lo obvio, y qué tienen en la cabeza para no captar lo que capta, en cambio, el común de los mortales?...
—II—
A principios del reciente temporal de lluvias, cuando se fracturó el colector del túnel de las avenidas López Mateos y Las Rosas (polémico, primero, por la tempestad verbal que generó el sacrificio de un añoso, hermoso y gigantesco “hule”; después, por el esfuerzo colosal y la erogación nada despreciable que se hicieron para tratar de salvarlo..., y, al final de la historia, por tantos afanes, tanta saliva y tanto dinero “invertidos” en vano), se alzaron voces para “exigir” —el verbo que más se conjuga en las “manifestaciones” que so pretexto de cualquier cosa brotan hasta debajo de las piedras— que primero se deslindaran responsabilidades, y ya después se procediera a la reconstrucción... Como se subrayó en su momento, el túnel costó, a precios para el Gobierno, más de 200 millones de pesos. En la reparación se “ejercieron” más de 50 millones adicionales: una erogación nada despreciable, que hubiera sido innecesaria... si la obra hubiese estado bien hecha. Así y todo, esos 50 millones de pesos son una bicoca
, comparado con las miles de horas-hombre que quién sabe hasta cuándo se seguirían perdiendo, si la autoridad no hubiera decidido —punto a su favor...— que la reconstrucción tuviera prioridad sobre la investigación.
—III—
Lo más escandaloso del caso, sin embargo, es que el municipio declarara al despacho del arquitecto que fungía como secretario de Desarrollo Urbano cuando se construyeron el túnel de López Mateos y Las Rosas —entre otras obras que acusaron notorias deficiencias en cuanto se pusieron en servicio—, “ganador del concurso” abierto para proponer y desarrollar el “rescate integral” de la tradicional Avenida Chapultepec. Craso error, burdo desatino político —¿síntoma, acaso, de que el ex funcionario tiene muy buenos “padrinos”?...—, porque si bien es cierto que hasta ahora no está probada su culpabilidad, también es cierto que la sociedad no tiene, de momento, más allá del respeto que merece como persona, ninguna de las prendas estimables que tanto de su competencia profesional como de su inocencia se requieren.